Añoranza por todos Los hijos de la paloma

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Este 12 de abril se cumplen 182 años del natalicio de Adelaida Julia Saínz de la Peña, poetisa y narradora que figura entre Los hijos de la paloma, volumen firmado por la investigadora Aida Peñarroche Menéndez (Cienfuegos, 1956), lanzado por el sello local Ediciones Mecenas en 2013. Junto a de la Peña, aparecen allí otras personalidades (unas más y otras menos) reconocidas, en un libro imprescindible para quienes deseen conocer la semilla literaria que fue creciendo en el centro sur de Cuba, al menos -por ahora- en el primer período analizado (1819 – 1978).

Decimos “al menos” porque, en una reciente entrevista realizada por este semanario, Peñarroche, luego de 13 años, expresó que “sueña” con ver publicado el Tomo II del importante volumen, sin concretarse hasta el día de hoy por razones diversas que no vienen al caso, pero que lastran el loable empeño y los objetivos de esta ensayista, enfocados en ofrecer de manera asequible a los públicos todos esos próceres que enaltecieron (en menor o mayor grado) a las letras en la Perla del Sur.

Los fantasmas que deambulan por las rectilíneas y decimonónicas calles cienfuegueras, son tan respetables como los que (por poner algunas muestras) vagan por los puentes de Matanzas o como aquellas que convirtieron a la ciudad de La Habana en una zona de hechizo. Sus signos, de una forma u otra, se entremezclan: la olvidada Adelaida Saínz establece un imaginario contrapunto con Milanés, el desdichado Hurtado del Valle se cartea con Zenea y el visionario espíritu de Mercedes Matamoros reconoce antes que muchos otros que en José Martí lo cubano había alcanzado su expresión más alta”, refiere en los inicios de la obra, donde se desgrana en un comienzo la paradoja y las tensiones entre el pensamiento letrado en ciernes, con el de, por ejemplo, el fundador de la colonia Fernandina de Jagua, don Luis de Clouet, en una localidad que surgía por aquellos años como heredera del espíritu ilustrado de la época.

En las páginas 20 y 21 de Los hijos… se destaca por vez primera editado el texto del documento más longevo de la literatura cienfueguera, sumando más contradicción al asunto de los orígenes, al tratarse de una Oda que buscaba “limar” las asperezas con el carácter hosco de don Clouet.

A partir de ahí, la investigadora va realizando un análisis meticuloso de los sub-periodos, tomando en cuenta el panorama económico-social y el florecimiento que poco a poco fue adquiriendo la nueva villa en el plano cultural, con énfasis en el teatro, más la introducción en 1845 de la imprenta en el territorio, permitiendo así la posterior aparición de las obras de historiadores, cronistas y políticos con la publicación de La Hoja Económica, publicación pionera como medio de prensa acá.

Con este auge prometedor, los “hijos” van incrementándose en la medida que avanza el texto con nombres desconocidos por muchos como Pedro Oliver Bravo, Juan Lladó, Ginés Escanaverino de Linares, José María Buchaca y Freire, Jacobo Domínguez Santi alias El Escolar, Evaristo Casanova, y otros que poco a poco fueron abriéndose paso hasta convertirse en los precursores de la lírica cienfueguera como Clotilde del Carmen Rodríguez, Antonio Hurtado del Valle o la ya citada Adelaida Saínz. De esta última -al igual que los dos que la anteceden- son analizadas aquí las principales creaciones que han sobrevivido hasta el presente. A su vez, no se olvidan otras figuras que fueron acogidas por la pujante Cienfuegos, dígase la bayamesa Úrsula Céspedes de Escanaverino y la santaclareña Ana Fernández Velasco, más el curioso caso del “poeta esclavo” venido de Trinidad, Ambrosio Echemendía, y el “versificador” villaclareño Carlos Genaro Valdés.

La obra de Peñarroche va cerrando telones antes de llegar al lapso que dura la Guerra de los Diez Años con un “Epílogo esperanzado”, partiendo de un soneto fechado en 1867, el primero que apareciera impreso de la Matamoros, abriéndole así a los lectores una rendija sobre el lugar que ocupará esta celebrada poetisa en el segundo libro, que continúa esperando por su publicación.

El Tomo I de Los hijos de la paloma. Los primeros cien años de la literatura en Cienfuegos (1819-1878) forma parte de una trilogía ensayística, en la cual Peñarroche Menéndez vierte parte de las pesquisas realizadas en estudios anteriores, con algunos de los cuales ha obtenido importantes lauros como el Premio de Investigación Florentino Morales en dos ocasiones. Se ha ganado el respeto de sus colegas en el ámbito local y de la crítica nacional, pese a la pobre difusión de otros trabajos suyos en torno a personalidades de la talla de José Lezama Lima y Federico García Lorca.

Entre los Anexos del libro aparecen reproducciones de documentos y una lista ordenada con los nombre de periódicos en la época./Fotocopia: Del Autor.

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Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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