Un crítico europeo arrancaba así su apreciación de Una historia de violencia (History of Violence, 2005): “El film de (David) Cronenberg, quizás su mejor obra hasta ahora, me ha recordado mucho a Camino a la perdición de Sam Mendes. Preside ambos films un idéntico clima de fatalismo violento que pesa penosamente sobre los protagonistas: la casi imposibilidad de escapar del propio pasado. Tom Stall, un hombre tranquilo de mediana edad, vive en Millbrook, un pueblecito de Indiana, con su mujer y dos hijos, uno, adolescente, la otra, una niña todavía pequeña. Es el dueño de esas típicas cafeterías americanas en…