Atienza y una impronta insuperable en la cirugía maxilofacial pediátrica en Cienfuegos

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Hace más de cuatro décadas y media la estomatología abrazó al doctor cienfueguero Leonardo Atienza Lois, especialista de II Grado en Cirugía Maxilofacial, e ícono de esa materia en la provincia. Atienza derrocha ímpetu y amor por su profesión. Su vida está sólidamente ligada al Hospital Pediátrico Universitario Paquito González Cueto, de Cienfuegos, institución en la que inauguró ese servicio que dirigió por más de 30 años.

¿Por qué la estomatología en una época en la que era difícil acceder a la carrera?

La carrera de Estomatología la pido estimulado por cosas que estuve viendo y por personas con las que me relacioné en Rodas y que me llamaban la atención, pero no porque conociera a fondo realmente cuáles eran sus características. Estudié en el preuniversitario, cuando terminé, opté por ella y la obtuve en el año 1974. Comienzo la carrera en La Habana, primeramente por las ciencias básicas, en la escuela Victoria de Girón, que era un concentrado tanto de Medicina como de Estomatología. La carrera es una de las maravillas que me ha pasado en la vida, no solamente por los conocimientos que obtuve, sino porque me sentía muy satisfecho desde el primer día. Tuve muy buenos compañeros y profesores, envidiables. También fui presidente de la FEU y terminé en el año 1978. Me ubicaron aquí en la provincia de Cienfuegos, en el municipio de Rodas, que es donde yo nací y trabajé en la clínica estomatológica, dedicado a todo.

Doctor, ¿cómo llegó entonces la cirugía maxilofacial?

Ya en el desempeño de la estomatología en Rodas, se brindaban cursos aquí en Cienfuegos. Déjame decirte que por primera vez existió un cirujano maxilofacial en la provincia en 1979, cuando se abrió el Hospital Gustavo Aldereguía Lima (HGAL). El doctor Julio Romero, que venía de formarse como especialista comienza y abre los servicios aquí en ese año. Posterior a eso iniciaron una serie de cursos junto a otros profesores, en un momento que incitaba a prepararte con ellos porque fueron personas muy dedicadas y muy profesionales. Así me fui interesando por la cirugía maxilofacial. Pedí la plaza para la especialidad y la obtuve en 1981. Así empecé como residente en el HGAL, en el servicio de cirugía maxilofacial. Transcurrieron tres años de estudio, de sacrificio, pero muy bonitos porque me dieron, aparte de la experiencia que logré, una gama de actividad en la especialidad que la fuimos desarrollando junto con otro compañero de residencia, el doctor Joaquín Vila, y nos pudimos graduar como especialistas en el año 1984.

Luego fundó el servicio de cirugía maxilofacial en el Hospital Pediátrico Universitario Paquito González Cueto. ¿Qué representó ese hito para usted?

Durante mi carrera, tuve un gran profesor, el doctor Neido Garzón, hoy desaparecido. Él me dio un gran ejemplo como persona y como profesional. Todo lo que pude observar a su lado sobre los pacientes pediátricos me motivó. Ocurre que se reabren las puertas de este hospital pediátrico en el año 1987 y con ellas los servicios quirúrgicos de todas las especialidades pediátricas en Cienfuegos. Yo llevaba tres años de graduado y hasta ese momento se hacían algunas operaciones de urgencia a los niños, en el hospital provincial. Los que iniciamos, oftalmólogos, ortopédicos, casi todos habíamos trabajado siempre con adultos. Tuvimos que reinventarnos y comenzar la vida nuestra atendiendo  a la infancia, que es muy linda, pero es realmente muy complicada. Todo no es siempre satisfacción. Una vez decido trasladarme al pediátrico, llamé a mi profesor a La Habana, y estuve seis meses adiestrándome. Cuando regresé, a inicios de 1988, realicé las cirugías iniciales con anestesia general, sobre todo en pacientes fisurados de labio y paladar, que por primera vez se operaban en una institución dedicada a la pediatría.

Sobre las cirugías, ¿cuáles han sido para usted los procedimientos más complejos a lo largo de su carrera?

Seré sincero; la pediatría es más compleja desde el punto de vista de la protección que debemos darle a los niños, no solamente porque los atendemos a ellos sino también a los padres, a los abuelos. O sea, debemos cumplir con nuestro rol como cirujano, satisfacer y acompañar a esa familia.

Yo diría que todo en el niño es complejo; claro, algunas cosas más y otras menos. Nosotros realizamos una cirugía diaria, básica, con anestesia local. En este caso dientes retenidos, malformaciones de la cavidad bucal, frenillos y otras alteraciones, generalmente a niños grandes. Pero la cirugía con anestesia general guarda más responsabilidad, preocupación y preparación.

Esas tienen que ver con las malformaciones congénitas pero, específicamente,  las de labio y paladar. A veces no se espera el nacimiento del niño fisurado y debe conducirlo tanto el cirujano maxilofacial como un equipo multidisciplinario compuesto por ortodoncista, protesista, psicólogo, foniatra, estomatólogos generales, y nosotros los cirujanos que realizamos la intervención como tal. Ese es uno de los grandes compromisos.

A su encuentro, a manifestar agradecimiento a usted y a su equipo han regresado muchos niños que hoy son adultos e incluso tienen hijos. ¿Qué sentimientos, qué emociones le provoca?

Uno no trabaja por el reconocimiento, uno trabaja por la satisfacción personal, que redunda en ese resultado. Ya he operado a niños de esos que fueron pequeños y hoy son adultos. La familia toda la vida reconoce y el paciente que nos encontramos en la vida social y nos reconoce, nos llama por el nombre y nos recuerda; entre otras cosas, no solamente porque han quedado bien, sino porque se les trata bien. Yo abogo y le doy a todo el que está alrededor mío la posibilidad de entender que a las personas deben atenderlas muy bien.

¿Cómo valora la formación de la nueva cantera de estomatólogos y cirujanos maxilofaciales?

Soy docente desde 1988, prácticamente desde que llegué a este hospital. La carrera de estomatología ha pasado por mí durante todos estos años. Todos los que se graduaron después del 88 fueron, de alguna forma, alumnos míos. Muy buenos alumnos, muy buenos profesionales, gente muy querida. En cuanto a la especialidad, la juventud de los últimos años hay que celebrarla. Tengo muchos compañeros, que fueron mis alumnos, que fueron mis residentes y que hoy por hoy están muy bien preparados. Pienso que la cantera es magnífica.

Usted estuvo, más de tres décadas al frente de este servicio, se jubiló, pero continúa. ¿Por qué permanecer?

No me puedo ir. Es difícil. Es difícil irse después que uno ha hecho tanto y que se ha tenido tantas satisfacciones. Y aparte de eso, el empeño, el empeño de seguir, el empeño de continuar, de quizás dar el ejemplo y de resolver a todo el que necesite de nosotros. Todavía puedo levantarme y vestirme y venir para acá con deseo. Todavía puedo estar en un salón cuatro o cinco horas y no pasa nada. Todavía estoy en busca de algo nuevo, que seguro vamos a encontrar.

¿Qué significan este hospital y los niños para usted, para su vida?

El hospital me tiene abrazado desde el año 1987. Es mi segunda casa. Todos decimos eso, pero yo pienso que es verdad. En este hospital no solamente he sido cirujano maxilofacial, en este hospital también he sido padre y abuelo cuando mis hijos y nietos han tenido necesidad de atención. Mis compañeros más importantes, yo diría que están aquí, independientemente de las amistades de toda una vida. Los niños son mi responsabilidad. Los niños son lo mejor que le puede pasar a un ser humano. Debemos estar claros que en un momento determinado, no queda más remedio que descansar, pero mientras que tenga salud y Dios me lo permita, estaré aquí.

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