El arte en manos de todos

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Grandes discusiones empiezan en la red social X, y a veces es solo allí donde toman mayor fuerza. Ejemplo de esto es la creciente disputa sobre la piratería, específicamente de mangas japoneses y manhwas coreanos.

Hace varios días, las autoridades españolas junto con las empresas coreanas Kakao Entertainment y Webtoon realizaron un operativo donde eliminaron la página TUMANGAONLINE (TMO) y arrestaron a los administradores de la misma. Esta web era el mayor archivo digital de manga y manhwa en español, donde se encontraban obras perdidas o nunca traducidas a nuestra lengua.

A esta discusión se unieron varios mangakas (nombre de los creadores de mangas japoneses), quienes dieron sus opiniones sobre el tema de la piratería de sus obras.

Kei Urana, autora de Gachiakuta, compartió en X sus sentimientos sobre el asunto, expresando que leer gratis destruye el valor del manga japonés, un legado que se construyó con el sudor y sacrificio de sus autores, ya que cuando obtienes algo gratis después te acostumbras a no pagar por ello.

La recepción a sus comentarios fue mixta, pero hay una verdad que no puede ser ignorada: gracias a la piratería ha crecido la cantidad de consumidores de manga, manhwa y anime en el mundo occidental.

Los países hispanohablantes no eran un mercado prominente para este tipo de contenido, pues las editoriales preferían no gastar su dinero en traducción y publicación, creyendo que nadie iba a consumir el producto. Pero, con la llegada de la piratería, el público aficionado al manga y al anime creció, y esto obligó a las editoriales a traer desde Japón más ofertas.

Varias personas que consumen desde páginas piratas, si tienen la oportunidad, tienden a comprar las versiones oficiales por su deseo de apoyar a los autores. También es verdad que en muchos lugares se consume el manga de manera pirata porque no tienen acceso a las versiones oficiales o cuestan demasiado dinero para poder permitirse adquirirlas.

En varios países el manga es un producto muy caro. Aquí en Cuba, un solo volumen puede rondar entre los mil y los cinco mil pesos cubanos (si encuentras dónde comprarlos), por lo que no es una decisión acertada comprar un volumen de una obra que no sabes si te va a gustar.

En Japón, los lectores tienen acceso a las revistas que publican semanalmente las diferentes editoriales, donde aparecen todos los capítulos de las series en curso o de las que empiezan en ese número. Es una buena manera de probar las nuevas obras y decidir si merece la pena comprar el volumen.

Pero en Occidente no tenemos esa opción, por lo que muchos recurren a la piratería para poder juzgar si el manga nuevo que acaba de empezar les podría gustar según sus preferencias personales, para luego comprar los volúmenes.

Cuando empieza la publicación oficial de una obra, varias páginas que permiten leer mangas dejan de hacer traducciones piratas y urgen a los lectores a apoyar a los autores mediante la lectura oficial.

Los autores tienen derecho a proteger su propiedad intelectual, pero también creo que deberían ponerse en el lugar de aquellos que solo a través de la piratería pueden disfrutar de lo que les gusta.

La piratería está mal, pero no es un fallo moral de la persona que la utiliza como forma de consumir los productos que le gustan, sino de aquellos que impiden un precio adecuado o, en algunos casos, el acceso mismo al producto.

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