Misterioso lenguaje de una trovadoresca lira

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Un 17 de junio del año 1880, en Caibarién, nació Manuel Corona Raimundo, una de las joyas cubanas de la llamada Trova Tradicional. Por la belleza de sus temas, estos renacen una y otra vez en distintas voces. Tal parece que la inmortalidad llegó para su Longina, que ha sido, posiblemente, más seductora que aquella Longina O’Farrill, para quien el bardo, por encargo, dedicó esta canción; o su Santa Cecilia, que grandes estudiosos de nuestra música, como Lino Betancourt, afirmaba que lo dedicó a la Santa Patrona Protectora de los músicos. Pienso que ella, halagada por las notas sinceras que brotaban del alma y la lira de este bardo, le otorgó realmente la inspiración y la eternidad.

Nicolás Guillén lo llamó “El Inmenso Manuel” y para Lino Betancourt, Corona fue “El sublime cantor de la mujer y la guitarra”. Precisamente él, nos corrobora que Manuel Corona nació en el año 1880 y no en 1887, cuando fue inscrito formalmente. Dato que en la actualidad podría confundirnos y que solo desde el testimonio del propio músico, que comentó a sus contemporáneos y amigos, podemos hoy atestiguar.

Nació en Caibarién, la Villa Blanca de Cuba; pero en su infancia transcurrió en Cienfuegos, donde se mudó junto a sus padres. A los 15 años se instaló en La Habana, hasta ese momento todavía no sabía nada de música. Consiguió trabajo como aprendiz de torcedor de tabacos en una fábrica que se llamaba La Eminencia. Allí conoció a José Diaz, que daba clases de guitarra y fue quien puso este instrumento en las manos de Manuel Corona y también en las de la trovadora María Teresa Vera.

Es poseedor de aproximadamente 80 canciones inspiradas en mujeres, muchas de ellas realizadas por encargo. Podemos afirmar también que es el trovador cubano de su generación que más textos poéticos escribió originalmente para sus canciones. Compuso además boleros, rumbas, romanzas, valses, bambucos, criollas, habaneras, guaracha- son, sones, preludios (líricos), plegarias, tangos, blues y cuatro danzones.

Entre todos sus temas, uno creó una aureola mística y es Longina. Cuenta la historia que estaban reunidos un domingo, como era habitual, varios trovadores en el cuarto que habitaba María Teresa Vera en la casa de vecindad llamada La Maravilla. En medio de la llovizna, se detuvo un coche guiado por caballos, del que se bajó el Comandante del Ejército Libertador Armando André, que fue director de un importante periódico de La Habana y muy cercano a los trovadores. Venía acompañado por una joven vestida elegantemente, con un traje de seda y un turbante, ambos azules, unos zapatos blancos y una sombrilla. Armando André le pidió a Corona que se inspirara en la muchacha para hacerle una canción. Testigos dicen que el bardo se fijó en su mirada, preguntó su nombre y aseguró que para el próximo domingo se la iba a cantar.

A la semana siguiente, 15 de octubre de 1918, les sorprendió otro día de lluvia, pero llegaron todos al cuarto de María Teresa y Corona interpretó su canción. Sin dudas una joya que nació de un encuentro tan casual y a la vez perpetuo. Solo 10 años después Corona volvió a ver a Longina en algún lugar de La Habana, por casualidad. Nació entonces un segundo tema que pocos conocen, dedicado también a esta musa, que tituló Rosa negra, otra pieza con absoluta belleza poética y musical.

Pero, ¿quién fue la mujer que inspiró a Manuel Corona estos dos emblemáticos temas? Resulta que Longina O’Farrill fue la niñera de Julio Antonio Mella y quien le enseñó el idioma español; le cantaba canciones de la época; lo acercó a las comidas típicas nuestras; y también influyó en su concepción política, debido a la relación que ella mantenía con personas que habían estado vinculadas con la Guerra de Independencia y que se oponían a muchas de las políticas de la República Neo Colonial Cubana, durante los primeros años del Siglo XX.

Longina vivió hasta los años ’70 y fue sepultada en La Necrópolis de Colón, en La Habana. En el año 1989, sus restos fueron trasladados hasta el Cementerio de Caibarién, junto a la tumba de Manuel Corona, el compositor que la inmortalizó. Allí se les dedica una peregrinación cada año, durante el Festival “Longina canta a Corona”, que se realiza en la provincia de Villa Clara y se les canta, entre otros, el tema que ella le inspiró.

Manuel Corona falleció en La Habana un 9 de enero del año 1950. Es, sin dudas, uno de los grandes compositores de la cancionística y de la trova tradicional cubana. Un músico que se eternizó a través de su obra, que continúa enorgulleciendo a cada voz que con nuevos matices le devuelven su encanto.

 

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Sandra M. Busto Marín

Licenciada en Música con perfil de flauta. Diplomada en Pedagogía y Psicología del Arte, Pedagogía Musical y Educación por el Arte. Máster en Arte. Todo en el Instituto Superior de Arte de La Habana.

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