Enrique Richard: la tinta de la memoria y la comunicación
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El aire en la oficina huele a pasado, a tinta de serigrafía y a papel guardado. Mientras habla, Enrique Richard López, fundador de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (ACCS) en Cienfuegos, parece extraído de una de aquellas vallas que, según cuenta, poblaban las carreteras del territorio. Conversar con él en ocasión de los 31 abriles de esa organización, es abrir un álbum donde las imágenes no están pegadas, sino pintadas con la paciencia de quien sabe cuánto perdura un mensaje cuando se hace con oficio y corazón.
Todo comenzó con una reunión fundacional y una convocatoria. La voz de Richard arrastra el eco de abril de 1995, cuando llegó a la ACCS con las manos manchadas de óleo y la certeza de que el diseño es también una forma de servicio.
“Ángel Álvarez Machado, entonces director de la Unidad de Propaganda, donde yo era el jefe del taller de pintura, me invitó a fundar la Asociación, y así entré, como diseñador en la rama de los creativos”, comenta.
Sus palabras dibujan una ciudad vestida de mensajes. Doscientas cuarenta vallas, guardianas de las entradas, hablaban a los transeúntes. Carteles serigráficos, nacidos en su taller, anunciaban jornadas deportivas, semanas de cultura, efemérides.
“Era una época de recursos”, susurra, y en su suspiro se percibe la nostalgia de un tiempo en que la propaganda era un arte colectivo, un pulso constante entre la idea y la pared.
Pero Enrique no es solo un custodio de recuerdos. En él, el pasado no se archiva; se siembra. “Lo aprendido en esos 20 años –el trazo, el color, la composición– sigue vivo”, afirma, y sus ojos brillan al mencionar el proyecto comunitario “Creciendo”, el cual lidera desde 2002. Allí, en el barrio, la comunicación social vuelve a sus raíces: es pincel que ilustra un diploma, es palabra que convoca, es la mano tendida que pinta un futuro posible donde los recursos escasean, pero la inventiva no.
“La Asociación no era solo reuniones”, rememora. “Eramos un grupo dedicado a crear exposiciones con un propósito: el bien público. Hoy, con las redes y el afán del día a día, aquello puede parecer lejano. Pero la esencia es la misma. Se trata de conectar, de tocar fibras, de usar cada herramienta –desde un pincel hasta un post– para decir algo valioso, que mejore aunque sea un mínimo la vida de alguien”.
Hoy percibe como uno de los mayores retos el conocimiento y la aplicación de la Ley de Comunicación, aspecto que considera crucial para el desarrollo de esta importante disciplina.
En la figura de Enrique Richard López: fundador, artista, comunicador, se unen dos orillas: la del oficio manual y la del mensaje digital, la de la memoria y la de la esperanza. Su historia no es solo un capítulo de la ACCS; es la prueba quieta y persistente de que comunicar, en esencia, es un acto de fe en los demás.
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