Alas inquietas del invierno en Cuba (+Fotos)
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Es difícil imaginar los campos cubanos durante los meses invernales sin la presencia de estas gráciles avecillas. Conocidas también como chinchilas tanto por niños como por campesinos en distintos territorios rurales, entre los rasgos más notables de las bijiritas está su carácter migratorio, ya que la mayoría llega a nuestro archipiélago y otras zonas del Caribe en esta etapa, viajando de Norteamérica hasta sitios más cálidos al sur para alimentarse.

Algunos registros confirman arribos en el mes de julio, pero el grueso de las especies lo hace a partir de octubre, aprovechando los vientos de los frentes fríos propios del periodo. Eligen viajar de noche pues así evitan a sus depredadores naturales, guiándose mediante determinados mecanismos biológicos y por las luces, de modo que muchos ejemplares han sido hallados cercanos a faros como en Roncali, al oeste de Pinar del Río; el Morro de La Habana o en Paredón Grande, al norte de Ciego de Ávila.


Como bien certifica el Dr. Hiram González Alonso en su libro Aves de Cuba (2002), si por un lado las golondrinas constituyen un símbolo de la primavera, las bijiritas con sus inconfundibles llamados y vuelos inquietos, anuncian la llegada del breve frío a la región tropical. Más de 40 especies han sido registradas acá, y de ellas 37 usan el territorio cubano como sitio de residencia invernal o en su tránsito a otras zonas del Centro y Suramérica durante el otoño y la primavera. Solo cuatro permanecen todo el año, el canario de manglar (Setophaga petechia gundlachi), la bijirita del pinar (Setophaga pityophila), chillina (Teretistris fernandinae) y el pechero (Teretistris fornsi), estas dos últimas endémicas del país.


Desdichadamente, estas aves también sufren los trances de la caza furtiva, más allá de que no sean ellas las perseguidas por los cazadores tramperos. Suelen caer en las jaulas y redes, recibiendo severos golpes por una mala manipulación o en el peor de los casos, una muerte lenta debido a una dieta inadecuada, al ignorar que solo comen insectos. Aprendamos pues a identificarlas, por sus colores, cantos, comportamientos; es menester protegerlas y evitar dañarlas, el equilibrio ambiental de muchos ecosistemas depende de ello.


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