África, Cabo Verde y un mundial de fútbol

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En días recientes recibí una invitación a un espacio docente donde el orador abrió la charla con una petición inesperada: “mencionen todas las capitales del continente africano que conozcan”. El auditorio quedó en silencio y no por desinterés, sino la evidencia palpable de cuánto desconocemos sobre un continente que sigue siendo ajeno a la narrativa global.

En favor de mis acompañantes y en mi nombre debo reconocer que logramos listar algunas capitales y luego investigamos las que no acertamos. El ejercicio nos golpeó con una lección contundente: no dialogamos sobre aquello que no aparece en los medios de comunicación. África sigue siendo un continente distante, a pesar de su papel trascendental en nuestra historia.

Los grandes emporios comunicacionales continúan dictando qué temas merecen nuestra atención, qué debemos comentar, cuáles debemos conocer. Tal fenómeno es tan añejo como las teorías de la comunicación y hoy continúa vigente. El mundo sigue en deuda con África.

Ya es hora de acortar la brecha entre el continente africano y el resto del mundo.

Similar vacío percibo en esta Copa Mundial de Fútbol 2026. A pesar de mis escasos conocimientos sobre equipos, tácticas defensivas o jugadores, desde el inicio me intrigó la presencia de los equipos africanos en la gran fiesta del balompié y a mi modo de ver, poco se ha hablado de ellos. El deporte reproduce las lógicas comerciales globales y jerarquiza a las grandes potencias.

La presente edición mundialista —seguida por millones de personas vía streaming, la televisión o por redes sociales— ha confirmado lo que muchos venían advirtiendo: el balompié africano ahora mismo ya no constituye una promesa, es una realidad tangible.

Por primera vez en la historia, nueve de las diez selecciones del continente lograron su pase a los dieciseisavos de final, firmando un 90% de efectividad en la fase de grupos.

Cabo Verde, la gran sorpresa del Mundial

Cabo Verde fue la gran revelación. Los “Tiburones Azules” terminaron invictos en su grupo gracias a un bloque defensivo sólido y a la figura de su arquero Vozinha.

Con apenas 525 mil habitantes, se convirtieron en el país más pequeño en alcanzar las rondas eliminatorias de un Mundial. Frente a Argentina rozaron la hazaña: forzaron la prórroga y estuvieron a punto de dejar fuera a una potencia mundial.

En Praia los recibieron como héroes nacionales, tras demostrar que su ascenso no es fortuito y sí fruto de la mixtura de factores entre los que se encuentra la transformación de la migración hacia Europa en un regreso de la diáspora a la selección nacional, además de la experiencia paralela en campeonatos de Élite, todo lo cual allanó un camino donde ya no solo muestran su potencial físico, sino que sobresalen por defender tácticas acertadas de juego. Si no, ¿cómo llegaron hasta aquí?

Cabo Verde ilustró como un país pequeño puede desafiar las jerarquías globales, remarcando la idea de que África no es “ajena” sino protagonista en el escenario mundial. Su logro no solo deportivo, sino también cultural y simbólico.

Párrafo aparte para Egipto que con su tempranero 1-0 hizo soñar a todo un continente y estuvo a punto de mandar a casa a un Argentina casi moribundo, que revivió con una remontada épica de tres goles en 15 minutos.

Así como ambos conjuntos desafiaron las jerarquías futbolísticas, África necesita desafiar las jerarquías globales.

La analogía es inevitable, porque ya es hora de acortar la brecha entre el continente africano y el resto del mundo. Hemos de atenderlo y reconocerlo más allá del instante fugaz de una Copa Mundial de Fútbol.

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