Iván Romero Arango: la permanencia como forma de avanzar

Compartir en

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 54 segundos

“No hay grandeza donde no hay sencillez, bondad y verdad”

León Tolstói.

Delgado, ágil, con esa manera de moverse de quien ha aprendido a medir el mundo subiendo y bajando escaleras metálicas, Iván parece una pieza más del engranaje que no hace ruido. Lleva más de tres décadas en el mismo sitio y, sin embargo, no se le nota el polvo del tiempo: sino la costumbre del deber.

La entrevista para 5 de Septiembre ocurre sin solemnidades. Iván habla como trabaja: con precisión, sin adornos. Cada frase parece dicha para cumplir una función.

“Empecé cuando esto era otra cosa”

P: Preséntese, Iván. Nombre, cargo y año de inicio.

R: Iván Romero Arango. Tecnólogo B, Instructor en el Área de Movimiento y Almacenaje de Productos. Entré a trabajar el 3 de julio de 1991, cuando la refinería todavía se llamaba Camilo Cienfuegos.

Lo dice así, como quien señala una fecha en el calendario y sigue andando. 1991 no es un recuerdo, es un punto de partida. Desde entonces, la fábrica cambió de nombre, de procedimientos, de personas. Iván no.

Cuando casi todo se hacía a mano

P: Usted comenzó como operador. ¿Qué tareas de entonces hoy serían irreconocibles?

Iván sonríe apenas. No enumera proezas; describe rutinas.

R: Había operaciones que requerían mucho control directo, mucha atención constante. Hoy se hacen de otra manera, con más apoyo tecnológico y procedimientos más claros. Antes, muchas cosas dependían casi por completo del operador.

No entra en detalles. No hace falta. Basta entender que hubo un tiempo en que el margen de error era más estrecho y la responsabilidad más ancha. Iván fue de los primeros que aprendieron a hacerse cargo “de casi todo”, como se aprende a nadar lanzándose al agua.

La refinería que creció… y el hombre que se quedó

P: En más de 35 años, ¿qué cambios han marcado más su trabajo?

R: La instalación ha crecido mucho. Se ampliaron capacidades, se modernizaron áreas, se mejoraron sistemas. Eso impactó en la forma de operar y también en la manera de pensar el trabajo.

Habla de la fábrica como se habla de un hijo que ya no cabe en la foto de la infancia. No hay nostalgia, hay aceptación. La refinería evolucionó; Iván evolucionó con ella, sin moverse del mismo sitio.

Foto: Ingeniero Alexis González Martínez
Enseñar antes de que existiera el cargo

P: ¿Qué lo llevó a convertirse en instructor?

R: Desde que era operador me gustaba enseñar. Cuando entraban compañeros nuevos, siempre trataba de ayudarlos. Después fui jefe de brigada, instructor eventual… y cuando se creó la plaza, aquí estoy… aquí seguiré hasta que me retire.

La seguridad como forma de pensar

P: ¿Cómo ha cambiado la cultura de seguridad?

R: Mucho. Hoy existe una visión más integral, más preventiva. Eso ha evitado incidentes y ha protegido a la gente, que es lo más importante.

No cuenta anécdotas de peligro. Prefiere hablar de lo que no pasó. Para Iván, la verdadera victoria es el día que termina sin sobresaltos.

El orgullo que siempre es colectivo

P: ¿Recuerda algún momento especial?

R: Yo no creo en el éxito individual aquí. Todo se logra en equipo.

Entonces menciona una etapa difícil, una reactivación compleja, una tarea que le asignaron cuando otros tenían más tiempo que él. Se sintió confiado, dice, no por sí mismo, sino por el grupo que lo acompañaba. Nombra compañeros con respeto, casi con gratitud. En su relato, el “yo” aparece poco y el “nosotros” lo ocupa todo.

Ver crecer a otros

P: ¿Qué siente al ver a quienes formó hoy en cargos de responsabilidad?

R: Satisfacción. Creo que algo he hecho bien. Pero yo solo aporté una parte. El resto lo aprendieron ellos, con su esfuerzo, con la ayuda de muchos instructores que no tienen ese título, pero enseñan todos los días.

Los llama “instructores anónimos”. Jefes de brigada, operadores, compañeros. Para Iván, el conocimiento no tiene jerarquía fija: circula.

Sobre el futuro, no dramatiza: Con una buena base, no hay habilidades que no se puedan desarrollar. El futuro vendrá como tenga que venir.

Un viaje que aún no termina

P: Mirando atrás, ¿qué es lo que más valora?

Iván se toma un segundo más antes de responder.

R: Mis compañeros. El respeto entre nosotros.

Dice que aún le faltan cinco años para el retiro. Enumera aportes, mejoras, ampliaciones, trabajos colectivos. Siempre vuelve a la misma idea: nada de eso se hace solo. Agradece, nombra a quienes lo apoyan, reconoce que su aporte es “pequeño”.

.. y ahí está, quizás, la clave de su grandeza

Iván Romero Arango sigue en el mismo lugar desde 1991. No porque no haya cambiado, sino porque entendió algo esencial: en ciertas fábricas —y en ciertas vidas— permanecer también es una forma de avanzar. No por falta de opciones, sino porque la complejidad de lo que hace lo retuvo y, a la vez, le enseñó que quedarse, crecer desde dentro y profundizar en una sola obra puede ser también un modo de avanzar en lo personal y de aportar más en lo colectivo.

Visitas: 1

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *