El derecho de autor en el campo de la oralidad

Compartir en

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 3 segundos

Hasta que el pueblo las canta
las coplas coplas son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.
Antonio Machado

Esta afirmación del poeta español (Sevilla, 26/7/1875-1939), encierra una gran verdad y diariamente se encuentran ejemplos que dan fe de ello. Estas situaciones ocurren mayoritariamente, cuando de obras poéticas se trata, a decir: décimas, redondillas y cuartetas que, en el caso de nuestro país, se han transmitido o se transmiten, de una persona a otra, y así, por generaciones. En estas transmisiones orales, los referidos metros poéticos, cambian de autor y en la mayoría de los casos, a través de la espontaneidad y creatividad popular, se suceden cambios de rima o frases, que no pertenecen al anónimo y verdadero creador, aunque las esencias de las mismas se mantienen casi intactas.

En el libro Redondillas Cubanas, del autor de este trabajo, aparece en la página 16 una redondilla que algunos achacan a Jesús Herrera, el famoso “Casimbero”, y otros, al “Poeta Herrero”, el palmireño Antonio Castiñeira. Esta composición, pieza típica de la oralidad expresa: ¡Fíjate si yo presumo/que cuando truena, lloviendo/con un relámpago enciendo/el cigarro y me lo fumo/. Sea quien sea el autor, se trata de un “redondillero”, con una agilidad mental fabulosa; pero además, como los dos poetas están físicamente desaparecidos, la autoría de la misma, queda en el campo de las especulaciones.

Ocurren también en el campo de las composiciones musicales situaciones iguales o parecidas. Veamos el siguiente ejemplo: en la década de los años veinte del pasado siglo, en un enfrentamiento poético entre los gladiadores del verso, Juan Ruperto Delgado Lemendoux, el famoso “Vate sagüero” y Gregorio Morejón (Goyo), este último contestándole a Lemendoux, improvisó la décima que sigue, donde la hipérbole se convierte en parte del protagonismo de la misma, estilo peculiar de muchos repentistas. Esta décima aparece en la página 64 del libro Trovadores del Pueblo, compilación que sabiamente hizo Samuel Feijóo, El sensible Zarapico.

Veamos el texto de esta composición octosílaba: “¡Yo canté en el paraíso/y me hicieron un altar/y yo me atrevo a cantar, /al mismo Dios si es preciso. /Canto décimas, improviso, /al que es necio y al que sabe, /para mí no hay lance grave/y meto en guerra a cualquiera/y si me vuelve fiera/cierro y me llevo la llave. /”.

Esta décima aparece en el tema musical, Yo si como candela, con la firma del compositor Luis Martínez Griñán, interpretado magistralmente por el Conjunto Chapotín, con su cantante Miguelito Cuní, así mismo, está incluido en el repertorio de Omara Portuondo. Nunca, que se conozca, se le ha dado crédito a la creación poética de Gregorio Morejón (Goyo). De nuevo la afirmación del poeta español Antonio Machado se repite: ¡Y cuando las canta el pueblo, /ya nadie sabe el autor…/

Se hace muy difícil en realidad llegar, como dice un viejo amigo, a la “verdad verdadera”, en este mundo fabuloso de la oralidad. El poeta e investigador Roberto Manzano sentenció: ¡Dónde hay seres humanos hay poesía! ¡Puede que no escrita, porque la República ilustrada olvida a veces que existe la poesía oral!

Cierro este encuentro, con permiso de ustedes, y una décima del poeta canario Pedro Lezcano, que corrobora el tema que nos ocupa. ” … Aunque el poeta inventor/fuera Vicente Espinel. /la décima ya no es de él, /sino de cualquier cantor./Si la inventó un ruiseñor/si la plantó un isleño/ o si fue un margariteño/quien le dio la picardía, /como no es tuya ni mía/nos tiene a todos por dueño…”

Bueno, como diría mi abuelo, hasta más ver.

Visitas: 7

Alberto Vega Falcón

Poeta, narrador, periodista y humorista cubano. Premio Nacional de Cultura Comunitaria 2020.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *