Meliponas con toque de mujer
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Cuando Imilla Fajardo Serpa se inició en el universo de las abejas meliponas, en abril de 2022, estaba muy lejos de creer, y mucho menos mostrar a los demás, todo el acervo de conocimientos adquiridos durante este tiempo. Sin embargo, el afán por descubrir los hábitos de vida y todo lo concerniente a la aureola de incógnitas y misterios que envuelve a los laboriosos insectos, la llevó a tal punto que ya es capaz de dictar conferencias magistrales sobre el tema, tal y como lo hizo en la última disertación a integrantes de la Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de Cienfuegos, la que tuvo por escenario la Casona de Toqui en esta ciudad.
“Te cuento. Desde hace nueve años tengo un emprendimiento sobre el fomento de plantas ornamentales, PlantArte, y, a propósito, busco las abejas meliponas como un medio de encontrar polinizadores para la reproducción solo por semillas de mis especies matitas. Luego, a través de un tío mío se me facilita la primera colmena”, recuerda.
Agrega Imilla que tras esa novedad contacta con su amiga Zaiderín Triana, quien le confiesa su pasión por estos animalitos y le contagia por el interés de saber más de ellos. A partir de entonces se dio a la tarea de buscar bibliografía especializada, entre ellos tutoriales y videos en un canal de youtube, el Team Valkiria, de Ecuador, un espacio dedicado a la enseñanza y manejo de las meliponas.
“A través de la técnica de la división, precisa, aprendida por los Valkirias, al cabo del año ya tuve cinco nuevos panales. Por ese tiempo, gracias a Zaide, conozco a la periodista Onelia Chaveco, miembro del grupo de mujeres meliponicultoras, y muy pronto nos incorporamos y fuimos atrayendo a más compañeras con similares inquietudes en varias provincias del país. En esos intercambios compartimos experiencias y saberes, que en definitiva sirven para aprender cada vez más”.
Aclara Imilla que tener abejas implica conocer el entorno en que se desarrollan, la flora que la rodea y las condiciones mínimas de hábitat y sus principales necesidades. “Hay que saber mantener la población, dice, y conocer sobre su alimentación porque si deja de comer y ven que no entran recursos a la colmena -polen y néctar- la reina deja de poner y entonces no hay reproducción”.
La experimentada emprendedora advierte que jamás debe talarse un árbol de frutal o maderable, sobre todo en floración y menos sacar un panal de su medio natural. “No puede soslayarse que ellas son de la naturaleza, nosotros las atraemos al ambiente doméstico, no se debe violentar los hábitos de vida, todo con medida”, recalca.
¿Qué te resulta lo más asombroso de ese mundo?
“Las meliponas son fascinantes, desde el mismo instante en que usted se coloca delante de una colmena y ve que tiene a una guardiana en espera de que cualquier intruso pueda invadir la ‘intimidad’ de la ‘familia’. Son extremedamente protectoras entre sí.
“Llama poderosamente la atención su laboriosidad. Desde los primeros claros del día, aun sin asomarse los rayos matinales del sol ya están trabajando hasta que el astro rey desaparece tras el horizonte. En mi caso particular, cuando abro una colmena e introduzco las manos en ella y las siento rodeadas de abejas se dispara la adredalina. A la hora de castrar resulta impresionante la diversidad de colores de la miel”.
Cuenta la melinocultora que a diferencia de las abejas apis, la melipona es mucho más dócil y podría asegurarse que nada agresiva. Cuando convives con ellas por lo general si te acercas a una colmena no se van a sentir atacadas, de hecho, señala, las de ella están en la terraza de su casa donde tiene cuatro sillones y allí lleva a toda visita que llega, mientras suelen disfrutar de los corredores de vuelo de los insectos alados, como gusta describirlos.
Al indagar sobre los beneficios de las interesantes abejas nativas, los ojos de Imilla se iluminan. Por un momento hace una pausa en el diálogo como buscando la forma más didáctica y explícita de satisfacer la curiosidad del entrevistador.

“La mielipo, como denominamos al principal producto de este tipo de abejas, posee propiedades muy versátiles.Tiene características antisépticas, antibióticas y antifúngicas, entre muchas otras. Gracias a esas bondades es ideal para enfermedades o lesiones en la piel, por ejemplo, como las quemaduras, heridas, infecciones u otras afecciones.
“Déjame añadir que la miel de la tierra, como también se le conoce, se conserva en torrales fabricados con cera y resinas de árboles, muchas de ellas con cualidades medicinales. Sin embargo, no es el único producto y derivado beneficioso para la salud humana.
“Lo más preciado de la colmena es el propóleo, porque lo elaboran y lo tienen reservado para combatir cualquier enfermedad que las azote. Y fíjese hasta donde llega la ‘inteligencia’ de estos seres que si un intruso, digamos una lagartija, logra colarse, la atacan, la matan y la cubren de esa sustancia, a fin de que el cadáver no se descomponga y afecte la convivencia.
“Para consumo humano el propóleo se combina con la mielipo y aporta múltiples nutrientes al organismo. Por otro lado está el polen que añadido al compuesto anterior tiene efectos maravillosos. Usted se toma una cucharadita de esa poción cada mañana y el resultado repercute en levantar la defensa y elevar la hemoglobina, además de combatir trastornos estomacales, intestinales y respiratorios. Cualquiera de estos productos pueden adquirirse con quienes nos dedicamos a la meliponicultura”.
Como colofón del intercambio, la afanosa ingeniera refiere el saldo de los últimos encuentros nacionales. En particular narra la anécdota de una recién incorporada cienfueguera al Grupo que aprendió a disfrutar del entorno que la rodea gracias a las meliponas. Con ello instó a imitar esa práctica e invitó a sumarse a este nuevo hábito de vida de las mujeres cubanas con el fin de aprender a amar más a la naturaleza en medio de las dificultades y complejidades domésticas del día a día que ha impuesto este momento que nos tocó vivir.
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