Aniversario XXX del Estudio de Grabaciones Eusebio Delfín, de Cienfuegos

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Tres décadas nos separan del 22 de abril de 1996, cuando se abrieron las puertas del primer estudio de grabaciones en el centro del país. Este acontecimiento había sido una quimera, que desde ese momento asumió Cienfuegos, junto a la responsabilidad de rescatar la memoria histórica y registrar el presente creativo de esta parte de la Isla, fundamentalmente. Se logra a partir de la idea original del trovador sureño Lázaro García Gil y de su gestión. Entre sus mayores aciertos estuvo el convocar a un grupo de creadores en quienes depositó toda su confianza y así conformó un equipo que otorgó renombre al estudio. Estuvo vinculado a este centro hasta sus últimos momentos.

Muchas son las historias y anécdotas que se pudieran recoger en estos años, pero invité a dos creadores, José Julián Díaz Moreno, conocido en el mundo artístico como Pepe El Manco y Roberto Novo, para que pudieran contar, de primera mano, sobre esta experiencia. Ellos son solo dos voces, entre una extensa lista del personal que allí ha laborado en diferentes áreas, detrás de los sonidos que hoy podemos escuchar.

Pepe El Manco es un músico villaclareño octogenario con una extensa carrera y reconocido como uno de los saxofonistas más prestigiosos del centro de Cuba.  Aquí en Cienfuegos, tuvo la oportunidad de incorporarse al equipo especializado del Estudio de Grabaciones Eusebio Delfín como productor, durante su primera década de fundado. Según su testimonio: “Cuando vine de Santa Clara para Cienfuegos, comencé a trabajar con Esequiel Villa, el pianista y tecladista, en el Palatino, frente al Parque Martí. Me invitaron a tocar en una grabación en el estudio y cuando me conocieron comencé a grabar y colaborar regularmente con varias producciones. Debido a las relaciones que hice allí y al ambiente que había en el estudio, me propusieron quedarme y ser productor.”

“La responsabilidad de un productor es inmensa. Te diría que por muy bien que toque una agrupación, o un solista, ese musico que está ahí se está jugando todo con el productor, porque le puede destruir o conducir al éxito ese disco, que está realmente en sus manos. Por muy bien intérprete que sea, un mal productor te puede echar a perder ese trabajo. Y al revés, puede salvar y mejorar el resultado de ese músico.

“El productor es el que dirige el camino que puede tomar esa obra, está en función de todo. A la hora de ecualizar, ahí mismo tiene ya gran parte para ganar o perder. Tiene que ver con cada detalle, los arreglos principalmente, porque si están en malas condiciones, hay que cambiarlos. Ha sucedido que llegan agrupaciones a grabar y no hemos estado, como productores, de acuerdo con uno de los músicos y hay que buscar otro que reúna las cualidades. Eso ha sucedido y trae problemas, pero puede echar a perder el trabajo. Fíjate cómo se la juega un productor y la importancia que tiene en todos los sentidos.

“Los grabadores son fundamentales, los que había allí eran buenísimos, Boris Brito, Rosendo Selím, Daniel Legón. Es un trabajo en equipo.”

A sus 87 años y con toda su extensa experiencia dentro del panorama musical, Pepe se emociona cuando recuerda esta etapa de su vida ligada a la sureña ciudad; principalmente cuando me habla de su amigo Jesús Pucho López, importantísimo tecladista, arreglista y productor villaclareño, que dejó una huella importante durante la primera etapa de creación del Estudio Eusebio Delfín.

Pepe: “Venían músicos nacionales a grabar acá, Pucho López y yo le hicimos el disco a Beatriz Márquez, Alas al viento. Pucho fue estelarísimo en todo lo que hizo. Su saxofonista siempre era yo. Concebía los arreglos con los solos de saxofones para mí. Inclusive, casi hicimos el disco de Beatriz Márquez entre nosotros dos solos, casi, porque también participó Eduardo Rodríguez en la trompeta, en algunos números. En esos momentos le hizo un disco a la cantante santaclareña Marlén Rodríguez Anido, en que él secuenció todos los instrumentos que aparecen allí, menos el saxofón, que lo puse yo. Pucho fue determinante en esta primera época. Él tiene que estar presente cuando se hace un homenaje al Estudio Eusebio Delfín. Cuando se habla de música, hay que mencionar a Pucho López y en el estudio Eusebio Delfín, más todavía. En Pucho había mucha entrega en todo lo que hacía.”

Quisiera añadir a las palabras de Pepe que el estudio aupó a múltiples creadores e instrumentistas de renombre y sirvió como epicentro de encuentro y elemento fundamental para la preservación del patrimonio sonoro y difusión de nuevas figuras. A partir de estas grabaciones, los músicos tuvieron en sus manos la posibilidad de llevar su obra a emisoras de radio y poder situarse dentro de la industria de la música. Todo esto contribuyó a una mayor difusión del talento regional.

José Julián Díaz Moreno, Pepe el Manco (Al centro) y Magic Sax Quartet, en la celebración de su cumpleaños 87.

Es oportuno señalar que también consagradas figuras del pentagrama nacional, prefirieron venir a Cienfuegos a grabar. Esto favoreció mucho el vínculo cultural, abriendo oportunidades tanto para instrumentistas, como para proyectos.

Roberto Novo, trovador, compositor, productor discográfico, importante figura dentro del mundo musical cienfueguero y otro de los protagonistas del estudio, al invitarlo a dar su opinión sobre este tema comentó: “Creo que el Estudio Eusebio Delfín dotó a Cienfuegos, especialmente, por estar situado aquí, de una herramienta muy necesaria para los músicos y los artistas de la ciudad y además de eso le sumó una especial cuota de distinción artística. Un poco despertó a Cienfuegos de la monotonía musical que quizás existía y pasó a ser, desde su inauguración, un lugar especial dentro del mundo artístico, específicamente el musical en la ciudad. Eso fue muy bueno porque los músicos sabían que ahí había un estudio donde se podía grabar y trabajar profesionalmente.

“Creo que el estudio es muy necesario aún. Debería replantearse su utilidad y enfocarse, a pesar de los malos tiempos que corren, en ese primer objetivo que tuvo Lázaro García con él, que sirviera de casa o taller a mucha obra linda e importante que lamentablemente se perdió o se va a perder. Todavía estamos a tiempo de quizás salvar eso y lograr que el estudio sea parte de la construcción de un tesoro musical que siempre será más importante que todos los dineros y otros tesoros que tanto sobrevuelan por estos tiempos.

“Luego, entre otras crisis y problemas burocráticos y absurdos, el estudio cayó en una especie de tranquilidad creativa, creo que se potenció en un momento más la parte económica y se olvidó un poco la necesidad de que también fungiera como un lugar donde se atesorara mucha música buena que se hacía en la región central del país, que no tenía prácticamente acceso a los estudios de La Habana. Estas crisis ligadas, paradójicamente, al avance de la tecnología, fue mellando un poco su vida linda y útil. Y digo lo de la tecnología porque después cualquiera tenía una tarjeta de sonido en la casa, un buen micrófono, un estudito con ciertas condiciones y muchas producciones se hacían a golpe doméstico, como se dice. Luego también influyó, por supuesto y es parte de esa crisis que hablaba, el declive del tema discográfico, hablando ya de temas como la distribución y producción, etc, de los discos y eso también afectó un poco la vida útil del estudio.

“Como productor musical… bueno, como todos los que en ese momento trabajábamos en el estudio hacíamos un poquito de todo y teníamos el deseo y la aspiración de sacar adelante aquel necesario y lindo proyecto, y por eso trabajamos muchísimos ahí. Fui juez y parte de las primeras cuatro producciones que hizo el estudio con el sello Ahí- Namá. Participé como parte del equipo de trabajo del estudio y como músico, mi hermano y yo, Los Novo, fuimos una de las producciones que se hicieron. Y después vinieron otras muchas en las que participé. Especialmente recuerdo la primera producción discográfica de La Tía Rosa y las que le siguieron después. En todas estuve presente como productor musical, entre muchas otras, incluidas grandes obras que se hicieron en el estudio.”

Agradezco a Pepe y a Roberto por departir sus memorias. Como estudiosa de la música, pienso que queda mucho aún por registrar dentro de la obra de los músicos cienfuegueros. Algunas aristas quedan en silencio, cuando el investigador intenta ir detrás de esas huellas. Como toda obra humana, continúan los retos y los desafíos.

Queda muchísimo por decir y recordar dentro de estos XXX años de existencia del Estudio de Grabaciones Eusebio Delfín. Por eso espero que este pequeño homenaje se sume a otras voces necesarias. También va dedicado a muchos más protagonistas, que han entregado vida y talento en lo que un día fue un sueño, que luego concretó en la salvaguarda de la obra de imprescindibles figuras. Gracias a este empeño, todas esas grabaciones desafían al tiempo y trascienden una época, dónde una parte importante logró quedar registrada.

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Sandra M. Busto Marín

Licenciada en Música con perfil de flauta. Diplomada en Pedagogía y Psicología del Arte, Pedagogía Musical y Educación por el Arte. Máster en Arte. Todo en el Instituto Superior de Arte de La Habana.

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