Dirigentes y estilo de dirección en Cuba en tiempos de transformación global
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Por: Mairel Milián Suárez y Adela Villazón Ruiz*
En el escenario contemporáneo, marcado por la acelerada transformación tecnológica, las tensiones geopolíticas, las desigualdades sociales y las crisis económicas, el papel de los líderes políticos y administrativos adquiere una relevancia singular. En Cuba, país que enfrenta durante más de seis décadas un bloqueo económico impuesto por el gobierno de Estados Unidos, la conducción política y administrativa se convierte en un ejercicio de resistencia, creatividad y compromiso social. Quienes dirigen no solo deben garantizar la continuidad de los procesos institucionales, sino también atender las necesidades de la población en condiciones de escasez y limitaciones materiales.
El dirigente político cubano es, ante todo, un ser humano valiente, capaz de enfrentar las dificultades con voluntad de acero y sentido de responsabilidad. Su misión no se limita a la gestión de recursos: implica la conducción ética y ejemplar de colectivos humanos. En este sentido, la capacidad directiva se convierte en un atributo esencial, acompañado de la confiabilidad y la ejemplaridad como pilares de su legitimidad. La forma de gobernar en Cuba exige un estilo que conjugue firmeza ideológica con flexibilidad táctica, capaz de responder a los desafíos internos y externos sin perder de vista la centralidad del bienestar social.
COMPETENCIAS DE DIRECCIÓN NECESARIAS
Para ser efectivos en el contexto actual, los dirigentes deben desarrollar y aplicar un conjunto de competencias que trascienden la mera administración:
- Capacidad estratégica: leer el entorno internacional y nacional, anticipar escenarios y diseñar respuestas coherentes con los objetivos del país.
- Comunicación efectiva: transmitir confianza, claridad y motivación en medio de la incertidumbre.
- Gestión de recursos escasos: optimizar lo disponible, priorizar necesidades básicas y garantizar equidad en la distribución.
- Ejemplaridad ética: ser modelo de conducta, transparencia y compromiso social.
- Resiliencia y adaptabilidad: mantener la firmeza ideológica y la flexibilidad táctica frente a cambios globales.
- Trabajo en equipo: fomentar la cooperación interdisciplinaria y la participación activa de la comunidad.
Estas competencias no son abstractas, sino que se materializan en la práctica cotidiana de los directivos, quienes deben ser capaces de articular políticas nacionales con las realidades locales, siempre en diálogo con la población.
En nuestro país han existido y existen paradigmas insoslayables para comprender el estilo de dirección que se demanda en la actualidad. Analicemos los aportes hechos en este sentido por José Martí y Ernesto Che Guevara. Martí, con su visión humanista y su defensa de la dignidad plena del hombre, enseñó que la política debía estar al servicio de la justicia social y la independencia nacional. Su pensamiento sobre la necesidad de “conquistar toda la justicia” sigue siendo guía para los líderes que enfrentan la adversidad del bloqueo y las presiones externas.
Por su parte, el Che encarnó la ética revolucionaria en la práctica cotidiana. Su concepción del “hombre nuevo” y su insistencia en la ejemplaridad del dirigente como modelo de sacrificio y entrega, constituyen referentes para quienes deben asumir responsabilidades en condiciones de escasez y limitaciones. El Che defendía que el líder de una institución no podía ser un burócrata distante, sino un compañero que compartiera las dificultades del pueblo y que inspirara confianza a través de su conducta.
Ambos paradigmas, Martí y el Che, ofrecen claves para un estilo de dirección que combina visión estratégica, compromiso ético y cercanía humana. En tiempos de crisis global y de agresiones externas, su legado se convierte en brújula para los representantes cubanos.
El estilo de dirección cubano se caracteriza por su énfasis en la participación colectiva, la planificación centralizada con descentralización operativa y la orientación hacia el bienestar social. En condiciones de bloqueo, este estilo exige creatividad y capacidad de movilización, donde los funcionarios deben ser mediadores entre las políticas nacionales y las necesidades locales. La conducción no puede ser autoritaria ni distante, sino cercana, pedagógica y comprometida con la solución de problemas concretos.
Los dirigentes enfrentan retos que ponen a prueba sus competencias y su estilo de dirección:
- Afrontar la escasez de alimentos y medicamentos sin perder la confianza de la población.
- Integrar nuevas generaciones en la dirección, con estilos más horizontales y participativos.
- Incorporar tecnologías de gestión y comunicación en un entorno de limitaciones económicas.
- Mantener la cohesión social frente a la influencia externa y las campañas de desinformación.
La autoridad política en Cuba es más que un dirigente: es un referente moral y social que debe conjugar competencias técnicas con valores éticos. En un mundo convulso y en un país bloqueado, su estilo de dirección debe ser resiliente, participativo y profundamente humano. Solo así podrá garantizar la efectividad de la gestión y la confianza de la población en tiempos de adversidad. Martí y el Che, como paradigmas, ofrecen las claves para un liderazgo que se sustenta en la justicia, la ejemplaridad y la entrega total a la causa del pueblo.
BIBLIOGRAFÍA:
- Guevara, E. (2003). El socialismo y el hombre en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
- Martí, J. (1993). Obras completas. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
- Pérez, L. A. (2015). Cuba: Between Reform and Revolution. Oxford University Press.
- Torres, R. (2020). Economía cubana: retos y perspectivas. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
- Vitier, C. (2000). Ese sol del mundo moral. La Habana: Editorial Letras Cubanas.
*Mairel es maestrante en Estudios Sociopolíticos y la Doctora en Ciencias Adela es Decana de la Facultad del PCC, Alejandro Nápoles León, de Cienfuegos.
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