Las máscaras necesarias de José Martí

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Lejos de ser un acto de dispersión, sus múltiples identidades —de “Orestes” al autor de “Nuestra América”— fueron la estrategia deliberada de un genio político.

En 1892, desde una humilde sala de Tampa, un hombre llamado Orestes arengaba a los tabaqueros para financiar la guerra. Ese mismo hombre, como José Martí, publicaba en el periódico La Nación de Buenos Aires un análisis demoledor del imperialismo norteamericano, y como “El presidiario” recordaba en sus escritos la crudeza del presidio político. ¿Era un espíritu disperso? Todo lo contrario. Era la estrategia calculada de un genio que comprendió que la libertad de Cuba y de América necesitaba conquistarse desde múltiples trincheras y con distintas identidades.

La figura de José Martí suele congelarse en la iconografía del apóstol de bronce. Sin embargo, reducir su legado a una sola identidad sería traicionar la esencia de su pensamiento. Martí fue un arquitecto de la libertad que operó desde una multiplicidad estratégica de identidades, cada una forjada en el yunque del exilio y la clandestinidad. Esta polifonía no fue dispersión, sino el instrumento perfecto para orquestar su gran obra: la independencia de Cuba como pilar fundamental para la emancipación de toda “Nuestra América”.

Los seudónimos: escudos y blasones

En el plano más inmediato, sus alias —“Orestes”, “Mújica”— fueron escudos de supervivencia. En un siglo XIX donde las redes de inteligencia colonial vigilaban a los exiliados, cada nombre falso era un pasaporte para el pensamiento revolucionario. Le permitían publicar desde México hasta Argentina, burlando la censura y tejiendo un discurso coherente desde aparentes múltiples voces. Pero no eran solo camuflaje; eran declaración íntima. Firmar como “El presidiario” era convertir el estigma de su juventud cautiva en un blasón de resistencia.

El organizador, el estratega, el diplomático

Esta multiplicidad trascendió lo nominal para encarnarse en roles públicos complementarios. Martí fue, simultáneamente, el organizador político que fundó el Partido Revolucionario Cubano; el estratega militar que planificó con pragmatismo la “Guerra Necesaria”; y el diplomático que buscó apoyos en las comunidades de tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso. Cada faceta exigía un registro distinto: la arenga apasionada para los obreros, la proclama solemne para los intelectuales, la instrucción precisa para los conspiradores. Todas convergían en un solo objetivo, demostrando que la lucha no se ganaba solo en el campo de batalla, sino también en la arena de las ideas y la organización.

Hacia “Nuestra América”: la síntesis de un visionario

La cumbre de esta estrategia se encuentra en su labor como pensador continental. Su ensayo Nuestra América es el manifiesto de esta identidad superior: la del intelectual que, trascendiendo la causa cubana, definió una identidad común para los pueblos al sur del Río Bravo, basada en la justicia social y la soberanía frente a toda potencia extranjera. Aquí, todas sus identidades previas —el exiliado, el poeta, el revolucionario— se sintetizan en la voz de un profeta político que concibe la libertad de Cuba como la «trinchera de ideas» indispensable para la dignidad del continente.

Por tanto, las identidades múltiples de José Martí no fueron fragmentación, sino una sofisticada unidad en acción. Su genio consistió en comprender que la complejidad de la lucha exigía una respuesta igualmente compleja. Reducirlo a una sola faceta no haría justicia a su legado. La auténtica lección martiana está en esa capacidad estratégica para ser muchas cosas sin perder nunca su centro ético. En un mundo que aún lucha contra nuevas formas de dominación y fragmentación, la figura poliédrica de Martí sigue iluminando el camino: la libertad se conquista y se defiende desde todos los frentes, con todas las armas del ingenio y la palabra, siempre al servicio de un ideal de justicia y soberanía colectiva.

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Barbara M. Cortellan Conesa

Ingeniera Química por la Universidad de Camagüey. Diplomada en Periodismo. Máster en Ciencias de la Comunicación. Periodista-Editora del diario 5 de Septiembre. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba.

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