Identidades en contextos de cambios

Compartir en

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 32 segundos

El momento actual parece sumirnos en cierto desasosiego cultural ante la ruptura de muchos códigos relacionados con los proyectos históricos de cohesión social. La emergencia de nuevas necesidades y la multiplicación de los modos de satisfacción de las mismas, afectan las formas de vida cotidiana y la articulación de los lazos sociales de convivencia. Estas cuestiones también afectan el desarrollo de la vida pública; tanto la función mediadora de las instituciones sociales y políticas como la construcción de significados culturales que dan sentido a los diversos modos de ser, vivir y pensar. Mientras las instituciones de mediación pierden sus roles tradicionales, se instala en los sujetos la apatía por lo social y la deshistorización de las pertenencias colectivas.

Estas dificultades permean la construcción de la identidad, la distribución del capital simbólico y cultural se vuelve vital en una sociedad amenazada por las dificultades en la integración.

Los sistemas de las instituciones de mediación simbólica que han sido espacios de construcción de lo público en la relación social también pierden su posibilidad de suturar lo social. Al mismo tiempo que los comportamientos sociales están cada vez más atravesados por las patologías del vínculo social.

Los riesgos de desafiliación al empleo y a la familia afectan especialmente a los jóvenes. La ausencia de estas redes de contención afecta también la construcción de las identidades. La vivencia de estas desafiliaciones en la vida adulta llevan desconfiar del lazo social y a sentir el retorno a las condiciones iniciales de integración social, esto se agrava en los jóvenes que se integran a la sociedad con menor capital cultural, y se los condena a la sensación de despertenencia social.

Las mediaciones simbólicas son en nuestro tiempo cada vez más complejas. Por su parte las mediaciones masivas constituidas por los medios de comunicación deben ser reconstruidas en sus significados y desmitificadas para el ejercicio no solo de una teleparticipación sino de una participación creativa en las propias condiciones de vida.

La separatividad de lo social que implica cualquier proceso de deshistorización es una consecuencia que rompe las cadenas intergeneracionales, permea la sensación de ausencia de proyecto histórico y de proyectos colectivos. El individualismo y la desconfianza hacia los otros, se agravan cuando comienza a percibirse que la igualdad es un valor deslegitimado.

Es necesario que cada sociedad esté consciente de cuáles son los elementos y  símbolos que la caracterizan y que cada ciudadano se sienta identificado con ella, que en cada escuela se le eduque a los niños y jóvenes a partir de su historia y de los elementos culturales que han trascendido a lo largo del tiempo y que no los posee otra sociedad en todo el mundo: eso es identidad.

Por otra parte, la globalización en sí misma es un proceso continuo y dinámico, que desafía las leyes de los países en su forma de regular el funcionamiento del comportamiento económico de los individuos a nivel internacional.

Dentro de este proceso, uno de los sectores más victimizados son los jóvenes, ya que están expuestos al látigo de este lenguaje global y con ello a ser convertidos en consumidores de estos productos globales sin importar su cultura o sus modos y condiciones de vida.

Si realizamos un ejercicio empírico de observación podríamos afirmar que los comportamientos y actitudes de los jóvenes de nuestro entorno actual son fruto de la globalización, los medios de comunicación, la pérdida de valores morales, y familiares, así como el deterioro de la esperanza para determinadas oportunidades. También podríamos agregar que los problemas económicos son un elemento constante de la juventud, cuyas causas implican analizarla desde la perspectiva de las características de clase, raza, religión y pertenencia o no a un grupo social determinado.

A los jóvenes se les ha visto desde dos perspectivas: como sujetos de cambio y como problema social. La primera mirada concibe a la juventud desde la transgresión social y la rebeldía; encargándose de dirigir las transformaciones sociales y la modernización. Existe una contribución sustancial de la juventud a la construcción y renovación de la sociedad desde las manifestaciones colectivas como los movimientos estudiantiles o las expresiones estéticas en la vestimenta, la moda o la música.

La globalización, si bien puede ser considerada como una palanca al desarrollo, también se constituye como una herramienta que promueve la pérdida y desarraigo de las identidades. En este caso la de nuestra cultura.

 

*Doctora en Ciencias Históricas 

Visitas: 0

Alegna Jacomino Ruiz

Doctora en Ciencias Históricas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *