10 de abril: dos nacimientos que forjaron una nación

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La Constitución de Guáimaro y la fundación del Partido Revolucionario Cubano por Martí comparten una misma fecha. No es casualidad: ambas son la síntesis de un proyecto de nación.

Hay fechas que marcan un antes y un después en la vida de un país. El 10 de abril es una de esas jornadas privilegiadas en la historia de Cuba, porque en ese mismo día —con 23 años de diferencia— ocurrieron dos hechos fundacionales que, vistos en conjunto, explican la esencia del proyecto independentista cubano: la primera Constitución de la República en Armas en Guáimaro (1869) y la fundación del Partido Revolucionario Cubano por José Martí (1892).

La significación especial de esta fecha no es casual. El 10 de abril de 1869, la Asamblea de Guáimaro, en Camagüey, aprobó la primera Constitución de Cuba. Aunque breve —29 artículos—, aquel documento fue un acto de soberanía audaz. Era la guerra transformada en república: los mambises crearon un gobierno, una constitución y una administración propia, aunque tuvieran que desplazarse constantemente y su sede fuera la manigua camagüeyana.

Pero ese ímpetu constitucional, vital para la Guerra de los Diez Años, no bastaba por sí solo. La lucha necesitaba algo más que leyes, necesitaba un instrumento político que organizara la voluntad combativa dentro y fuera de la Isla, que superara las fracturas regionales, raciales y de clase. Esa necesidad encontró su respuesta el 10 de abril de 1892, cuando José Martí fundó en Nueva York el Partido Revolucionario Cubano. El Apóstol entendió que sin un partido que cohesionara a los exiliados y a los patriotas de la Isla, que preparara las condiciones para la guerra y garantizara que la república futura no fuera traicionada, la independencia sería un espejismo.

¿Por qué entonces el 10 de abril tiene esa doble carga histórica? Porque en esa fecha se entrelazan dos dimensiones inseparables de la revolución cubana: la legalidad constituyente y la organización política popular. La Constitución de Guáimaro nos legó la primera arquitectura institucional de una república posible, y el Partido Revolucionario Cubano, el método para hacerla realidad, con el sacrificio cotidiano y con la unidad de todos los cubanos, sin distinción.

Ninguna de las dos acciones, por separada, habría bastado. La Constitución sin organización se habría desvanecido con la derrota del 78. El partido sin memoria constitucional habría carecido de arraigo legal. Pero juntas, en la misma fecha del calendario, nos recuerdan que Cuba no nació de un golpe de inspiración, sino de un proceso consciente, jurídico y militante. El 10 de abril es, así, la síntesis de dos nacimientos: el del derecho patrio y el de la política como deber colectivo.

Por eso, cuando hoy recordamos esa jornada, no celebramos una efeméride más. Celebramos la coherencia de una tradición que, desde Guáimaro hasta Martí, entendió que una república verdadera se funda con leyes justas, pero se sostiene con hombres y mujeres organizados para defenderlas.

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Barbara M. Cortellan Conesa

Ingeniera Química por la Universidad de Camagüey. Diplomada en Periodismo. Máster en Ciencias de la Comunicación. Periodista-Editora del diario 5 de Septiembre. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba.

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