Vandalismo contra Etecsa en Cienfuegos

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Hay males que vienen de lejos y contra los cuales el pueblo cubano ha luchado durante décadas con más resistencia que recursos. La crisis económica, el acoso financiero del bloqueo estadounidense, la escasez de combustible derivada de este cerco criminal contra el pueblo de Cuba, y una infraestructura que envejece mientras se le exige rendir por encima de sus posibilidades forman parte del diagnóstico conocido sobre las telecomunicaciones en esta isla. Sin embargo, en Cienfuegos la radiografía del sector revela una herida autoinfligida que ningún factor externo puede explicar. Es la mano del hombre cuando decide destruir lo que debería proteger.

Durante los dos primeros meses de 2026, la División Territorial de Etecsa en la provincia reportó cinco incidentes contra la red. Tres fueron por violaciones a la seguridad y protección; dos, directamente por actos vandálicos. En la central telefónica de la CEN robaron parte del cercado perimetral; en el parqueo de Pueblo Griffo desaparecieron baterías y piezas de un vehículo; en la radio base de “La Bolera”, arrancaron el cable de alimentación y el desconectivo.

Como si fuera poco, en Palmira y Lajas 200 metros de bajante telefónico fueron arrancados de cuajo. El saldo financiero en apenas sesenta días supera los 36 mil pesos cubanos.

Cada peso sustraído a la red es un presupuesto que deja de invertirse en mantenimiento y mejora. Y más aún en este país donde la conectividad ahora obstaculiza la vida de estudiantes, trabajadores y familia en general. Dañar la infraestructura de las telecomunicaciones además de ser un delito contra la empresa estatal, resulta un golpe al derecho de cada ciudadano a comunicarse.

Es comprensible que Etecsa tenga sus manos llenas con los problemas estructurales, entre ellas las sanciones externas que complican la adquisición de piezas, la generación eléctrica inestable que obliga a reinventar cada día la operación de los servicios, las limitaciones financieras que atan cualquier estrategia de desarrollo. Pero ¿cómo explicar que, además de todo eso, haya quienes desde dentro pongan piedras en el camino? ¿Qué excusa puede esgrimir quien, a sabiendas de que su vecino necesita el teléfono, decide arrancar un cable para venderlo como cobre?

El vandalismo contra las telecomunicaciones es una manifestación irracional que agrava un problema ya de por sí complejo. Y mientras que Cuba enfrenta las consecuencias de una política de asfixia diseñada desde el exterior, en Cienfuegos algunos parecen empeñados en hacer el trabajo sucio desde dentro. Contra eso, no hay bloqueo que valga ni crisis que sirva de disculpa. Es, sencillamente, vandalismo sin excusas.

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