El legado de Ali Jamenei
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Durante varias jornadas, el pueblo iraní todo, y representantes de más de 50 países, brindan el último adiós al Líder Supremo
El crimen se venía gestando desde muchos meses antes. La CIA, de Estados Unidos, y el Mossad, de Israel, fueron los encargados de recopilar información y brindar detalles sobre el momento en que se podía ejecutar.
El Presidente de Estados Unidos, informado al respecto, ordenó la movilización de sus fuerzas y medios militares en Oriente Medio, y fue el encargado de dar la orden de disparar contra el líder iraní, Ayatolá Ali Jamenei y sus más cercanos familiares y colaboradores.
Fue el 28 de febrero de 2026. Irán estaba de luto y el resto del mundo, además de la consternación por el vil hecho, comenzó a vivir una nueva pesadilla, aún sin terminar.
Satisfecho por el crimen ejecutado, el mandatario estadounidense escribió ese día en su red Truth Social que el máximo líder de Irán «no pudo evadir nuestra inteligencia ni nuestros sofisticados sistemas de rastreo, y en estrecha colaboración con Israel, ni él ni los demás líderes que murieron junto con él pudieron hacer nada».
Alí Jamenei estaba en su puesto de líder al frente de su país. Allí, fueron asesinados junto a él, su hija, Seyede Bushra Hoseini Jamenei; su nieta de 14 meses, Zahra Mohamadi-Golpayegani; su nuera, Zahra Haddad-Adel, y su yerno, el Dr. Mesbaholhoda Baqeri Kani.
Durante algo más de cuatro meses, han sido muchos los momentos en que la cuerda tensada pudo fracturarse y dar paso a un ataque nuclear, en el que los ejecutores podrían ser Estados Unidos o Israel, países portadores de grandes arsenales de armas de exterminio masivo, pero nunca sería Irán, que no ha tenido, ni tiene, ni concibe el arma nuclear como parte de su doctrina militar defensiva.
Ahora, cuando el pueblo iraní todo, y representantes de más de 50 países brindan el último adiós al Líder Supremo, los autores del atroz crimen debían convencerse, de una vez y por todas, de la fortaleza moral y combativa del pueblo persa, y de su unión, base fundamental, que lo ha llevado a grandes triunfos militares y diplomáticos.
Millones de iraníes, en la capital, Teherán, y en otros lugares del país, así como seguidores de su fe confesional en Irak, Líbano, Yemen, Palestina y otras naciones, también se han unido a las multitudinarias manifestaciones, de recuerdo y despedida de Ali Jamenei.
Hay que reconocer que el pueblo iraní y sus líderes, nunca han dejado abandonados a los palestinos que son víctimas del terrorismo sionista en Gaza, ni tampoco a la población libanesa, bombardeada a diario por el régimen criminal de Tel Aviv.
El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, afirmó en X que el Líder mártir nos enseñó que la mayor fortaleza de Irán es la unidad de su pueblo y llamó a preservar ese legado.
Igualmente, se le reconoce su visión civilizatoria, con compromiso práctico con la ciencia, la educación y el desarrollo nacional, y haber transformado el país de dependiente e importador, a lo que llamó una independencia activa.
En medio de las más severas e injustas sanciones impuestas por Estados Unidos y parte de Europa, manifestó que «no son un callejón sin salida» y hay que asumirlas como catalizadoras de avances científicos, industriales y en otras esferas.
A Jamenei se le consideraba un gran intelectual, que concebía como pilares determinantes la fe, el conocimiento y la resiliencia.
Fue siempre un defensor de lograr un liderazgo basado en la participación de los jóvenes en el proceso de construcción de un país moderno y con resistencia, que significa la negativa a someterse a la voluntad de las potencias hegemónicas.
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