Leche para los niños en Cienfuegos: desorganización en los horarios y deficiente calidad del producto

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La protección a la primera infancia se mide, entre otras cosas, por la capacidad del Estado de garantizar una alimentación básica y segura. En Cienfuegos, el programa de distribución de leche fluida destinada a niños desde los seis meses hasta los seis años se ha convertido en un reflejo de cómo la desorganización, la falta de control y la indiferencia institucional terminan vulnerando un derecho elemental.

Lo que debiera ser una ración diaria de un litro por niño —o en días alternos, según las edades— se ha transformado en un suministro irregular que rompe cualquier principio de continuidad nutricional. Pero la intermitencia no es el único problema. Cuando el producto llega, su calidad dista mucho de ser la adecuada: en lugar de la leche esperada, las familias reciben una sustancia de tonalidad grisácea o azulosa, acompañada de un grado de acidez tal que se corta casi de inmediato. En que se corte influyen elementos como la energía eléctrica, la transportación, la temperatura ambiental y la dilación de los horarios en que se entrega. Este deterioro no solo atenta contra el valor alimenticio, sino que podría exponer a los niños a riesgos sanitarios innecesarios.

A esta situación se suma un factor que agrava aún más la precariedad del servicio: la entrega se realiza sin horario establecido, lo que obliga a las familias a esperar hasta altas horas de la noche sin certeza alguna. La responsabilidad logística recae así sobre madres y padres, quienes ven consumido su tiempo y su tranquilidad en una incertidumbre que ya forma parte del paisaje cotidiano.

El recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos ha afectado severamente la disponibilidad de combustible y, con ello, las capacidades de transporte para la distribución de productos sensibles como la leche. Esta es una realidad que nadie desconoce y que ha agravado las dificultades en todo el país. Sin embargo, es necesario subrayar una cosa: el bloqueo no puede ni debe utilizarse como justificación para la inexistencia de un calendario de entregas, la falta de un horario previsible o la deficiente calidad con que a menudo llega el producto. La organización, la planificación y el control sanitario son responsabilidades que, incluso en un contexto de limitaciones, siguen siendo exigibles. No se necesita combustible para establecer una fecha, ni un camión para garantizar que la leche no llegue en estado de descomposición.

El contexto económico termina de cerrar un círculo de desamparo. Ante la imposibilidad de depender de esta leche de dudosa calidad, la alternativa sería adquirir leche en polvo, cuyo precio ronda los 2 500 pesos, una cifra inalcanzable para la mayoría de las familias cienfuegueras.

No se trata de hechos aislados ni de simples quejas domésticas. Es un problema estructural que evidencia fallas en la cadena de distribución, ausencia de controles de calidad y una alarmante desconexión entre los discursos de protección a la infancia y la realidad que viven las familias. La leche para los niños no puede depender de la buena voluntad de nadie, ni de la casualidad de un camión que aparece sin aviso, ni mucho menos de un producto que, antes de llegar, ya se sabe que no estará en óptimas condiciones.

Es urgente que las autoridades competentes realicen una auditoría integral sobre el proceso de recepción, almacenamiento y distribución de la leche en la provincia de Cienfuegos. También resulta imprescindible establecer mecanismos de transparencia que incluyan calendarios de entrega, horarios definidos y canales claros para la denuncia ciudadana. La primera infancia no puede esperar, y menos aún en condiciones que ponen en riesgo su salud y convierten un derecho en una odisea cotidiana.

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Barbara M. Cortellan Conesa

Ingeniera Química por la Universidad de Camagüey. Diplomada en Periodismo. Máster en Ciencias de la Comunicación. Periodista-Editora del diario 5 de Septiembre. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba.

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