Colombia en la hora cero: ¿Continuidad o reversa?

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Aunque se ha mantenido todo el tiempo de puntero en las encuestas, no hay señales que indiquen una votación con mayoría absoluta para el representante del Pacto Histórico, Iván Cepeda en los comicios presidenciales de este domingo
Por: Marina Menéndez Quintero

Colombia podría decidir este mismo domingo seguir el rumbo iniciado por el saliente Gustavo Petro; pero no hay señales que indiquen una votación con mayoría absoluta para el representante del Pacto Histórico, Iván Cepeda, un hombre de trayectoria incólume como senador y de loable labor apoyando los procesos de paz por la vía negociada.

Aunque se ha mantenido todo el tiempo de puntero en las encuestas, los estudios de opinión dicen que Cepeda no obtendría el 50 por ciento más uno de los votos en esta primera votación.

Conseguirlo sería una sorpresa no desechable, aunque menos escalofriante que si ese propósito fuera logrado por el derechista Ricardo de la Espriella o por la representante del uribismo, Paloma Valencia, pues ellos van detrás y ocupan los lugares segundo y tercero según la inclinación del voto.

El Pacto Histórico sabe que el balotaje le resultará peligroso y ha desarrollado un trabajo de base en los puntos más humildes uniendo y convocando a los de abajo.

Esa labor movilizadora tuvo antecedente en la misma labor gubernamental del propio Petro sin fines electorales, en las oportunidades en que calibró la fuerza y la voluntad del pueblo exhortándolo a expresarse en las calles de modo de vencer los obstáculos que levantó la derecha en el legislativo para boicotearle al mandatario la aprobación de cada reforma y entorpecer el cumplimiento de su programa, dirigido hacia las mayorías.

Ese batallar desafiante del mandatario ante la nociva corriente del legislativo lo llevó a materializar algunos de sus propósitos en contacto directo con la gente, como lo ha hecho con la entrega de propiedades a los campesinos de modo de completar la reforma agraria en un país donde la tenencia de la tierra es motivo de la violencia, y ha desatado conflictos armados.

Ni cortos ni perezosos, y sin temor a deslindar lejos de sí a quienes de todos modos están en otro bando, los líderes del Pacto Histórico no se han «amarillado» de cara a la lid electoral y aunque no es el centro de su campaña, han reiterado la posibilidad de una Asamblea Constituyente que ya había sido anunciada por Petro ante las zancadillas del Congreso.

Pese a los que serían tan buenos antecedentes para los humildes que acompañan al Pacto y si las previsiones de las encuestas se cumplen, la presidencia colombiana se dirimiría en segunda vuelta.

Son muchos quienes piensan que, en tal caso, la derecha tendría las de ganar con la adhesión de otras fuerzas entre la treintena que se postula en estas elecciones, aunque sin posibilidades de ganar. Ellas se alinearían con quien resultara segundo después de Cepeda: es decir, De la Espriella o Paloma, y le cerrarían el paso al progresismo.

Lamentable —o afortunadamente— las fuerzas políticas a la izquierda no son tantas. Cierto que ello resta números si fueran muchas y decidieran unirse al Pacto; pero evita que la dispersión reste votos a quienes tienen el chance de ganar si, en aquel caso hipotético, la unidad no fuera posible.

En una región marcada por la reversión de las conquistas sociales y en torno a la integración regional, la jornada de este domingo pudiera resultar aleccionadora si sobre el juego sucio en su contra el Pacto se impusiera en primera ronda. Ello no sería un mérito solo de sus líderes, sino del pueblo que los vota.

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