Una serie con los defectos de muchas telenovelas

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Nacido en Venezuela en 1959, el narrador, poeta y ensayista Leonardo Padrón posee una obra reconocida en el campo literario.

Lo mismo no puede afirmarse de su labor en la televisión, medio que este creador –de errada postura política anti–bolivariana– emplea desde una clara función alimenticia. Su quehacer en el giro incluye exponentes de gran éxito económico, pero artísticamente lamentables.

Guionista de múltiples telenovelas para Telemundo, Univisión, Venevisión, TV Azteca y Televisa, a inicios de la actual década fue convocado por Netflix para formar parte de la desastrosa agenda de series–telenovelas que el gigante del streaming perpetra en varias naciones de América Latina, con énfasis en México.

Padrón escribió, en 2022, la serie–telenovela colombiana Pálpito (vista en su momento en Cuba), cuyo nivel de recepción iberoamericano garantizó su segunda temporada y un contrato de exclusividad para él de tres años con el emporio audiovisual californiano, que activa desde hace años feroz campaña de penetración en nuestro continente.

La mexicana Accidente (2024) constituye la nueva muestra de la alianza entre la casa de la N roja y Padrón. Los diez episodios de su primera temporada fueron transmitidos por la Televisión Cubana. Y lo único favorable que puede decirse de estos es que, por suerte, no duran más de 45 minutos.

El más reciente trabajo del creador para la plataforma sigue la metodología de otros productos regionales previos del género promovidos por Netflix, como ¿Quién mató a Sara?, La venganza de las Juanas, Oscuro deseo, Donde hubo fuego o Perfil falso.

A la manera de aquellas, o de otras como El niñero (comentada en este espacio meses atrás), Accidente se ambienta en el epicentro de la alta burguesía del continente más desigual del planeta, región de pobreza sistémica y de grandes sectores sociales ignorados.

Todo ocurre acá dentro de fastuosas mansiones, cuyos moradores se mueven en entornos de opulencia, sin otro sentido de vida que el hedonismo y la gestión de negocios, sobre todo con EE. UU.

Por supuesto, no se apreciará la crítica real que directores fílmicos como el francés Claude Chabrol realizan a los cimientos de ese sector social. Solo amagos, auto neutralizados por la certeza de que los superricos latinoamericanos cometerán errores, pero los superarán y saldrán fortalecidos, puesto que esa franja social no admite réplicas.

La serie Accidente apela a los peores defectos de muchas telenovelas regionales (complicidad con el poder; contenidos lineales marcados por la convencionalidad; acartonamiento y repetición de temas; afectación emotiva; esquema narrativo de exageración melodramática y sentimentalista; sobreactuaciones; golpes bajos; reproducción de estereotipos de género; personajes caricaturescos y de patrones eurocéntricos; vinculación de éxito económico con color de la piel; discriminación y escaso afán indagador de los contextos sociales).

Descarnadamente sensiblera desde el mismo arranque, la serie inicia su relato a partir del momento cuando tres niños mueren, al salir por los aires un castillo inflable. A partir de ahora comienza una rocambolesca y absurda trama de culpa, resentimiento y venganza, que provoca vergüenza ajena por su falta de contención absoluta. Un bodrio cuyo primer y fundamental obstáculo es el guion de Padrón.

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Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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