De-tener el tiempo: el paisaje como asidero de la memoria
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Deja que tu corazón viaje ligero. Porque lo que traigas contigo se
convierte en parte del paisaje.
Konrad Lorenz
Entusiasmados por la sinceridad del paisaje y esa capacidad de decir casi todo sin una sola palabra (Lorenz), el artista visual Vladimir Rodríguez Sánchez y su retoño, la sensible Alejandra Rodríguez Feria, recién premiada en el Salón de Fotografía Patrimonial, decidieron poner en el ruedo una selección de 60 fotografías de entre miles concebidas dentro de la disciplina de la fotografía y el género paisajístico, lo cual nos hace sospechar que se trata de un pretexto para denotar juntos los afectos no solo en esa búsqueda de hallazgos en nuevos paisajes, sino en percibir las cosas desde una nueva y personal perspectiva. Claramente, es un acto de complicidad entre padre e hija, al tiempo que sustentan la historia de cada paisaje, esa que leemos, esa que soñamos, esa que creamos, al decir de Michael Kennedy.

De-tener el tiempo constata que nuestra mirada crea el paisaje. Vladimir y Alejandra comparten el recorrido, los horarios (parafraseando al Manet impresionista, no se fotografía un paisaje, se fotografía la impresión de una hora del día), el espacio y los recursos para obtener las instantáneas; empero, los resultados difieren en los coloraturas, los ángulos, la expresividad de la naturaleza y las propias narrativas. Por caso, el primero venera los sepias, la segunda los azules. El padre es más romanticista en la puesta visual, la hija dramatiza los pulsos físicos de la naturaleza. Y es que el paisaje es un estado del alma (Amiel), que pertenece a quien lo aprecia, un asidero del espíritu del artista; por ello cada fotógrafo del género lo concibe diferente, pues se trata de subjetividades, de miradas distantes, empeñadas en tipificar el entorno. Por esa razón algunos paisajes son un enigma, otros, una explicación. En Vladimir se subrayan los sentidos, la urgencia de entender los avatares del espacio y el tiempo; él conoce la historia y la reconstruye desde la nostalgia. Alejandra, fiel a su generación, procura aprehender esa memoria a través del acto de la dramatización (tensiones somáticas, contrastaciones, ángulos insospechados), llegando a humanizarla, porque tiene la seguridad de que solo la persona feliz puede disfrutar del paisaje (Jeans).

Ambos tienen toda claridad, el paisaje es portador de las trazas del pasado y de los recuerdos; al tiempo que una reafirmación de los valores, pensares y sentires del artista. Por esa razón, es también asumir que detrás de cada imagen hay un motivo, un sentido y una reflexión. Al principio los cazadores de imágenes son incitados por la esteticidad del espacio, su belleza, pero en un final intervienen la puesta (a través de los ángulos, retoques, de los efectos y otras disposiciones). Justo, el teórico Juan Acha asevera que esa intervención es lo que precisa la condición artística de cada obra.

Los dos creadores tienen la certeza de que la naturaleza ofrece mucho más que lo que busca el artista y que no basta con descubrir un paisaje hermoso para conseguir una foto grandiosa. Por tal, ambos cuidan los recursos expresivos, la composición y los principios o leyes que animan el lenguaje fotográfico, se esfuerzan para lograr las novedades visuales. Es una apuesta púdica en pos del encomio profesional. A todas luces, “la fotografía de paisajes es la prueba suprema del fotógrafo y, a menudo, la decepción suprema” –dice el fotógrafo estadounidense Andel Adams. Esa prueba es superada con creces, gracias a la atinada concertación entre la técnica y las representaciones, al uso mesurado y eficaz de los celulares (ldemocratización de la tecnología) como instrumentos de captura.

De-tener el tiempo, cuya inauguración acontecerá el viernes 29 de mayo en los muros del Palacio Le Blanc, es un obsequio muy disfrutable de la familia Rodríguez y la notoria institución, la posibilidad de constatar que el paisaje es un asidero de la memoria.

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