Resident Evil 4 Remake, bendita genialidad

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Desde mis inicios en el mundo de los videojuegos y hasta hace poco, los títulos que tenía la oportunidad de experimentar podían clasificarse de dos formas distintas: aquellos a los que volvería en algún momento y aquellos a los que no.

El primer grupo lo integraban obras maestras y placeres culpables; mientras que al segundo lo “prestigiaban” producciones mediocres e insípidas, junto a otras que, de ser empleadas en un conflicto bélico, violarían la Convención de Ginebra.

Pero una obra, estrenada el pasado año, rompió esas categorías. Con motivo del lanzamiento de su Gold Edition, este 9 de febrero, hablaré de Resident Evil 4 Remake, el único juego donde necesité iniciar una nueva partida al instante de finalizar la primera.

Fue tal la fascinación en el recorrido inicial que en el segundo viaje intenté, también por primera ocasión en mi vida, completar los distintos desafíos con los cuales cuenta la aventura. Si en otros títulos, a obtener cada una de las armas o finalizar la historia en ocho horas no le hallaba sentido, aquí resultaron el pretexto ideal para continuar la partida.

Porque Resident Evil 4 Remake tiene una cosa y es que, una vez lo comienzas, no quieres –ni puedes– dejarlo. Te atrae con su apabullante presentación audiovisual y el refinamiento de su gameplay logra engancharte de forma irremediable.

Las palabras no logran hacerle justicia a esto último. Da igual el enemigo a enfrentar o la cantidad, controlar al protagonista Leon S. Kennedy en combate es una delicia, fruto de un sobresaliente núcleo jugable.

Apenas pueden encontrársele problemas a un videojuego tan cercano a la perfección. Dejando de lado el guion, el cual no constituye el punto fuerte –ni la razón de ser– de la franquicia Resident Evil, un señalamiento sería que va de más a menos.

Aunque debo matizarlo, entiéndase el más como inigualable (El pueblo) y el menos como muy bueno (La isla). Una balanza se inclinaría a favor de la peor parte de este título en detrimento de la mejor de otros competidores. Y ya que estamos, en una balanza la nueva versión supera al Resident Evil 4 original.

Capcom, desarrolladora de ambos juegos, consiguió aunar el espíritu del clásico, cuanto lo hizo grande, a las sensibilidades modernas. Los cambios realizados suman, mejoran lo precedente, en especial el poder moverte mientras disparas y el aumento en el coeficiente intelectual de Ashley (la hija del presidente de Estados Unidos; rescatarla de una secta diabólica representa la premisa argumental del juego). No obstante, en situaciones de estrés máximo, la chica aún se las ingenia para ganarse tu odio.

Si el trabajo realizado en la aventura principal no termina de convencer a los puristas, Separate Ways les obligará a quitarse el sombrero. Lo que en 2005 no pasaba de una breve campaña liderada por Ada Wong (personaje secundario de la historia base y de la saga en general), en 2023 se convirtió en un producto incluso superior a entregas numeradas.

Sin embargo, siendo justos, la versión clásica logra imponerse en trascendencia histórica. La cámara al hombro en tercera persona que introdujo el primer Resident Evil 4  le mostró al sector cómo debía lucir la acción, para definir el curso en tal apartado de las propuestas siguientes.

En cambio, al remake muchos solo lo consideran, lamentablemente, la traslación a dicho género de un paradigma contemporáneo, la re-imaginación de Resident Evil 2 (2019), al cual los survival horror posteriores le copian sin miramientos el gameplay.

Los tres son auténticas maravillas, quiero dejarlo claro. Cierto que uno tuvo más significación en el pasado y el otro posee más en el presente; pero si lo que buscas es un juego con el cual divertirte por los siglos de los siglos, la elección está clara: Resident Evil 4 Remake.

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