Solidaridad global: Libertad para el Presidente Maduro y Cilia Flores
Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 44 segundos
La madrugada de este 3 de enero no solo trajo el estruendo de las bombas sobre Caracas, sino que marcó la consumación de un acto de terrorismo de Estado: el secuestro ilegal del Presidente Constitucional Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores. Esta acción, ejecutada por el gobierno de los Estados Unidos, trasciende cualquier norma del derecho internacional y se erige como un crimen de esa humanidad, un ataque directo al corazón del Estado venezolano y a la voluntad popular.
Este doble ataque —militar y político— revela la verdadera estrategia del imperialismo: donde no puede vencer con votos, impone el terror; donde no puede derrocar gobiernos legítimos, recurre al secuestro de sus líderes. La agresión aérea y la captura ilegal son dos caras de la misma moneda criminal, destinadas a sembrar el caos y la sumisión. Es la doctrina del golpe de Estado llevada a su expresión más bárbara y desesperada.
Frente a esta escalada, la solidaridad internacional debe transformarse en un grito unánime y urgente: ¡Libertad inmediata e incondicional para el Presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores! Su cautiverio es la prisión de la soberanía de Venezuela y de la democracia de Nuestra América. No puede haber diálogo, ni paz, ni normalidad posible mientras se mantenga este ultraje contra la dignidad de un pueblo y su gobierno legítimamente constituido.
Cuba, consecuente con su principio de que “la patria es humanidad”, ha denunciado este crimen en los términos más enérgicos. Su posición firme junto a Venezuela se multiplica ahora en la exigencia de liberación. Este no es un acto aislado, sino un ataque a la línea de flotación de todos los proyectos de independencia regional. Lo que hoy sucede en Caracas puede intentarse mañana contra cualquier otra nación que defienda su soberanía.
El pueblo venezolano, junto a su liderazgo revolucionario, ha enfrentado con heroísmo la guerra económica, el bloqueo y la propaganda. Este nuevo y vil acto de agresión directa contra sus máximas figuras no hará más que galvanizar su resistencia y unidad. La historia demuestra que los intentos de decapitar movimientos populares solo sirven para convertir a sus líderes en símbolos eternos y fortalecer la causa que defienden.
Exigir su liberación no es solo una cuestión de justicia para Venezuela, sino la defensa del principio más elemental de convivencia internacional: la inviolabilidad de los Jefes de Estado y el respeto a la autodeterminación. La comunidad mundial no puede permitir que se establezca este nefasto precedente, donde la potencia hegemónica se arroga el derecho de secuestrar a presidentes electos. El silencio sería complicidad.
Por ello, este momento exige la máxima movilización diplomática, política y popular a escala global. Desde todos los foros internacionales, parlamentos y calles del mundo debe surgir una presión irrefutable. La consigna es una y clara: ¡Libertad ya para Maduro y Cilia Flores! ¡Cese la agresión contra Venezuela!
La defensa de Venezuela y la libertad de sus líderes son la trinchera actual de la independencia latinoamericana. Vencer allí supondrá mucho más que un regreso: será el fracaso histórico de la agresión imperial.
Visitas: 19

