Liderazgo bajo la lupa: la influencia de la opinión pública en las competencias directivas
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Escrito por: Yurisdan López Villa, Secretario del Buró Sindical extraterritorial de ETECSA; MSc Edilberto G. Rodríguez Dueñas, profesor Escuela del Partido y MSc Jesús Fuentes Águila, profesor Escuela del Partido.
La sociedad cubana se desarrolla en medio de adversidades internas y externas y tiene como reto avanzar en la construcción del socialismo, al respecto en la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista se plantea: “que constituye un prolongado, heterogéneo, complejo y contradictorio proceso de profundas transformaciones en las estructuras políticas, económicas y sociales […] para la consolidación y avance de este proceso es determinante la unidad político-ideológica y la participación y escucha activa del pueblo, con una certera conducción.
Desde esta perspectiva, el cuadro en su condición de servidor del pueblo gestiona con intencionalidad la satisfacción de las necesidades de la sociedad, utilizan diversos métodos, estilos y mecanismos de la labor especializada de dirección adquirida en la práctica y a través de diferentes vías de preparación. Mientras el pueblo como sujeto colectivo de poder exige un cuadro más competente, empático y en vinculo permanente con él.
La opinión pública es fundamental en el ejercicio moderno de la dirección, y es importante conocer la relación existente entre esta y las competencias directivas que deben poseer los cuadros. Los líderes deben ser capaces de interpretar y responder a las expectativas de la sociedad, lo que influye en la toma de decisiones y en la legitimidad de sus acciones. En las directrices del VIII Congreso del PCC se expone:
“La sociedad y sus instituciones necesitan cuadros con una profunda preparación ética y profesional, que se distingan por cualidades como la inquietud revolucionaria, la sensibilidad por los problemas del pueblo, la disposición para la entrega y la capacidad de enfrentar la adversidad con creatividad que inspire y motive la innovación”
… “En cualquier circunstancia, pero esencialmente en las más difíciles y retadoras, nuestros cuadros deben sobresalir por su dedicación a la tarea, su afán de superación, su modestia y la sensibilidad suficiente de ponerse en el lugar de los demás, anteponiendo el nosotros al yo. Tienen la responsabilidad de dialogar sinceramente, de corazón, y ser ágiles incorporando esas percepciones a la toma de decisiones” …[1]
En el empeño de hacer realidad estas palabras los cuadros deben conocer continuamente la opinión pública, vista esta como la percepción colectiva de una sociedad sobre un tema de interés general. Es una fuerza poderosa que influye en la toma de decisiones políticas, económicas y sociales. En la opinión pública tienen lugar el conjunto de posturas posibles que la gente asume en torno a un tema, pero esto cobra relevancia cuando se impone una postura mayoritaria, ya se trate del rechazo o el apoyo a una medida tomada o cualquier otro asunto de interés público.
Es fundamental en el ejercicio de la dirección, porque expresa el sentir colectivo y el deseo popular, lo cual posibilita establecer una retroalimentación entre el poder político y la ciudadanía, y así tomar las decisiones más adecuadas en base a la expresión de la mayoría, es cambiante y susceptible de ser influenciada por los eventos ocurridos y las informaciones expresadas en los medios de comunicación, no es estática; cambia con el tiempo y con la información disponible. Un mismo tema puede generar diferentes reacciones dependiendo del contexto y de quién lo comunique.
Por su parte, las competencias directivas incluyen la capacidad de liderazgo, pensamiento estratégico y toma de decisiones fundamentadas en información relevante y en ello la opinión pública puede moldear la percepción de la gestión directiva y afectar la confianza en las instituciones.
La competencia hace referencia a varias habilidades y la integración de éstas permite realizar una actividad, resulta de la interrelación entre las habilidades y no de su suma. Podemos decir que se refiere a un saber “saber hacer en contexto”, por eso se demuestra a través del desempeño de una persona, los cuales son observables y medibles y por lo tanto evaluables. En Cuba, desde el triunfo revolucionario, se ha evidenciado el ingente valor que se le ha otorgado al desarrollo del factor humano y hoy se considera como la principal riqueza que ha fomentado la Revolución.
Las competencias directivas resultan imprescindibles para dirigir a otras personas, orientando su desempeño en diferentes niveles o grados de supervisión o con distintos grados de responsabilidad.
El trabajo de los cuadros tiene como sostén los preceptos generales del código de ética de los cuadros, el programa director para la educación en el sistema de valores de la Revolución Cubana, documento que debe ser utilizado como un marco general referencial para la precisión de los principios, valores, finalidad y vías que debe asumir cada uno de los cuadros con el fin de cumplir con su tarea política ideológica y educativa.
La sociedad como sujeto colectivo de poder, orienta al cuadro y demanda de él ejemplaridad, credibilidad y posibilidades de liderazgo para convocar, persuadir, convencer, organizar, orientar, explicar, enseñar, exigir, impulsar y controlar en función del desarrollo del modelo socioeconómico de la sociedad cubana.
La distinción de la labor del cuadro en cuanto a la diversidad de frentes que dirige, entre ellos los decisores de las diferentes estructuras y la transformación de la sociedad, hace indispensable la apropiación de un sistema de recursos profesionales y personológicos que dé contenido a sus competencias en formación continua.
Se trata en la realidad cubana de motivaciones, sentimientos, convicciones y fidelidad que distingan al cuadro en la sociedad y aseguren el optimismo y la unidad de pensamiento y acción a imitar por todos en interrelación dialéctica con la convocatoria, orientación, enseñanza y control sobre la sociedad en general, como esencias fundamentales en el desempeño del cuadro y en la labor de dirección que en determinadas condiciones sociales revelan las manifestaciones de liderazgo en un determinado contexto histórico.
La conducta de los cuadros se orienta hacia la persuasión individual y colectiva de la sociedad para implicarse en el desarrollo, por tanto, se considera un reto para la ciencia vincular la categoría liderazgo a las competencias para la dirección política.
Las ideas expresadas por el compañero Raúl Castro Ruz, en su discurso pronunciado el 26 de Julio de 1997, están referidas a las competencias directivas: “El secreto para lograr mayores éxitos está en la capacidad de los cuadros para abarcar de conjunto la complejidad de la situación, establecer las prioridades, organizar el trabajo, cohesionar las fuerzas, exigir disciplina, educar con el ejemplo, explicar la necesidad de cada tarea, convencer, entusiasmar, levantar el espíritu y movilizar la voluntad de la gente”
Desde esta perspectiva, el cuadro (dirigente), en su condición de servidor de pueblo, gestiona con intencionalidad la satisfacción de las necesidades de la sociedad y utilizan diversos métodos, estilos y mecanismos de la labor especializada de dirección adquirida en la práctica y a través de diferentes vías de preparación. Mientras el pueblo como sujeto colectivo de poder exige un cuadro más competente.
Estas realidades demandan la necesidad de intensificar la formación de los cuadros (dirigentes) de manera que en su condición de servidor de pueblo se reconozca en ellos la responsabilidad ciudadana y el compromiso social como valores asociados al desempeño profesional y la intención de concretar sus resultados en función de dar respuesta a la diversidad de relaciones, la dinámica social y la complejidad de la labor especializada de dirección, en tanto logra persuadir, convocar a las masas, orientar, enseñar y transformar la sociedad .
Los cuadros en el cumplimiento de su encargo social deben desarrollar la comunicación política como una de sus competencias directivas, “La comunicación política y la opinión pública están estrechamente relacionadas, ya que la primera influye directamente en la formación y evolución de la segunda. La opinión pública se refiere a las creencias, actitudes y valores que los ciudadanos tienen sobre temas políticos y sociales, mientras que la comunicación política es el proceso mediante el cual los actores políticos—gobiernos, partidos, medios de comunicación—transmiten información y mensajes para influir en esa opinión
Los líderes de opinión y figuras públicas tienen un impacto significativo en la comunicación política, ya que pueden moldear la percepción de los ciudadanos sobre determinados temas y candidatos
Las competencias directivas relacionadas con la opinión pública son fundamentales para los cuadros, los que deben gestionar la percepción de su organización o su imagen personal ante la sociedad.
Un líder que desarrolle estas competencias podrá influir positivamente en la imagen pública de su organización.
La coyuntura actual demanda, por tanto, de cuadros con Iniciativa, pensamiento estratégico, motivación al logro, actualizados política e ideológicamente, abiertos al cambio, preocupados por el orden eficientes, eficaces y efectivos, capaces de solucionar problemas y tomar decisiones, saber manejar conflictos, ser organizados, concentrados, dinámicos, responsables, creativos, disciplinados, tener sentido de pertenencia y compromiso con el pueblo, ser comunicativos, capaces de trabajar en equipo y que practiquen la crítica y la autocrítica; de líderes en el sentido amplio de la palabra y todas estas competencias juegan un papel crucial en la percepción de la opinión pública y viceversa.
[1]Directrices del VII Congreso del PCC, 2021.
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