Lola Amores: una actriz salvaje del cine cubano
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Sorprende que una actriz con tanto vigor y capacidades para insuflar vida a cualquier personaje del ideario fílmico haya sido ignorada por tantos años en el cine nacional. ¿Cómo es posible que arribase a la gran pantalla franqueado los treinta y que nuestros realizadores no hubiesen reparado antes en sus atributos y rangos, especialmente el potencial para condensar las psicologías y erigir desde la sensorialidad y facultades expresivas del cuerpo los más honestos y emocionales desempeños?
Ella no urge de parlamentos para comunicar los sentires; controlar ese corpus ha sido su verdadero itinerario y le ha proporcionado la necesaria contención que exige el lenguaje del audiovisual, asir los instrumentos que permiten a la anatomía participar en la semiosis del relato. Tampoco se desvive por los protagonismos; solo aspira al goce de la faena, tiene interiorizado que aunque los roles sean efímeros como los suspiros, debe activar la sensibilidad de los públicos, al precio que fuere. Por demás, no posee una hermosura despampanante ni es un “bomba sexual”; su belleza emana de la emocionalidad que es capaz de incitar, de esa delgadez que impresiona cuando se transmuta en ferocidad y ya no logramos distinguir a la actriz del personaje, fundidos a través del sortilegio de la interpretación. Si algo cualifica a Lola Amores, justamente, es que evita los efectismos; es una actriz impredecible, con los fervores para hacer mucho con muy poco, mutando lo cotidiano en un espectáculo.
Los admiradores de esta actriz villaclareña tendrán la ocasión no solo de disfrutar de un ciclo de filmes y cortos en los que asoma briosa como es habitual, a exhibir durante el Festival de Audiovisuales Surimagen 2024 (entre el 16 y el 24 de noviembre de 2024), sino también como artista invitada a esta justa sureña, Para quienes aún no ha reparado en esta hacedora con gran experiencia teatral y en ascenso dentro del audiovisual cubano, aunque poco sistematizada por la televisión, podemos compartir que hoy mismo es la musa inspiradora de los cineastas independientes de la isla, la más premiada del ramo en Latinoamérica de los últimos cinco años y una de la más instadas por los realizadores de la industria criolla, aunque también ha bregado para directores de otras naciones.

De donde nace una niña tímida y se gesta una vocación
Lorelis Amores Rodríguez viene al mundo el 19 de julio de 1977 en Vueltas, Villa Clara. Sus padres, oriundos de La Rosa, un pueblito villaclareño deshabitado donde ni siquiera llegaba la electricidad y al que solo se arriba cruzando un río en balsas de cañabrava, tenían una vocación pedagógica y tuvieron la oportunidad de radicar en México, donde se instalaron en un barrio de Polanco, como profesores de la escuela de la Embajada cubana. Empero, la madre queda embarazada y decide regresar para que la niña nazca en la isla.
Nuevamente en la tierra de Juárez, Lorelis tiene la oportunidad de experimentar una efímera aventura cobijada en un edificio cercano a la Embajada; al menos hasta el momento en que aquellos se separan hacia 1980 y optan por la vuelta definitiva.
“Cambiaron una ciudad de 20 millones de habitantes por un pueblo medio deshabitado” –rememora la actriz. Entonces los vecinos, que se habituaron a verla avanzar en un mismo potrillo con su abuelo, madre y tía, le llamaban “la mejicana”.

No tiene conciencia de dónde nace su vocación escénica, de hecho recuerda que era una niña tímida, que prefería retozar sola y evitaba las algarabías, aunque rememora los juegos con el abuelo, imitando a la vedette Rafaela Carrá y las interpretaciones de temas populares, como La vaca lechera o La Caldosa de Kike y Marina, que luego canta en la etapa pre-escolar. Esta vocación se vigoriza en lo venidero, montando en la Escuela Primaria algunos cuentos clásicos, como La Caperucita Roja, de Charles Perrault y los hermanos Grimm, “en la que con tremenda emoción tiraba al lobo contra un canapé”, La moneda y La visita llegará a las once, “donde hacia un personaje que recibía a un pionero ruso y hablaba un poco de ruso, creía yo. En la primaria hacíamos muchas obras” —refiere en 2024 a la periodista Dania del Pino Mas.
Durante el periplo por la secundaria ensancha sus experiencias, no sólo actuando en puestas teatrales donde los festivales de su región, sino también declamando, cantando en un trío y como narradora en los concursos que convoca la biblioteca escolar. En San Antonio de las Vueltas, un pueblo parrandero que influyó mucho en su devoción futura por hacer vestuarios para el teatro, lleno de carrozas fastuosas que se inspiraban en temas internacionales, como Romeo y Julieta o Cleopatra, empieza a bregar en los talleres donde se elaboran los vestuarios y a los 14 años figura como modelo en una de las carrozas. “Me disfracé de un personaje, pero era cómico, porque tenía que mantenerme estática, y de repente me cogía la corriente”, —cuanta al reportero Mario Luis Reyes en 2020. Por esa época, se une a varios amigos en la campaña a favor de erigir una Casa de la Cultura en el poblado, para lo cual idean coreografías y obras de teatro durante su tiempo libre.
Una vez que concluye la secundaria básica matricula en el Instituto Vocacional Ernesto Che Guevara, de Villa Clara, con el propósito de estudiar psicología o periodismo; empero, le informan de los exámenes que se hallaba realizando el Instituto Superior de Arte, se presenta y es escogida entre 360 aspirantes de la región central. En verdad, todavía no estaba segura que quería ser actriz y ni siquiera tenía noción de en qué consistía la carrera. Amores recuerda el momento de las pruebas en su primera etapa: “Me metieron en un sótano, tétrico, y me preguntaron por qué me llamaba Lorelis. Yo estaba gordita, guajirita, con una licra. Y les dije que era el nombre de una mexicana que había matado a su marido, por eso mi mamá me lo había puesto. Me parece que los asusté”. Más tarde es seleccionada en la segunda fase y, sin tener una explicación, termina llorando a cántaros. Finalmente, inicia sus estudios en la Universidad de las Artes en septiembre de 1995.

En la Universidad de las Artes
La mudanza a la capital fue un gran giro en su vida, pues se separaba de su familia, de la madre, hermana, de los abuelos y amigos, aunque su padre se trasladará más tarde a La Habana. “Era un cambio muy brusco, pero no dudaba de que era lo que debía hacer. Éramos tan pobres en ese momento, que yo recuerdo llegar a La Habana con todas mis cosas en un maletincito pequeño, toda mi vida la traía ahí” –comparte a la documentalista Alejandra Aguirre Ordoñez en julio de 2024. Por demás, era la etapa más álgida del Período Especial.
“No tenía ni ropa para ponerme, el transporte era pésimo. No había nada, pero tenía todos los sueños por delante, y entrenaba, y no sabía qué iba a ser del futuro” —acota en 2020, razón por la cual la carrera se redujo a cuatro años de formación. Según cuenta a Reyes llevaba los libros y lápices dentro de una java plástica, toda su ropa cabía en aquella, poseía solo un par de zapatos y unas chancletas tipo “pegueta” que utilizaba tanto para la escuela como para los festejos. Igual, recuerda los días de escasa alimentación, en los que solía comer harina de maíz con azúcar en la beca, acudiendo ocasionalmente al arroz y el maní.
No obstante, le resulta una vivencia hermosa, toda vez que le ensancha el modo de ver la realidad y sus aspiraciones, le permite ganar nuevos amigos, entrenar y concebir espectáculos junto a ellos, al margen de los que disponía la universidad de las artes, asistir a fiestas, leer y disfrutar de puestas escénicas. “Era una etapa muy bonita. Fue enriquecedor, a pesar de toda la pobreza que había, porque estamos hablando de un momento crítico, como muchos, pero bueno, ese momento fue crítico. En el ISA faltaban muchos maestros. Muchos eran actores de la televisión, que a veces no podían estar” –agrega. De hecho, durante el decurso de la carrera los profesores fueron cambiando y en el cuarto año ya no los había. Para entonces se deprime y son muchas las cartas que le envía a su madre, confesándole su desazón.
Afortunadamente, como su padre se había instalado en La Habana, pudo abandonar la beca, a la que no se ajustaba. Para esta fecha, este se había visto obligado a abandonar el puesto de director de escuelas y consumarse como vendedor en una feria de artesanías. Fueron momentos difíciles, pues el progenitor le mantenía controlada y requería mucho de su apoyo en el recinto ferial.
Durante el paso por el ISA, donde inicia sus nexos con Nelda Castillo, Eduardo Martínez y El Ciervo Encantando, que radicaba en un apretado local de la Facultad de Artes Plásticas del ISA, participa en obras al estilo de Un elefante ocupa mucho espacio (1997), adaptación del texto de la escritora argentina L. Dovetach concebida para niños, y Café-Teatro La siempreviva (1998), otra puesta ensayística de tipo corporal.

“Cuando estaba en el último año de la carrera, no teníamos maestro para graduarnos. Un grupo de muchachas entramos en un proyecto de un alumno de dirección que se llamaba Sergio Barreiro. Y Nelda Castillo estaba de maestra de Sergio, de dirección. Ahí nos acercamos a ella y trabajó un poco con nosotras. Fue un primer acercamiento al trabajo de El Ciervo. Fue por poco tiempo. Pero fue muy importante porque ahí empezamos a conectarnos” —declara a del Pino Más.
Finalmente se gradúa de la especialidad de actuación en 1999. Sin embargo, no le resulta atractiva la propuesta de servicio social. Funge como asesora teatral en el Teatro García Lorca, cuya labor se reduce a seleccionar la programación anual para una sala de teatro. Los planes estaban concebidos, así que solo tenía que presentarse diariamente, sin nada que hacer. Acosada por la monotonía, pasado un mes, pide la baja con el pretexto de incorporarse a una “bolsa de actores”. En el departamento de Recursos Humanos le exigen devolver la mitad del salario, acepta y no vacila en retirarse.
Este acontecimiento coincide con el fallecimiento del padre a causa de un cáncer, cinco meses después de la graduación. Durante el periodo de ingreso, a fines de 1999, había recibido la propuesta para sumarse al colectivo de El Ciervo Encantado, ahora ubicado en el Vedado, en la esquina de 5ta y D, pero se ve impelida a esperar. De facto, tras la muerte de aquel se mantiene en la feria para colaborar económicamente con sus abuelos y parte de la familia; aunque la abandona para sumarse al proyecto teatral, ante la insistencia de Nelda para que sustituyera con urgencia a Ana Domínguez, una de sus actrices, debido a la inminente gira por Canadá. De hecho, esta se convierte en su primera tournée internacional, compartiendo el espectáculo con El Circo del Sol. A continuación, consuma otro ciclo, esta vez por el norte de México, junto a Pablo Milanés y el Ballet Bolshoi.
En lo venidero logra canalizar el dolor a través del teatro, que le permite encontrarse a sí misma, vigorizar sus posturas estéticas y éticas, así como el sentido, el modo de confrontar la escena. Especialmente queda prendada con el método de trabajo del grupo. “Cada uno hacía propuestas para el espectáculo. Es decir, primero se pensaba en un tema, y a partir de ahí cada cual investigaba por su cuenta y presentaba una propuesta de ideas en acción (una especie de ejercicios cortos mediante los que se va definiendo el camino que va a tomar el personaje) a la directora y al resto del equipo” –relata a Reyes sobre este método de construcción colectiva.

Sin dudas, El Ciervo Encantado le permite cometer otras prácticas, especialmente en el entrenamiento, que resulta muy riguroso, y el modo de asumir los personajes. Ciertamente, logra experimentar un sistema de ejercicios concebidos por Nelda, llamado “entrenamiento psicofísico”, inducido para la manumisión de tensiones, “un sistema de ejercicios que llevan a un resultado luego, pero siempre sin pensar en el resultado, yendo poco a poco, por etapas, por escalas, y profundizando en ese proceso hasta que uno sale más de los lugares comunes y va profundizando en la memoria del propio cuerpo, que es más profundo, siento yo” –expresa a través de OnCubaNews en 2024. En este proceso los actores procurar emanciparse de la representación.
Con El Ciervo Encantado labora en varias obras de notorio alcance escénico o de linaje visual (Artes Plásticas), como Pájaros en la playa (2001, 2002 y 2003), relato autorreferencial sobre la muerte que recibe el Premio Villanueva de 2011 y en donde también funge como diseñadora de vestuario; Café-Teatro La Siempreviva II (2004); Visiones de la Cubanosofía (2005, 2006), en la que asume a La Virgen, El Conquistador, El Decimista, El Pescador y La Ciudad, a través de la cual gana el Premio Adolfo Llauradó de Actuación Femenina en Teatro Dramático “Por la excelencia de sus resortes interpretativos, demostrados en una partitura escénica metafórica y compleja, donde la actriz incorpora varios personajes que lentamente van armando el entramado y el cuerpo del espectáculo”; Humo en las altas torres (2006), texto de raigambre performantica, las nuevas puestas de Pájaros de playa (2007) y Un elefante ocupa mucho espacio (2007), consumadas en el Centro Hispanoamericano de Cultura, en el periplo donde obtiene el Grand Prix del Festival de Teatro de Mount Laurier, Quebec; Escrito sobre papel (2007), colaboración que combina el video arte con el performance en la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez; Ausencia justificada (2007), performance acontecido en la Galería Servando Cabrera; Cabaret poético: El Ciervo Encantando y Omni Zona Franca (2009) y La Tempestad y la calma (2009), otras conexiones entre el teatro y las artes visuales; Variedades Galeano (2010), una puesta teatral estrenada en la Capilla del Ciervo Encantado; Dramaturgia de la Revolución (2011), relato procesual en el que asume a una negrita criolla, y los performances art Iré a Santiago (2013) y La lista de Schindler (Centro Teórico Cultural Criterios, 2013); casi todas coprotagonizadas con Eduardo Martínez y Mariela Brito; bajo las órdenes de Nelda Castillo.
Sobre sus aprendizajes durante el paso por El Ciervo Encantado, expresa Lola:
“Otra cosa que agradezco de todo este proceso intenso en el Ciervo es el no tener la ansiedad de que me llamen para un trabajo, sino que yo puedo disfrutar mis creaciones, disfrutar esta relación con el arte desde mi individualidad, mi intimidad. Esa ansiedad que tenemos los actores a veces, tan deseosos de que nos llamen, es algo que no es bueno, no es grato. Es importante no esperar, llenar esos vacíos con creación, aunque sea en tu casa, aunque sea leyendo, aunque sea haciendo una foto, haciendo un personaje, haciendo algo que lo estimule a uno a alimentar esa zona tan importante para un creador. Todo eso lo aprendí en el Ciervo”.
Algo que también hicimos fue aprender a hacerlo todo: escenografías, maquillajes, vestuarios, tirar cables, limpiar. No teníamos a nadie más, éramos nosotros solos haciéndolo todo. Y eso también te da una fuerza como creador, es duro, es duro porque a veces estás muy agotado, pero a la vez también te da mucho sentido de pertenencia y eso es algo que Eduardo y yo, cuando dejamos el Ciervo, y fundamos La Isla Secreta, nos llevamos con nosotros. –asevera a La joven Cuba en julio de 2024.
No obstante, durante un momento de su trayectoria en el grupo considera que debe cerrar esta etapa creativa, pues no está creciendo como actriz: “Ya estábamos forzando algo que no se daba. El último espectáculo demoramos varios años en montarlo. Había mucho desgaste, eso es natural.” -espeta a Mario Luis Reyes en 2020. Por demás, necesita un poco de tiempo para dedicar a su vida, compartir con los amigos y su pareja. Está tan agotada que hay momentos en que siente deseos de abandonar la escena y se deprime. Aunque había alcanzado lauros y giras internacionales, se decepciona y opta por separarse de la actuación. Lo hace por cerca de dos meses.
Ciertamente, el antedicho espectáculo Variedades Galiano elocuencia que el grupo ha perdido algo de proporción o sintonía. El detonante es el proceso para el proyecto Fe de vida, que induce a su decisión de abandono de El Ciervo…, una despedida que se produce en duros términos y la obliga a empezar de cero junto a Eduardo. “No teníamos fuerzas para levantar de cero una experiencia, estábamos dolidos, era un dolor que nos paralizaba, nos consumía. Yo no quería deprimirme, pero era imposible. Y había que construir un teatro, otra vez. Porque cuando uno se va, pierde todo” –rememora la actriz.

De La Isla Secreta y el debut en el cine
Luego de su exitoso periplo por El ciervo Encantado durante poco más de once años, Lola y Martínez (su pareja desde el 2011) se trazan el objetivo de seguir un camino de entrenamientos e indagaciones escénicas. Para la actriz es una apuesta difícil, pues respeta y admira a Nelda, quien la había formado por muchos años. No tenía la seguridad de que podía seguir un camino sola, no confiaba en sí misma.
Tras dos años de búsquedas, en enero de 2012, funda con su colega el grupo La Isla Secreta, en el núcleo de un solar habanero del barrio de Cayo Hueso, un apartamento ubicado en Calle Soledad Nro. 308 e/ Neptuno y Concordia, Apto. 12, Centro Habana. El propósito era persistir en lo que había logrado creativamente y elevarse.
Poco a poco fuimos moviendo los muebles del lugar, dando espacio para entrenar, acomodándonos. Fuimos poniendo luego un telón negro en la sala, que era muy pequeña. Cabían veinte personas, si acaso, apretadas. Luego pusimos un piso de madera, unos cojines, pusimos un aire acondicionado, unas latas de tomate para hacer luces. Y cuando vinimos a ver teníamos una pequeña salita. Empezamos a hacernos propuestas que luego necesitábamos mostrar y empezamos a invitar a amigos.
Este nuevo proyecto insiste y reedita una tradición de teatro corporal, domeñado por el experimento y la investigación del actor como asidero de un concepto que se comunica con el público a través del cuerpo. Empero, escoge prescindir del director, permitiendo a los actores autodirigirse, renuncia a la dramaturgia tradicional en pos de la espectacular y la posibilidad de que sólo un público reducido (al que no se le cobra la entrada) disfrute de cada función y de la tertulia final.
Aunque existen vasos comunicantes con El ciervo… su puesta inaugural Oración, nombre tomado de un capítulo del libro El color del verano de Reinaldo Arenas, estrenada el 22 de marzo de 2013 y fruto de un proceso de indagación en los ensayos de Lydia Cabrera y María Zambrano, la poesía de Dulce María Loynaz, las antologías de Severo Sarduy y José Lezama Lima, entre otros, revelan una marca de estilo propia. Justamente, el lunes 20 de mayo de ese año interviene con esta producción en el evento teatral Traspasos, convocado por el ISA, la Universidad de las Artes, compartiendo el ruedo con Eduardo Martínez. En este periplo, llaman la atención de numerosos teatristas, entre ellos Eugenio Barba y Patricio Paviz. La crítico escénica Ana Gloria Colomé refiere en 2014:

Cualquier idea preconcebida que usted tenga del teatro –muy convencional o muy trasgresora- échela a un lado si es que irá a ver La Isla Secreta. No vaya preparado de antemano en ninguna regla o tradición, no vaya a encontrarse con una sala de teatro ni con el ticket de entrada ni con fastuosas tramoyas. No es que La Isla Secreta haya reinventado el teatro en Cuba —si es que algo queda para reinventar—, pero hay ciertos casos en que uno debe despojarse de sí y de todo lo demás, si pretende llevarse un fragmento de espectáculo, una frase específica, un movimiento de caderas de la actriz. Y es por esto que, si debiera recomendar, yo diría que vaya en blanco, que practique antes un ejercicio de búsqueda y liberación de espíritu, y asista desnudo a ver, simplemente, a Lola y Eduardo. Haga usted lo que le toca como público. Los actores harán lo que les corresponde como actores.
Con Oración, que no tiene un texto que guíe el espectáculo (si bien se muestra como un ritual de sanación para los actores) viaja a México y también participa en el Festival de Teatro de Matanzas (Festitim de Matanzas) y de Camagüey. El proyecto, además de las tertulias después de las funciones, es enriquecido con un Café Teatro, proyecciones y debates sobre cine, un espacio que les permite conectarse con los públicos y reflexionar sobre el arte teatral. Allí la actriz recibe a los públicos como si fuesen sus invitados, comparte un pastel de piña que ella misma elabora y brinda té, procurando descubrir “qué les faltaba”. Justo, durante esta fase, en que son visitados por estudiantes de la EICTV de San Antonio de los Baños realiza su primera incursión fílmica.
Caracteriza a la hermana de Ana en el cortometraje La nube (2013), de Marcel Beltrán, una historia producida por la EICTV de San Antonio de los Baños y liderada por Ana, la madre soltera que sobrevive en un pueblo rural y cuya existencia se transmuta luego de la muerte del padre. En este audiovisual actúa junto a Juan Carlos González y los finados Broselianda Hernández y Manuel Porto; asume a una mujer humilde y laboriosa, que gusta de tejer y es empática con la familia. Su minimalismo gestual (psicologizante) tiene muchas similitudes con la concepción Stanislavskiana de la Hernández. Broselianda, según la actriz, fue la persona que le expresó el primer texto en un set. “Y yo, imagínate, nerviosa porque nunca había hecho cine y era Broselianda además, una gran actriz del cine cubano y del teatro. Fue mi guía, la voz de Broselianda, Después tuvimos una amistad muy bonita” –cuenta la actriz. Igual, Porto, le facilitó no pocos consejos durante el proceso de filmación, sobre el lenguaje y la dinámica del arte fílmico. Desde entonces comienza a concientizar que el trabajo en el cine es distinto al que hace en el teatro, especialmente en el tipo que ejerce con su proyecto, con máscaras y maquillajes, profundamente alejado de la cotidianeidad.

“Porque el cine aparentemente no lleva un entrenamiento físico, pero sí una resistencia de tu mente, de tu psiquis. Debes tener una fortaleza mental para poder estar en condiciones extremas, porque pasamos mucho trabajo haciendo cine. En el mundo entero se pasa trabajo, pero en Cuba tenemos condiciones complejas. Y tienes que estar dispuesto, concentrado, queriendo, y sin la bobería de juzgar, de criticar. No puedes perder tiempo, tienes que estar. Por lo tanto, para mí hasta el cine tiene una parte espiritual, de disposición, de estar en función de algo que además no eres tú quien lo escribes, te entregas al trabajo de otros”. –reflexiona la actriz en entrevista con Pino Mas.
En esa época es llamada para varias producciones de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños y en 2015 participa en el Laboratorio Internacional de Verano Traspasos Escénicos, gestado por la Universidad de las Artes y cuyo tema es Los espacios creativos, al tiempo que los ejes resultan: Las Prácticas escénicas y performativas, Dramaturgias y teatralidades y Crítica, la investigación y gestión de las artes escénicas y los procesos culturales. El evento, celebrado entre el 29 de junio al 4 de julio, le permite impartir el taller El Cuerpo dilatado, junto a Eduardo Martínez, en el Salón 2 de la Residencia Estudiantil.
Convivir con el teatro en casa es lacerante para la pareja, que pierde espacio para la privacidad; por esta razón se muda con Klum, un perro labrador, para un apartamento cedido por la madre de Eduardo, en el piso 17 de un edificio de El Vedado.
Durante un paseo con la hermana de Eduardo, el realizador Carlos Lechuga se topa con ella y la expresa que le gustaría incluirla junto a su esposo en un casting para su proyecto más inmediato. Desde un principio tenía claro que deseaba a Eduardo como protagonista, pero para ella aún no tenía precisado el rol.

Optando por Santa se presentan varias muchachas al casting. Lola recuerda que desde un principio Lechuga les dijo que no los elegiría a ambos necesariamente. Sin embargo, la química entre los dos actores fue innegable durante las pruebas; demasiado tiempo viendo actuar el uno al otro, corrigiéndose y ayudándose a repasar libretos. No obstante, el realizador desecha la idea original de utilizar a una veinteañera como coprotagonista del escritor y le pide que ensaye junto a él. Finalmente, apuesta por ella.
A Lola el tema le sedujo: en otros tiempos había investigado sobre los “escritores prohibidos”, como Sarduy, Arenas y Prats, al tiempo que sus orígenes eran campesinos, como el personaje de Santa. Aprovecha el ingreso de su madre en el Oncológico habanero para indagar sobre la historia de la familia y el poblado natal. Luego acontece la fase de filmación, que se produce durante 28 días bajo el sol extenuante de agosto.
En Santa y Andrés (2016) asume su primer protagónico, recreando a la campesina que tiene la misiva de vigilar a un escritor llamado Delfín (Eduardo Martínez), considerado como un “homosexual con problemas ideológicos”, mientras que ocurre un evento internacional en la isla, con el que entabla una honesta amistad que supera las divergencias políticas. Su interpretación es ajustada, consiguiendo dar vida a este personaje introvertido, que progresivamente va evolucionando y humanizándose.

El filme se estrena en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre de 2016; más tarde se exhibe en el Festival de San Sebastián, España, en la sección de Horizontes latinos, en el Festival de Zúrich y en el de Cannes. Por su parte, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara conquista el premio a la Mejor Actriz. Con este personaje Lola comienza a ser un rostro revisitado e icónico del cine contemporáneo en la isla y se convence de las complejidades de hacer cine, especialmente en Cuba.
Su actuación es tan sincera que a veces olvidamos que se trata de una actriz. Claro que, ese exceso de naturalismo a veces le hace perder los subrayados dramáticos, si bien a partir de la segunda mitad de la historia progresa ostensiblemente, sobre todo en las situaciones más dramáticas, cuando se entera de la partida perentoria e inevitable de Andrés y la escena del rechazo público, con aquel gesto de impotencia.
Desafortunadamente la película, que no es oficialmente exhibida en la isla, también es reprobada en el Havana Film Festival de Nueva York en 2017. Es posible que, al estar sucediendo cambios positivos en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos durante la gubernatura de Obama, los organizadores decidieran soslayar la polémica que el tema del filme sugiere.
Lola y Eduardo Martínez viajan por vez primera a Miami, justo para el estreno. Santa… se muestra comercialmente el viernes 28 de abril en el Teatro del Miami Dade College; luego de haber recorrido numerosos festivales internacionales, entre ellos el de San Sebastián (España), Guadalajara (México), Málaga (España), Mannhein-Heidelberg (Alemania), Miami (Estados Unidos), Toronto (Canadá), el New England of Ibero-American Cinema (EUA), etc. Justamente, en el Festival de Cine de Miami del Miami Date College le entregan el premio Knight por la Mejor Actuación Femenina. Igual, en 2017 asiste al Festival de Cine de San Bartolomé, en el que se programa al aire libre, en una cancha de squash.
En 2017 La Isla Secreta estrena la obra Jardín Adentro, un espectáculo que vuelve sobre el perfil estético de Lola y Eduardo, donde se connota el trabajo de máscaras y los procesos investigativos, enfocado en la desidia en la vida cotidiana y la escasa posibilidad de salvación. Por esta vez, el relato teatral acude a textos como Jardín, de Dulce María Loynaz; Entre cubanos, de Fernando Ortiz; y La bella durmiente del bosque, de Charles Perrault. La historia toma como prontuario simbólico el cuerpo atrapado en la breña y su intento emancipación. Al decir de la crítico teatral Isabel Cristina López Hamze: “La Isla Secreta, con el espectáculo Jardín Adentro te invita a viajar una vez más hacia la luz de la consciencia”.

Más tarde acepta un rol en el cortometraje Dominó (2017), de Eduardo del Llano, donde asume a la esposa de un jugador parlanchín que especula sobre una posible venta de la isla de Cuba a un millonario oriental. Entonces aparece en la revista Garbos, modelando varios diseños de María Luisa García para la fotógrafo cienfueguera May Reguera. A su lado figura otra de las musas del cine independiente cubano, Neisy Alpízar.
Se coloca a las órdenes de la actriz y realizadora debutante Giselle Lominchar en 2018 y protagoniza junto a Paula Alí el cortometraje Sangre, encarnando a la técnico de un turbio laboratorio que atiende a la anciana y su reclamo de una criatura humana. En 2020 Giselle cuenta a L y M cómo le entrega el personaje a Lola:
Ese personaje era para Mario Guerra, pero se alargaron las fechas de rodaje y Mario no podía, y de pronto a mí se me pasa por la mente que fuera Broselianda, pero no pudo ser. Entonces me encuentro a Lola Amores en un festival de cine, y su fisionomía me gustó muchísimo, y ella aceptó, pero que me pasó, ella de por si tiene una voz dulce, en el teatro es diferente porque se desdobla, pero yo no quería que la englobara, y lo hicimos con su voz. Pero tuvimos un problema con el sonido y bueno así salió el doblaje.
Esta curiosa producción, que enarbola una crítica a una sociedad que sufre bajos índices de natalidad, es estrenada en el VIII Festival Hieroscopia (Nuevitas) y recibe el Premio de la Popularidad en la categoría Cortos Latinoamericanos fuera de Concurso en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre (BARS, Argentina), tras haber ganado la sección Haciendo Cine en la Muestra Joven del ICAIC y recibir la Beca El Reino de este Mundo, que entrega la Asociación Hermanos Saíz. Contiguo, participa junto al actor Noslen Sánchez en el corto Los amantes (2018), de Alán González, en el que personifica a Yolanda, la mujer que oculta la sangre, prueba de un acto de violencia, y es asediada por el criminal, a quien trata de ayudar. Según el crítico de cine Joel del Río “La actriz está casi todo el tiempo delante de la cámara, en un registro completamente naturalista”.
El corto es exhibido en el 40 Festival de Cine Latinoamericano de La Habana y la Muestra Joven ICAIC 2018-2019, en la que recibe el Premio a la Mejor Actuación Femenina. Poco después tiene una breve participación en Club de Jazz (2019), el tercer filme de Esteban Insausti, al que se suma tras un riguroso casting dirigido por Yasmani Guerrero, quien tuvo la misión de hallar actores “que tuviesen una contención y austeridad en la cadena de pensamiento” (E. Insausti). El relato está concebido en tres actos (tres épocas diferentes) y focaliza el tema de la envidia. Asimismo, rinde tributo a músicos capitales del Jazz mundial: Charlie Parker, Jaco Postorius y Emiliano Salvador, y algunos clásicos del cine cubano.
En enero de 2019 imparte el taller El cuerpo dilatado, en la Casona Spencer, y el lunes 4 de marzo de 2019, durante el Laboratorio Internacional de Investigación y Creación Traspasos Escénicos, convocado por la Universidad de las Artes (ISA) del 4 al 9 de ese mes, imparte con Martínez el Taller de Máscaras en el Salón 3, cuyo tema gira en torno a los imaginarios urbanos y las prácticas creativas contemporáneas.
Mostrando sus garras actorales, se sumerge en el corto Fin (2019), de Yimit Rodríguez, interpretando en dos o tres escenas a un misterioso personaje de rigor simbólico, dueño de otra dimensión, desproveído de realismos, “en los bordes de una narración marcada por el desafuero histriónico y por una visualidad simplemente sobrecogedora” (Joel del Río). En este relato es quien la ofrece a Juan (Milton García), el protagonista, la oportunidad de volver al mejor momento de su pasado para revisitarlo. Esta suerte de alegoría sobre las segundas oportunidades, revalida que es una actriz con recursos vocales y gestuales, pese a una presencia efímera, una de las más dúctiles del cine cubano. El corto, que gira en torno a un espectro, es presentado en el Sundance Film Festival y el Festival Cinélatino Recontres de Toulouse de 2019.
Precisamente, en 2019 participa en el largometraje Agosto, bajo las órdenes del debutante Armando Capó y producido entre Cuba, Costa rica y Francia. La película es estrenada el 9 de enero en el Cine Acapulco y relata la historia de Carlos, un adolescente que experimenta durante las vacaciones la nombrada “Crisis de los balseros” (1994), en que progresivamente va perdiendo a sus amigos y vecinos a causa de la migración cubana hacia los EUA. Por esta ocasión, Lola encarna a la madre de este chico de 14 años (Damián González), a cargo de una anciana senil (Verónica Lynn) y abandonada por su esposo (Felito Lahera), llena de dudas y desesperanzas, una mujer humilde, inmersa en la pobreza e inopia de un sitio costero. Su actuación resulta sincera y minimalista, muy a tono con la naturaleza del filme. Sobre su incorporación al proyecto relata la actriz a la periodista Yaima Leyva Martínez en 2017: “Sabía que Capó estaba preparando la película Agosto. Un día me llama y me dice que necesitaba a una actriz para el papel de la madre. Me leí el guion y conversamos. Su pasión por su familia, por su abuela, que es muy importante para él, la época en la que se desarrolla la película y el tema que trata, fueron esos los detalles que me conmovieron para participar en el proyecto”.
Esta producción, que tuvo que esperar el paso de la pandemia para ser estrenada, recibe el Premio Coral de Ópera Prima en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de 2019 y resulta distinguida en la categoría de largometraje del Seattle Latino Film Festival de 2020. El realizador ha manifestado a OnCubanNews, luego de saborear el éxito del filme: “Trabajar con Rafael Lahera y Lola Amores hace que tu trabajo fluya y tenga una buena energía”. Al año siguiente, es nominada al Premio Caricato como actriz, junto a Yailene Sierra, Yeni Soria, Rachel Pastor, Aylén Luna, Odette Macías, Yanell Gómez, Yamira Díaz, Elvia Pérez, Vicky Suárez y Lianet Alarcón.
Lola Amores, la usual madre y actriz “salvaje” en el cine independiente
En 2021 participa en el performance La Casa del Alibi, acontecido en la Casa Vitier García Marruz, encarnando a María Zambrano, quien llega a tierra cubana durante su exilio a raíz de la Guerra Civil Española. Por esa etapa, todavía con el acoso de la Covid-19, asume un pequeño rol en el telefilme El camino, dirigida por Omar Alí Pérez, una miscelánea de siete historias protagonizadas por jóvenes de diferentes épocas que deben superar obstáculos para crecer, a fuerza de arrojo e inmolaciones. En este drama coproducido entre ¡4filmes, el ICAIC y Canal Cubavisión igual laboran Carlos Busto, Osvaldo Doimeadiós, Mario Guerra, Roberto Perdomo y Miriam Alameda. A su vez, para esa etapa tiene una relación amorosa con el trovador Omar Roque, con el que se compromete el 2 de junio de 2021. Justo, dos canciones de este cantautor fueron incluidas en el filme Una noche con los Rolling Stone.

Regresa al cine en 2022 a través de los cortos La otra isla, de José Manuel García Casado, y El hijo muerto, de Maysel Bello Cruz, Premio Lucía al mejor cortometraje de ficción en el Festival de Gibara. En el primero caracteriza a Flor, quien radica en una ignota isla, responsable de su abuelo Basilio, y halla un diario que le permite descubrir su pasado y los enigmas del sitio donde mora. En este relato comparte el escenario con los actores sureños Ariel Zamora y Adnaloy Pérez. En el segundo comete a Idania, la madre impactada por una tragedia familiar: el asesinato de su hijo en una unidad militar, y tiene como partenaire a José Luis Hidalgo, quien asume a su esposo. El texto fílmico participa en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y recibe los elogios por la caracterización de la actriz. Ese mismo año también se inserta en los cortos El soldado, de Matteo Faccenda, en el que comparte roles con César Domínguez, Bárbaro Marín y Reynier Morales, y Black, de Daniel Santoyo, un relato futurista en torno a una humanidad acosada por cierta pandemia, gracias a la cual los muertos pueden recuperar la vida. En esta producción asume a una mujer que recupera los días de letargo y tiene un efímero roce con el experto periodista (Fernando Hechavarría) que hurga en el laboratorio destinado a investigar y evitar la enfermedad, con el que dialoga sobre la oblación y el compromiso sobre la muerte. Una vez más constata su dominio corporal y psicológico.
El 27 de octubre de 2022 se produce en lanzamiento en Venezuela del filme Miki Maniáco, de la artista multidisciplinaria venezolana Carla Forte, calificado por Jolly Moel como “una película completamente original” y proyectada en el Chichester Internacional Filme Festival, el Festival de Cine Urbano de Miami e incluida en la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Guayaquil, Ecuador. Lola seduce en esta cinta filmada en blanco y negro en Miami durante tan solo seis días, que se ensayó durante cuatro meses y exigió a los actores cambios físicos extremos.
El relato aborda el tema del artista y las veleidades de su existencia, a través de un personaje que es expulsado de una corporación de magias y sueños quebrantados junto a sus amigos, ahora recluidos en un sitio del sur de la Florida. En esta ocasión asume el pequeño rol de Mimi, una de las parejas del deprimido Miki. Forte manifiesta que Miki Maníaco habla de lo recusable de las conexiones personales bajo la visual humana y de la concepción latinoamericana de lo que para muchos es inmaterial, el usualmente llamado Sueño Americano. Justo, por esa faena Lola recibe el Premio a la Mejor Actriz en el Hollywood Florida Filme Festival, celebrado del 5 al 12 de diciembre de 2022.
En La mujer salvaje (2022), ópera prima del cineasta Alain González, asume a Yolanda, madre de un barrio pobre capitalino, con un carácter aborrecible, que anda a la búsqueda de su hijo (quien le rechaza por su comportamiento) para protegerlo del escándalo ocasionado por la cruenta pelea entre su esposo y la amante, suceso grabado y viral en las redes sociales, una mujer llena de contradicciones, acosada por sus instintos, la violencia, sus responsabilidades como esposa y el amor maternal. Esta fémina corroída por la sociedad fue resuelta en un nivel sensorial, físico, como es habitual en sus desempeños.
La mujer… participa en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre de 2022 y en el 44 Festival de Cine Latinoamericano de La Habana en diciembre de 2023, donde el filme obtiene el Premio Coral Especial del Jurado. Con esta interpretación Lola es nominada al premio Platino a la mejor actuación de una actriz en el Festival de Cine Iberoamericano de 2023 y recibe el Premio en el 33ª Festival de Cine Ceará, Brasil, entregado en noviembre de ese año; igual, es galardonada en el Havana Film Festival de Nueva York, conquista la Biznaga de Plata como Mejor Actriz en el 27 Festival de Cine de Málaga, entregado el viernes 8 de marzo de 2024, y en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. Por esa época vive en Marianao y el director del filme radicaba a pocas cuadras de su casa. En medio de la pandemia González le proporciona fuentes para la investigación y le lleva a conocer mujeres de la zona. El rodaje fue penetrante por las carencias, la Covid 19, las regulaciones que se sucedieron y el contagio de su madre en Villa Clara.
Recuerdo que el director cogió dengue. Hubo un ciclón, el Irma, y recuerdo que estábamos filmando una escena, que era una escena importante, con el niño. Una escena fuerte en la que yo le reclamo si se quiere quedar con la abuela o si se quiere quedar conmigo. Y la tormenta venía y el niño no podía ni estar ahí y todos pendientes de que no me mojara. No se pudo hacer ni un making ni nada porque todos estábamos pendientes de eso. Y no lo podíamos ni repetir casi porque no teníamos tiempo –cuenta la Amores al cronista Diego Santana.
La crítica mundial encomia el desempeño de la actriz, quien declara en marzo de 2024:
Es un personaje que voy a adorar mucho, como el personaje de Santa en Santa y Andrés, porque son personajes que están muy bien escritos, como que llevan un peso, como que lo tiene claro. Nuri y Alan [Nuri Duarte y Alán González], cuando escribieron a Yolanda, le dieron toda esa cantidad de matices, toda esa cantidad de situaciones por las que pasa, todos los otros personajes que se encuentra, y a veces me lo han planteado como si fuera un reto, pero yo lo veo como un goce. Porque eso es algo rico para un actor, sobre todo cuando uno encuentra el centro del personaje, lo que lo mueve.
Sobre su actuación en este memorable filme expresa Marcela García Olivera en mayo de 2024: “Me refiero a que en su trabajo como actriz persiste la duda, para nada son previsibles sus decisiones, hay un estado de levedad que hace que el personaje transite por ella con ligereza y nos sorprenda constantemente. Lola no atesora sus ejercicios de creación, los experimenta con total entrega y los deja en libertad”. González, por su parte, le ha calificado de actriz inhumana y el crítico de cine Ángel Pérez ha valorado su desempeño como sobresaliente:
Quizás el mayor logro de Lola Amores estuvo en la intensidad y la limpieza con que deja en libertad y comunica las encontradas emociones que se apoderan de su personaje. Yolanda va, incluso en una misma escena, de la rabia al dolor, de la tristeza a la alegría, de la razón a la irracionalidad. Lola Amores hace frente a tales transiciones con espontaneidad; consigue transparentar cada sentimiento a partir de un detallado trabajo con los gestos, la mirada, la intencionalidad de los parlamentos. ¡Sorprende cómo esta actriz modula las intenciones en cada escena! El encuentro sexual con su marido, en el foso donde él se esconde, o la conversación que sostiene con su hijo en aquel parque, donde rompe a llorar presa de la rabia y el dolor, dejan ver su capacidad para llenar de sentidos lo mismo una simple mueca, que las inflexiones de su voz, cada movimiento, incluso la quietud misma del cuerpo.
Claramente, la Amores cumple su cometido con toda honestidad, sin efectismos actorales.
En Una noche con los Rolling Stone (2023), segundo largometraje de Patricia Ramos, asume a Rita, una mujer en la crisis de los cuarenta, tratando de poner fin a una relación sin futuro y encontrar un nuevo amor en los días previos al concierto de los Rolling Stone en La Habana (2016). Esta cuarentona solitaria se muestra extenuada, apacible, dócil, contradictoria, si bien es fuerte y logra lo que se propone a cargo de un hijo adolescente que quiere ir a vivir con su padre en el extranjero, una madre anciana que ha precisado su muerte de modo honorable y una amiga que no ha logrado sus sueño de ser actriz y teme envejecer. A este encomiado personaje llega a través de un casting, según cuenta a la periodista Valia Valdés en 2024:
Ahí dudé de todo, sentía que no tenía de dónde sujetarme. Tuve la dicha de pasar esa primera etapa y presentarme en un segundo momento para probar algunas situaciones, por medio de pequeñas improvisaciones con otras actrices. En esa ocasión me sentí más relajada, y traté de absorber las señales sobre el personaje, lo que pudiera ayudarme a entender a Rita y lo que la directora (Patricia Ramos) buscaba.
La interpretación es calificada de “magistral”, “brillante”, toda vez que consigue dar espesura psicológica a esta mujer que vive de ilusiones en su intimidad, desconfiada e insociable, pese estar rodeada por su familia y amigos, que busca algo en el amor que nunca pudo concretar o le arrebataron. A su lado, logran brillar Maité Galván, Santi Estupiñán y Jorge Martínez. “Y si bien la directora descubrió zonas importantes de la sicología del adolescente habanero en El techo, aquí aplica su sensibilidad y destreza narrativa a las cubanas de mediana edad, mujeres silenciadas, o no escuchadas, sobrevivientes de sucesivos naufragios, probablemente en busca de algo que no sabe nombrar ni mucho menos definir. Y expresar todo ello es responsabilidad de la enorme que actriz que es Lola Amores, quien concibió, a partir de su personalidad y de las características señaladas por la directora-guionista, a esta mujer distraída, generosa, y su modo de caminar y hablar, de asumir una media sonrisa mientras se enreda en circunstancias que ni buscó ni le interesan. Gracias también a Lola, Rita es un personaje completamente plausible, convincente e incluso hermoso, absolutamente distinto al que interpreta en la multipremiada La mujer salvaje, que veremos pronto” (Joel del Rio, 6 de abril de 2024, Juventud Rebelde). Su labor en este filme, que es un delicado relato de situaciones cotidianas, ligadas a lo “femenino”, le merece el premio a la mejor actriz en el Havana Festival de Nueva York.
Prontamente, tiene una actuación especial en Los océanos son los verdaderos continentes (2023), debut del realizador italiano Tommaso Santambrogio, exhibido en la selección oficial del 44 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. En el tercer cuento de la película, concebida en blanco y negro, asume a Mimi, un pequeño rol, la madre de Frank y Alain, dos niños de San Antonio de los Baños que sueñan con emigrar a los EUA y arrollar en las grandes ligas. El filme, protagonizado por actores no profesionales, narra la existencia entre el esperar y partir, inspirada en una escena de cuando Santambrogio tenía 8 años y fue testigo de la separación de un padre y su hija ante los controles migratorios en el Aeropuerto Internacional José Martí; asimismo, el corto homónimo que presentara en el 76to Festival Internacional de Cine de Venecia (2019), donde recibe el Premio a la mejor contribución técnica en la Semana Internacional de la Crítica. “Para mí era muy importante que la película fuera lo más espontánea posible, casi documental, con esa manera de actuar y reaccionar que es real; así que fue un proceso muy interesante” –expresa a OnCubaNews el cineasta, connotando el estilo de su largometraje. Del mismo modo, este relato fílmico se presenta en el Festival de Venecia de 2023.
Los océanos… consigue una buena recepción de los públicos y críticos a raíz de su estreno durante la 20ma Giornate degli Autori, una sección independiente del Festival de Venecia (2023), donde se reconoce el trabajo de Santambrogio con el premio Bisato d’Oro (Anguila de Oro en español) a la mejor dirección por su ópera prima. Este relato audiovisual, al decir del crítico Sergio Murguia:
Con una sutileza tan conmovedora como lacerante adentró en la cotidianidad de un pueblo cubano, San Antonio de los Baños, un lugar donde el tiempo parece pasar muy despacio. Por eso en Los océanos… la cámara queda estática y, escena tras escena, la película nos entrega tres historias que giran en torno al tema de la separación, vista desde distintas perspectivas. Es una misma historia vivida por tres generaciones diferentes.
En 2024 participa en el largometraje Fenómenos naturales, debut del cineasta cubano Marcos Díaz Sosa, que recibe el Premio a la Mejor Ópera Prima del Festival de Cine de Guadalajara (FICG), donde se estrena mundialmente en el programa competitivo del Largometraje Iberoamericano de Ficción. La historia versa sobre Vilma, una enfermera de un pueblo rural de Villa Clara, obsesionada con escapar de su precaria vida en la década de 1980. Vilma es esposa de un hombre discapacitado y tiene un bebé bajo su cuidado; prueba suerte con el tiro deportivo para salir de las difíciles circunstancias, aunque solo llega a lograrlo cuando un fenómeno natural la eleva y lleva a un lugar donde todo puede ser posible. La película tiene como base el corto homónimo consumado por el mismo director en 2016 y comparte agudas críticas al abandono de los deportistas cubanos. Junto a la protagonista, Andrea Doimeadiós (Vilma), y los actores Reinier Díaz Vega, Armando Miguel Gómez, Mario Guerra, Emán Xor Oña y Maikel Amelia Reyes, asume el rol de la doctora, pequeño pero memorable por su esencialismo y densidad expresiva.
Recientemente, Amores comenta que se halla involucrada en el proyecto La levedad de ella, primer largo de la dramaturga y actriz Rosa María Rodríguez, quien fuera directora de casting de Agosto, cuyo guion le ha entusiasmado, pues le exige mucha investigación y conexiones con su personaje, y en Plaga, otro corto de Alán González que espera filmar en 2025.
Epílogo
Lola encomia al cine por su capacidad de generar un cambio social, no sólo porque le permite su realización personal. “El cine es una herramienta fundamental, y ayuda a visibilizar historias que no se concientizan, que no se ven. Ayuda a que las mujeres también sean más empoderadas, a tener más conciencia de sus virtudes y de sus problemas. Y creo que si yo tengo la suerte de poder tener dos personajes protagónicos femeninos, entonces es muy bueno tener esta oportunidad de estar contando historias femeninas…” –subraya esa positura de género a Radio Rebelde.
Si algo caracteriza y hace atractiva la personalidad de esta actriz con zarpas es su humildad y empeño por crecer. Inobjetablemente, se regocija cada vez que trabaja para los jóvenes realizadores, pues son capaces de contagiar sus energías y sueños, de ofrecer una mirada moderna sobre la realidad cubana de su época.
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