Orietta Cuartero Bretón: “Yo nunca temí, el verdadero maestro no teme”

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Para Orietta Cuartero Bretón, la ejemplaridad es una condición inherente al maestro. / Foto: Roberto Alfonso Lara

Sus manos y rodillas están adoloridas, pero la sonrisa delineada en sus labios enmascara esas molestias. Ella las asume como una consecuencia natural, después de 43 años “de pie, dando clases, puntualizándolo todo y escribiendo con tizas en la pizarra”. El magisterio le define, incluso ahora cuando los años y el desgaste del trabajo reemplazaron el bullicio estudiantil por las horas serenas del hogar. Orietta Cuartero Bretón no se imagina en otra vida sin ser maestra, porque la satisfacción de sus alumnos —confiesa— es también la suya, el regocijo más grande que guarda.

¿Cómo asume esta etapa de jubilación, distante de las aulas y de reposo en casa?

“Aunque no esté en la escuela, continúo activa en la comunidad en la formación de niños, adolescentes y jóvenes, a través de las distintas organizaciones políticas y de masas. Las personas me buscan por la experiencia y la labor desempeñada, especialmente, en la secundaria básica Frank País García, de la ciudad de Cienfuegos. Algo de nostalgia sí siento, pues hubiera querido seguir impartiendo clases, pero, aun jubilada, todavía me hallo útil.

“No obstante, pienso que a veces las direcciones de Educación no se refugian en nosotros para el trabajo comunitario junto a los actuales docentes, pese a  existir una orientación  nacional. Y yo digo: ‘¡mi madre, si lo hiciéramos!’… Hoy el periódico, la radio, la televisión, hablan de las drogas y el alcoholismo. Los maestros que no están en las aulas podemos atender esos temas en los barrios, mas es necesario fortalecer el vínculo entre las nuevas y viejas generaciones de pedagogos. Tú pregunta por aquí —alega, desafiante— cuántas charlas ha dado Orietta al respecto”.

¿Cuáles fueron sus referentes para elegir la docencia como profesión?

“Mis padres, Rolando Cuartero y Ayda Bretón Comas, ejercieron ambos el magisterio; igual mis tíos. Era la formación imperante en casa y eso me dio la luz. Papá, por otra parte, llegó a ser jefe de la Campaña de Alfabetización en Cienfuegos y su ejemplo resultó inspirador”.

Orietta tenía apenas trece años cuando en 1961 subió a la Sierra Maestra para enseñar a leer y escribir a personas que solo dominaban, como fuente de información, las huellas de sus dedos. Las noches de sueño en barracas, en hamacas y bajo techos de guano, tiñen sus memorias de aquel impulso juvenil, casi aventurero, que la llevó a San Lorenzo. Allá alfabetizó a los viejitos cafetaleros de la zona y a sus nietos, evoca emocionada, al percatarse siempre que fue en el mismo lugar donde asesinaran a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.

La secundaria básica Frank País García fue de alguna manera su hogar, pues allí laboró durante varios años. ¿Qué recuerdos jamás podría olvidar de su paso por esa escuela?

“Allí, incluso, me formé. Yo era alumna de ese centro de enseñanza cuando al triunfar la Revolución recibió el nombre de Frank País. Trabajé después en la década del 70 y luego regresé en los ’90 hasta que decidí jubilarme. Fundé las cátedras Martiana y de Valores, participé en la preparación político-ideológica de los maestros…; ¡recuerdo tantas cosas bellas de la Secundaria! Ahora, algunos de mis alumnos, ya adultos, se acercan para decirme: ‘Profe, lo que aprendí sobre Martí, se lo debo a usted’”.

No pocos padres, abuelos y antiguos discípulos le tocan la puerta con la esperanza de que ella retome su ejercicio en Frank País. Sin embargo, Orietta solo desea una explicación a tal reclamo: “¿qué quiere decir eso? (…) Martí —insiste— debe ser el sueño de los educadores y urge visitar las escuelas, porque no hay nada que se estructure si no instruimos al niño, a los estudiantes, en los valores propugnados por el apóstol de nuestra independencia”.

¿A qué le teme un maestro?

“Yo nunca temí, el verdadero maestro no teme. Quien así se reconoce, asume con responsabilidad la formación de sus alumnos, con conocimientos, preparado, y jamás siente miedo al impartir clases. Al contrario, uno lo disfruta. (…) Si volviera a nacer, optara por el magisterio nuevamente; es mi mayor satisfacción en la vida”.

¿Qué le diría a las generaciones a las cuales educó e instruyó?

“¡Tengo tanto para decirles! Pero solo al verlos e intercambiar con ellos, el esfuerzo y sacrificio realizados supone para mí un éxito. No puedo pedir más”.

Orietta, ser maestro en una palabra…

“Creador”.

3 Comentarios

  1. Una buena profesora una buena companera de trabajo y muy entusiasta. La recuerdo muy bien a ella y a su mama, cuando fui profesor en la Secundaria Basica Frank Pais a principio de los años 70`s

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