Martí y Venezuela, tierra de nuestros afectos
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“… ¡pero a Venezuela, como a toda nuestra América, a nuestra América desinteresada, la hemos de querer y de admirar sin límites, porque la sangre que dio por conquistar su libertad ha continuado dándola por conservarla!” Así se expresa José Martí en el discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en honor a Venezuela.
Parecieran palabras dichas ahora mismo, cuando el imperio ha descargado sobre la hermana nación su odio más irracional y cual dueño del mundo no solo ha bombardeado y secuestrado a su presidente constitucional y electo por el Pueblo, Nicolás Maduro Moros y la primera combatiente Cilia Flores, sino que no esconde su apetencia por los recursos naturales como el petróleo.
Cual aldeano vanidoso, para seguir con palabras martianas, el inquilino de la Casa Blanca cree que el mundo entero es su aldea y sin rubor alguno se sentó a “disfrutar” el artero ataque a la tierra de Bolívar y Chávez como si de un show o película de comando se tratase. Pero no basta con eso; además lanza amenazas contra otros pueblos y gobiernos que no son de su agrado porque, sencillamente, no se dejan doblegar; Cuba entre ellos, por supuesto.
Y henos compartiendo con la nación que acunó al mejor amigo de la nuestra toda la solidaridad que pueblo alguno puede ofrecer; una solidaridad que se concreta en diferentes misiones que contribuyen al bienestar de su gente. El personal médico, por ejemplo, permanece ofreciendo sus saberes, curando enfermedades, pero también ofreciendo amor y respeto.
32 hombres ofrendaron sus vidas cuando el enemigo secular de los pueblos de nuestra América pretendió enseñorearse de la tierra de Bolívar. No lo hicieron buscando la fama; ni en un acto suicida o de irresponsabilidad; lo hicieron en cumplimiento del deber, porque ser internacionalistas es saldar nuestra propia deuda con la humanidad.
En carta a Fausto Teodoro de Aldrey, fechada en Caracas, el 27 de julio de 1881, nuestro Martí aseveró: “Y de la América a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles, ni de su cuna reniegan hijos fieles. Dime Venezuela en que servirla; ella tiene en mí un hijo”.
Por miles se cuentan los cubanos que, en Venezuela, han dejado una huella solidaria; no son ni serán los únicos. En ellos, como en José Martí, habrá siempre hijos dispuestos.
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