A un siglo de José Alfredo Jiménez

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Hoy, 19 de enero, se conmemoran cien años del nacimiento de José Alfredo Jiménez Sandoval, el cantor oriundo de Dolores Hidalgo, en Guanajuato. Sin haber estudiado música ni saber leer partituras con lujo académico, compuso desde el corazón como pocos, acerca de la crudeza del amor, las despedidas, las fiestas y la muerte. Sus inspiraciones perduran como expresiones del alma musical mexicana.

A este compositor e intérprete se deben piezas de renombre universal. EllaEl ReyPaloma queridaEl jineteUn mundo raroLa diferencia y Si nos dejan, integran un cancionero que suma cientos de piezas exitosas que son imágenes sonoras de la identidad mexicana; esa que nadie como él supo hilvanar con nostalgia, orgullo y ternura.

A los 17 años llegó a Ciudad de México con su mente colmada de sueños y una guitarra prestada. Conquistó los estudios de radio y el cine con los más variados géneros que abarcaron huapangos, valses y boleros, aunque su verdadero reinado musical fue siempre el ranchero.

Con un lenguaje sencillo y directo, conectó con la gente más humilde. Cantaba con mariachi vestido de charro, para reafirmar esa imagen icónica que asociamos a la música mexicana en el mundo. Sus composiciones ampliaron el repertorio tradicional, le añadieron profundidad y dramatismo. Artistas como Jorge Negrete, Pedro Infante, Vicente Fernández, Javier Solís y Lola Beltrán llevaron sus temas a la fama mundial.

José Alfredo Jiménez compuso desde el corazón.

José Alfredo murió joven, en noviembre de 1973, cuando aún creaba en plenitud. La noticia conmovió a su país y a quienes en Latinoamérica y el mundo aman la música ranchera. Se puede afirmar que su música constituye un patrimonio de México y del mundo.

Un siglo después de su nacimiento, la música de José Alfredo Jiménez se mantiene vigente y actual en espacios radiales de música mexicana, celebraciones, aniversarios, recibimientos y despedidas. Dondequiera que toque un mariachi, allí están sus canciones.

Su tumba en el pueblito de Dolores Hidalgo donde nació, se ha convertido en santuario popular. Allí tiene inscrita la frase “La vida no vale nada”. En la parte superior está la escultura de un sarape de colores donde aparecen los títulos de más de ciento canciones que compuso.

Encima del sarape hay esculpido un sombrero y una cruz con ciento trece círculos, número que representa el de la habitación del hospital donde murió.

Junto a su lápida hay flores, botellas de tequila y notas escritas a mano de multitudes que le agradecen haber expresado con música  lo que ellos no supieron decir con palabras.

Nadie lo duda: A cien años de su nacimiento, José Alfredo Jiménez sigue siendo el rey.

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