Adnaloy bajo el cielo del teatro
El teatro puede tener su propio olor. Sus propios ojos, su propia voz; una garganta que vibre, un jadeo incontrolable. El teatro puede ser un frenesí.
Leer másEl teatro puede tener su propio olor. Sus propios ojos, su propia voz; una garganta que vibre, un jadeo incontrolable. El teatro puede ser un frenesí.
Leer másCuando todos se inscribían en las nóminas de las grandes compañías de danza de Cuba, ella llenaba el espacio vacío en la casa de cultura de Cumanayagua.
Leer másAtilio Caballero camina por la ciudad con pasos largos. Tuerce de vez en vez su pelo crespo que siempre esconde debajo de una gorra. Su rutina matutina después del café descansa sobre una bicicleta.
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