Las manos que lo prepararon antes de encenderlo

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En el pequeño municipio de Santa Isabel de las Lajas, de la provincia de Cienfuegos, cuando mencionas la palabra tabaquería todos saben en qué lugar está, y lo más probable es que también conozcan a alguien que trabaje allí, un familiar, un amigo, un vecino o un conocido. Varios de quienes allí trabajan tienen muchos años de experiencia. Uno de ellos es Manuel Achón Rodríguez.

Su lugar siempre ha estado en el sector tabacalero. Empezó con solo 13 años, y todavía después de su retiro en el 2006 continúa trabajando al lado de sus compañeros, muchos de los cuales fueron formados por sus manos conocedoras de la labor.

Al preguntarle quién fue el que le enseñó a trabajar con el producto, su respuesta fue simple: aprendió de las manos de su padre, quien tenía una fábrica donde se producían tabacos de calidad. Con él aprendió cómo preparar la tripa y torcer las hojas para lograr el terminado cuidadoso que le da a cada uno de los puros que termina cada día.

Él continuó los pasos de su padre, no solo manteniéndose en la producción del tabaco, sino también como instructor de aquellos que entran por primera vez por las puertas de la tabaquería lajera. Al ser de los trabajadores más antiguos allí, muchos de los que ahora son sus compañeros de trabajo, y otros que decidieron buscar otros rumbos, fueron formados por su paciencia y conocimiento.

Foto: Liana Laura Gavilla Cruz/5 de Septiembre

Al hablar de su padre, la conversación se torció hacia la importancia que tienen los trabajadores tabaqueros para el país. Manuel explicó que desde siempre han sido prioridad en el país, incluso antes del triunfo de la Revolución, por ser un sector muy organizado y dispuesto a trabajar. También los considera una clase obrera muy revolucionaria, que siempre buscó la mejora de todos los habitantes del país.

Cuando las preguntas pasaron al tema específico de su trabajo diario, él comentó que tarda alrededor de dos minutos en preparar un tabaco, desde que se repara la tripa hasta que se enrollan las hojas de mejor calidad en la parte exterior del producto, esta parte siendo para él la más difícil al ser la que más perfección requiere. Sabe que está bien hecho cuando ve en sus manos que está bien estirado, el cañón (forma de referirse al cuerpo del cigarro) en buena forma y la perilla (remate que cierra la cabeza del cigarro) bien puesta.

Para él, todas las personas que trabajan a su lado, y los que trabajaron en años pasados, forman parte de la familia que escogió tener en su vida. Por eso su trabajo es muy importante para él, porque le permitió conocer a nuevas personas que aun hoy forman parte de su día a día.

Al cerrar la entrevista dejó un consejo para las nuevas generaciones que empiezan a interesarse en este oficio: un torcedor de tabaco debe estar enamorado del trabajo que realiza, solo así las dificultades podrán ser sobrepasadas fácilmente.

Foto: Liana Laura Gavilla Cruz/5 de Septiembre

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