La voz de Nayirah: la mentira que se usó para la intervención de EE. UU. en Irak
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En 1990 ocurrió lo que todavía se considera uno de los hitos modernos de la propaganda utilizada para justificar un conflicto armado. Todo empezó con el testimonio de una niña kuwaití de 15 años ante el Congreso de EE. UU.
Su declaración se produjo en agosto, tras la invasión de Kuwait por parte de Irak, mientras el presidente estadounidense George H.W. Bush abogaba por una intervención militar e intentaba convencer a la opinión pública y a los legisladores.
El 10 de octubre de ese año, ante un Grupo parlamentario del Congreso sobre Derechos Humanos, la adolescente, entre sollozos, declaró que acababa de salir de Kuwait y que, cuando su familia se marchó del país, ella había decidido quedarse para ayudar como voluntaria en el hospital Al Adan.
“Estando allí, vi a los soldados iraquíes entrar al hospital con sus armas de fuego, sacar a los bebés de las incubadoras, llevarse las incubadoras y dejar a los bebés morir en el frío suelo. Fue horrible”, relató.
Sus palabras fueron decisivas. El 17 de enero de 1991, tan solo tres meses después de esas declaraciones, EE. UU. lanzó la Operación Tormenta del Desierto junto a una coalición internacional, lo que dio lugar a la Guerra del Golfo, que concluyó con la retirada iraquí y la liberación de Kuwait el 28 de febrero del mismo año.
La declaración de Nayirah
La joven de 15 años que compareció ante la Cámara se presentó solo por su nombre de pila: Nayirah. En aquel momento se afirmó que no se aportarían su apellido ni otros datos personales como medida de protección para ella y su familia ante posibles represalias iraquíes.
Las declaraciones fueron retransmitidas por todo el país y citadas después, de manera reiterada, por senadores y por el propio presidente Bush en sus alegatos a favor de iniciar un conflicto militar.
La adolescente no era una menor cualquiera. Una vez concluido el conflicto, se supo que su nombre completo era Nayirah Al-Sabah y que era hija del embajador de Kuwait en EE. UU., Saud Nasser Al-Sabah.

También se descubrió que su testimonio formó parte de una campaña organizada por la asociación Ciudadanos por una Kuwait Libre y dirigida por la firma estadounidense de relaciones públicas Hill & Knowlton, contratada por el Gobierno de Kuwait.
Nadie lo comprobó
El testimonio de Nayirah significó un punto de inflexión para la opinión pública estadounidense sobre su apoyo a la guerra, al convertir a Sadam Hussein en un “monstruo” capaz de llevar a cabo las mayores atrocidades.
En ese entonces, habían pasado solo 15 años del fin de la guerra de Vietnam y los estadounidenses todavía eran muy reacios a la participación en cualquier conflicto en el exterior. Además de una opinión pública contraria, en el Congreso los votos estaban muy divididos y no había certeza de que se pudiera conseguir el apoyo para una intervención armada.

En ese escenario, el testimonio de Nayirah fue clave y empujó la balanza a favor de la intervención. Nadie se molestó entonces en averiguar si sus afirmaciones eran ciertas.
No solo los medios nacionales e internacionales validaron la historia, sino que también la dieron por buena organizaciones como Human Rights Watch (HRW) e incluso Amnistía Internacional (AI), que llegó a dar la cifra de 300 bebés asesinados en ese inexistente atentado.
Ni en Kuwait había ese número de incubadoras, ni existía ningún otro testigo o prueba que respaldara las afirmaciones de Nayirah. Pero nadie indagó.
Primera guerra televisada
La Guerra del Golfo se considera como la primera guerra televisada en directo, pero con una cobertura por parte de los medios radicalmente diferente a lo que sucedió en Vietnam. Se inauguró la época de los periodistas empotrados, es decir, grupos de reporteros que se trasladaban con las tropas estadounidenses y que solo veían lo que estas querían mostrar.
Así, a pesar de que el mundo entero contempló imágenes en directo del lanzamiento de misiles, en realidad no había ojos sobre el terreno que pudieran comprobar o refutar las afirmaciones de las autoridades. Y los descubrimientos, como el del falso testimonio de Nayirah, se desvelaron mucho después.

Con la información totalmente controlada, el Pentágono lanzó mensajes que nadie pudo refutar, como supuesto el uso de bombas teledirigidas que impactaban siempre en el blanco, mostradas en ruedas de prensa, dando una imagen aséptica del conflicto. Sin embargo, la realidad era otra. El 93 % de los explosivos utilizados para atacar Irak eran bombas convencionales no guiadas.
No fue hasta que acabó la intervención militar cuando se realizaron investigaciones en todos los hospitales del país, incluido el citado por Nayirah, que desvelaron que la escena narrada y tan difusamente publicitada nunca existió.
Décadas de presencia estadounidense
La guerra del Golfo dio inicio a décadas de presencia estadounidense, que se afianzaría a partir de 2003 con la guerra del Irak. En la actualidad, miles de soldados y contratistas militares que aún continúan en ese país.
El tipo de propaganda utilizada por Bush padre fue perfeccionada años después por su hijo, George W. Bush, quien esgrimió hasta la saciedad la existencia de armas de destrucción masiva en poder de Hussein, con el único objetivo de respaldar su invasión de Irak.
La operación dejó a Irak sumido en una cruenta guerra civil, mientras nunca se halló rastro de las supuestas armas.
Así, la supuesta defensa del derecho internacional y las denuncias de supuestas violaciones de derechos humanos se revelaron como la carta favorita de EE. UU. para forzar intervenciones y controlar los recursos naturales de un país como Irak, que tiene la quinta mayor reserva probada de petróleo del mundo y cuya reconstrucción posterior reportó ingentes beneficios a multitud de compañías estadounidenses.
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