Inspirados por la naturaleza, en deuda con ella

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«Un llamamiento mundial a la acción climática» es el lema de este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, y precisamente debemos sentirnos inspirados por la naturaleza para contribuir a la protección del planeta, que es también proteger nuestra salud, nuestras comunidades y nuestro futuro.

Y el problema está en las calles, cuando vemos que la naturaleza, más que inspirada, anda agotada por la incomprensión de su gente, lo que conlleva factores como la subida del nivel del mar, ocurrencia de incendios forestales, olas de calor que cada vez son más intensas durante casi todo el año.

El cambio climático y la degradación de los ecosistemas son dos variables que viajan a la misma velocidad. Si se descarrila una, la otra se lleva todo por delante. Cuando talan manglares para hacer una carretera o para construir un hotel, no solo se pierde un entorno natural, también se pierde el filtro natural del agua, el criadero de peces y la protección contra los huracanes. Eso no es un problema ecológico nada más, es una situación que ataña a todos e influye en la alimentación y en la seguridad de las personas.

Llevamos años con ciclos irregulares de lluvia, y esa sequía golpea directo a la agricultura, trayendo consigo la escasez de alimentos y sus altos precios en el mercado, lo que es más perjudicial para la familia humilde. Pero al haber sequía, también hay menos agua en las presas, menos generación eléctrica, más apagones y ahí tiene usted la interconexión de la que se habla en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero puestos esta vez, en la mesa del cubano.

En esta Isla sentimos todo eso con una intensidad que a veces abruma. Porque además, tenemos el asfixiante bloqueo, que limita el acceso a tecnologías más limpias y a repuestos para plantas de energía renovable. Pero tampoco podemos echarle toda la culpa al bloqueo, falta también conciencia, falta educación ambiental, falta que dejemos de ver la naturaleza como un almacén del que sacamos y no devolvemos. Quemar la basura en el patio, regar agua potable como si fuera eterna, tirar el aceite usado por el fregadero, botar los pomos plásticos y las latas de refresco en nuestros alrededores; son cosas que suman en contra de la ‘Madre Natura’ y mucho.

No voy a decir que no haya esperanza. La hay, y no es poca. He visto comunidades protegiendo sus bosques con uñas y dientes, grupos de jóvenes en la playa perlasureña Rancho Luna recogiendo plásticos, científicos midiendo el carbono en los suelos. Esa gente no anda inspirada nada más, anda metida de lleno por el bien común.

Pero cuidado, que la responsabilidad no es solo en nuestras casas. Las políticas públicas tienen que empujar en la misma dirección. Si sembrar un árbol es algo que se hace cada seis meses o un año, mal vamos. Si reciclar sigue siendo un problema porque no hay infraestructura, mal vamos. Si los planes de adaptación al cambio climático se quedan en papeles que nadie ejecuta, peor todavía. Necesitamos coherencia entre lo que se dice en los discursos el 5 de junio y lo que se hace el resto del año.

La naturaleza nos inspira, de acuerdo, pero la naturaleza sobre todo nos hace un llamado. Nos necesita firmes, activos, conscientes, comprometidos a salvaguardar la biodiversidad. Porque el planeta no va a esperar a que nos pongamos de acuerdo. Este 2026 debería ser el año en que cambiemos la palabra inspiración por otras más justas: compromiso, conciencia para cuidar lo que tenemos, porque esta es nuestra casa y con ella, estamos en deuda.

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Barbara M. Cortellan Conesa

Ingeniera Química por la Universidad de Camagüey. Diplomada en Periodismo. Máster en Ciencias de la Comunicación. Periodista-Editora del diario 5 de Septiembre. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba.

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