El legado de Henry Ford para Cuba: Crónica de una visita a La Habana

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Pese a los desaciertos de los políticos cubanos en las tres primeras décadas del siglo XX, matizadas por intervenciones militares, el olvido de las promesas veteranistas, el inicio de la corrupción político-administrativa en la silla presidencial de la Cuba republicana y la consolidación de los males sociales heredados de la administración colonial, la Mayor de Las Antillas representó un espacio geográfico de modernidad dentro del continente.

El arribo de las nuevas tecnologías y el desarrollo de las ya existentes condicionaron que La Habana se convirtiera el lugar de obligada visita de innovadores, científicos, actores y políticos de encumbrados prestigio. Es imposible dejar de soslayar las estancias de William Howard Taft, en 1909, casi a las puertas de su campaña presidencial, que lo convertía en el vigésimo séptimo mandatario de los Estados Unidos; el emblemático cantante de ópera Enrico Caruso, en 1920 -quien también se presentó en el Teatro Tomás Terry de la ciudad de Cienfuegos-; el reconocido Premio Nobel de Física Albert Einstein, en 1921; y el argentino Dr. José Arce, Rector de la Universidad de Buenos Aires, en 1922, quien estuvo fuertemente ligado a la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918; por solo citar algunos ejemplos.

Pero sin lugar a dudas, unas las visitas más aclamadas por la sociedad cubana de la época fue la de Henry Ford. El creador de la Ford Motor Company e implementador del sistema de cadena o montaje arribaba a la Isla en marzo de 1926 como parte de la delegación de los Estados Unidos que asistiría al Congreso de Automovilismo.

Su personalidad no era del todo ajena al ajetreo diario de los cubanos. Ya desde 1912 habían llegado al territorio nacional los primeros autos producidos por la compañía antes mencionada: los Tipo A. La carta de presentación de los mismos estaba sustentada en bajo costo de adquisición, la rapidez de su desplazamiento y éxito absoluto adquirido en el país norteño. Entre 1913 y 1914 desembarcaron en el puerto habanero los Tipo T en sus dos versiones: Coupe de dos puertas y Sedan de cuatro puertas. El nuevo modelo tenía una capacidad de transportación de dos a cinco pasajeros, incluido el chofer, con espacio además para el cargamento de pequeños equipajes.

El irrumpir de los autos marca Ford dentro de la sociedad cubana no tuvo competencia, en tanto el propio estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) trajo como resultado el estancamiento de la industria automovilística europea. De este modo, las marcas FIAT, Mercedes, Hupmobile y Renault, Berliet y otras tantas cedieron espacios y preferencias ante el fenómeno del fordismo.

También, se produjo su inserción en circuitos de carreras que se realizaban asiduamente en el Hipódromo de Almendares. Resulta válido destacar que el piloto cubano Ernesto Carricaburu compró, en 1914, un lote de diez autos Ford Tipo T e inauguró la primera piquera de taxis pública que operó en la historia del país, radicada en los alrededores del Parque Central.

En su visita a la capital de todos los cubanos, Henry Ford venía acompañado de su esposa Clara Bryant y del ingeniero en jefe de la Ford Motor Company. Según algunas crónicas periodísticas de la época, la icónica figura del automovilismo mundial desembarcaba de su yate Sialia y vestía un atuendo muy modesto comparado con su poder adquisitivo: un sombrero de pajilla, un flus verde gris, corbata de piqué blanco y zapatos del mismo color; y una camisa ligera de uso tropical.

El recibimiento estuvo a cargo del Sr. Laurence Ross, agente general de la marca Ford en Cuba durante estos años. Durante su recorrido por las calles habaneras, prestó mucha atención al ir y venir de sus creaciones, los precios de los mismos y las características propias de esta urbe. Fue precisamente la dependencia del Sr. Laurence Ross el primer local visitado por Henry Ford. Los empleados agasajaron su presencia e hicieron preguntas, casi todas relacionadas con la mecánica, que demostraron al visitante el impacto generado dentro de la sociedad cubana por sus autos.

Arribo de Henry Ford al puerto de La Habana, en 1926

No obstante, la sorpresa de Henry Ford ocurrió al salir de la dependencia al contemplar un coche de siete asientos marca Ford. Dicho automóvil era toda una novedad, pues el Sr. Laurence Ross había transformado un modelo Tipo T en los talleres de carrocería de La Habana. Henry Ford lo examinó detalladamente y solo atinó a expresar: “Es una curiosidad”.

Durante su corta estancia en La Habana, un poco más de una semana, el célebre visitante desarrolló excursiones automovilísticas diarias, que en su opinión, quedó encantado con el pintoresco paisaje de la geografía nacional. Visitó, además, varios ingenios azucareros y participó en el congreso antes mencionado.

Sin embargo, la visita de Henry Ford a la Isla quedaría calada para siempre en el imaginario social de los todos los cubanos, aunque en la actualidad muchos ignoremos dicha herencia. El primer legado provino del sistema de arranque del Ford Tipo T. Este modelo no poseía arranque eléctrico, por lo que había que darle el impulso necesario con una palanca ubicada en la parte delantera, maniobra que se conocía en el día a día como “darle cranque” (cubanización del término inglés crank que significa manivela). A parte de ser muy fastidioso para los conductores, no se lograba a la primera el encendido del auto lo que generaba cierto esfuerzo físico de estos. Es por ello, que este procedimiento se convirtió en la inspiración para una frase popular cubana que hasta nuestros días permanece: “darle cranque” que simboliza convencer insistentemente a alguien para que tome una decisión, haga algo o tan solo para bromear.

Otro de los hermosos legados dejados por Henry Ford y sus maravillosas máquinas fue la palabra fotingo. Dicho término se generalizó en 1927, un año después de su visita a la Isla, cuando se produjo el último Ford Tipo T para darle paso al Tipo A, que trajo consigo numerosos cambios tecnológicos, como las llantas metálicas, el arranque eléctrico de seis voltios y los cambios de pintura en su carrocería.

Sin embargo, la nueva actualización de la marca no significó el olvido de la funcionabilidad práctica por el otrora modelo y, por ende, el agradecimiento permanente de los cubanos que lo convirtieron en objeto de culto y admiración. Es por ello, que desde estos años hasta nuestros días cuando se avista un Ford Tipo T todos expresamos la palabra fotingo, que proviene de la cubanización de la frase inglesa foot it and go, que significa pie y vete.

Después de Henry Ford, otros tantos personajes célebres visitaron a la Isla. Entre estos, sobresalieron los mafiosos mundialmente conocidos Lucky Luciano y Mayer Lansky en la década del 40, el comediante mexicano Mario Moreno Cantinflas en varias ocasiones, las más resonadas en 1944 y 1956; y más cercana en el tiempo, la del primer cosmonauta de la historia Yuri Gagarin, en 1961.

Sin importar los regímenes políticos existentes ni las coyunturas mundiales, Cuba ha tenido siempre ese hálito de misterio que obliga a estos personajes célebres a visitarla y quererla. Todos, de una manera u otra, han dejado su huella en una historia de amor, en alguna frase emblemática que persiste en la jerga popular, en uninmueble y hasta en nuestra memoria.

Tal vez no seamos una potencia mundial, pero la idiosincrasia de los nacidos en este rincón del Caribe enamora a todos los habitantes del planeta. Por eso, ¡sintámonos orgullosos de nuestra historia y del ajiaco cultural que somos!

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Dariel Alba Bermúdez

Profesor e investigador de la Universidad de Cienfuegos ¨Carlos Rafael Rodríguez¨. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC)

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