Amalia, Calendario y el rescate de los valores de la palabra escrita

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Satisface a una amante de la palabra palpar la eficacia de su alcance, y de eso da fe el guion de Amílcar Salatti para la serie audiovisual Calendario. Cada domingo, durante dos meses, la teleaudiencia cubana ha podido disfrutar en pantalla de una amalgama de situaciones sociales actuales en nuestro país, bordadas por el fino hilo lírico que la poesía ofrece.

Compensa aún más, conocer el criterio emitido por el guionista de marras a Juventud Rebelde, cuando refiere que basó su dramaturgia en la confianza del poder de la literatura.

Proveniente del vocablo latino litterae, que significa letra, la literatura, desde su génesis en los cantos gregorianos o de trabajo, es una forma de plasmar sentimientos, ideas, pensamientos; y además, sirve para dar a conocer acontecimientos de interés social.

A través del arte de la palabra puede conducirse la especie humana a un mejor destino, pues sus manifestaciones orales o escritas,dan a conocer diversas etapas de la historia, amplíanel léxico ycontribuyen al desarrollo social, emocional y cognitivo.

Lo más importante del basamento literario del libreto de Calendario ha sido preponderar el papel del lector o receptor (o sea, los alumnos), como constructores de sentidos.

A partir de las interpretaciones del estudiantado de versos clásicos o autores relevantes pletóricos de cubanía, corroboramos que la lectura sumerge nuestra memoria y adquiere perspectivas ante el texto, donde confluyen expectativas e imaginación, y de esta forma, los textos engrandecen el espíritu y el comportamiento.

La profe Amalia basa su comunicación en lo que el gran Gabriel García Márquez cataloga como “guías de lectura inteligentes”.

Sobre el tema abunda el Premio Nobel en el artículo Manual para ser niños, donde estipula que enseñar a leer, no es solo orientar la entrega de sinopsis u órdenes cronológicos mecánicos.

Las miras de las interpretaciones deben enrumbarse, como bien postula la profesora de la serie, a la posibilidad de soñar y vivir diferentes experiencias en otra piel, con solo cerrar los ojos.

El didactismo de Calendario va más allá, a Amalia, como personaje central, la salvó su profesora de Español y Literatura. El hecho además de humanizar la trama, muestra el basamento del arsenal de emociones que atesora la protagonista.

Similares objetivos cumplió la anterior telenovela Entrega con la enseñanza de la Historia. Si en esa ocasión aludimos a la coincidencia de la didáctica del profesor Manuel, con los postulados de educación liberadora de Paulo Freire, hoy agregamos otras loas a la actual propuesta de Amilcar Salatti, dirigida por Magda González Grau.

Son las alusiones a clásicos como Varela, Heredia, Luis Rogelio Nogueras, transmutados a un presente con diferencias sociales, con otros jóvenes, con otros códigos, cuando incluso estremece la disminución de aceptación del libro tradicional.

La serie rescata valores de la palabra escrita, propone un nuevo sendero del libro a signos factibles, enseña que la asignatura Español y Literatura es una herramienta de vida.

Nuestros parabienes a sus realizadores, quienes logran atraer y reflejar a una nación del presente, perfectible, diversa, pero pletórica de cubanía; otra apuesta a la vigencia de legados en pos de una verdadera educación liberadora, de diálogo y reflexión, la llamada “pedagogía de la esperanza”.

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Dagmara Barbieri López

Periodista. Máster en Ciencias de la Comunicación.

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