El museo más antiguo

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¿Han pensado alguna vez en cuál es el museo más antiguo del mundo? En mis ratos libres intento averiguarlo. Y bien vale hacerlo, pues son instituciones que con sus testimonios materiales narran los más diversos acontecimientos de la humanidad.

Sin los museos desconoceríamos parte del pasado de la civilización. Pero en cuanto a su antigüedad, me parece que debemos partir de un presupuesto, o sea, los museos prehistóricos además de otros construidos a partir del surgimiento de los idiomas.

Un sitio arqueológico que haya sido recién descubierto, considerarse museo, aunque haya estado carente de ese propósito por parte de quienes lo crearon. Lo mismo sucede con los dibujos de las cavernas; con certeza los más antiguos. Unos y otros dan pistas de cómo vivían los hombres primitivos, única vía de enterarnos debido a la carencia de la escritura.

Los museos prehistóricos existen, pero aunque sus precursores nunca imaginaron que se les consideraría como tales.

Según el Libro Guinnes de los Records, el más antiguo de todos los museos de nuestra era —cuando ya existían los idiomas—, se encuentra en la ciudad inglesa de Oxford y su construcción data de entre los años 1617 y 1692.

Hubo un museo público que lo aventajó miles de años. Se afirma haber sido construido en Mesopotamia, en la ciudad caldea de Ur. Estaba emplazado en medio del desierto de Iraq, y se erigió a iniciativa de Nabonido, último monarca del Imperio Babilónico, que goberno entre 556 y 539 antes de la era cristiana. Al rey Nabonido se le considera el primer arqueólogo de la historia; interesado en cuestiones de la antigüedad, el suyo es considerado el primer museo de la historia.

Una hija suya, la princesa Bel-Shalti-Nannar, más conocida como Ennigaldi-Nanna, siguió la afición paterna de acaparar viejos tesoros patrimoniales. El viejo Nabonido coleccionó gran parte de las piezas museables, pero fue Ennigaldi-Nanna quien puso toda la colección en lugar adjunto al palacio real.

En conclusión, el rey Nabonido se encargó de recopilar las piezas, mientras que su hija las ubicó en una sala considerada museo como tal.

Era un lugar de exposición al que accedían quienes lo desearan. Un hecho asombroso es que las piezas allí conservadas pertenecían a épocas distantes unas de otras. Lo recopilado provenía de yacimientos encontrados en el sur de Mesopotamia.

Pasado algún tiempo, Ennigaldi dirigió allí mismo una escuela de sacerdotisas. Valiéndose de las piezas del museo impartía clases de historia y escritura, además de enseñar un dialecto llamado Emesal.

Los restos del inmueble donde estaba el museo, se encuentran a ciento cincuenta metros al sureste del Zigurat de Ur.

El hallazgo se debe al arqueólogo británico Sir Charles Leonard Woolley (1880-1960), a quien son atribuidos otros descubrimientos de importancia, entre ellos la evidencia geológica del diluvio de Gilgamesh y la tumba de Puabi, reina de Ur.

Buscando otras novedades, Sir Woolley descubrió el museo público más antiguo conocido hasta la fecha. Lo que más asombro le provocó al arqueólogo británico es que muchas de las piezas tenían siglos de diferencia entre sí. Según el mismo arqueólogo, la pieza más reciente en fecha era setecientos años más antigua que el pavimento del edificio que albergaba al museo. En cuanto a la pieza más antigua, era dos mil años anterior.

La convicción de que se trataba de un verdadero museo, aconteció al percatarse de que junto a cada objeto había una pieza cilíndrica de arcilla pequeña con inscripciones que explican acerca del origen y el significado de cada pieza. Fue lo más convincente para  que Sir Charles Leonard Woolley  tuviese la certeza de haber descubierto las ruinas del museo más antiguo de la historia humana.

De los museos, su origen y diversidad, queda más por contar. Será tema para otra ocasión.

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