Interferón, sistema inmune y alimentación sana

«El interferon sigue siendo un medicamento que se tiene para combatir la infección viral y puede ser efectivo, como ocurrió en China (…) sirve para controlar y posteriormente desaparecer el virus», señaló al canal multinacional de Telesur Luis Herrera, médico cubano creador del medicamento interferon ALFA 2B.

Con defensores y detractores, lo cierto es que sin ser una vacuna, el producto de la biotecnología de la Mayor de las Antillas demuestra a diario ser uno de los numerosos fármacos empleados en el tratamiento de los infectados por la Covid-19, de ahí la demanda cada vez más creciente de países afectados en el mundo.

¿Qué es el interferón?

Es una sustancia natural que ayuda al sistema inmunitario del cuerpo a combatir infecciones y otras enfermedades, como el cáncer. Los glóbulos blancos y otras células del cuerpo elaboran interferones, pero también se producen en el laboratorio para su uso en el tratamiento de diferentes enfermedades.

En el tratamiento del cáncer, por ejemplo, resulta posible que la proteína ayude a impedir que las células se multipliquen y a destruir células cancerosas.

Son un grupo de proteínas señalizadoras producidas y secretadas por las células anfitrionas como respuesta a la presencia de diversos patógenos, tales como virus, bacterias, parásitos y células tumorales. Una célula infectada por un virus secretará interferones, generando una activación en las defensas antivirales en las células cercanas a dicha célula infectada. Por otro lado, impiden la replicación de una amplia variedad de virus de ARN y ADN

Los interferones (IFN) adquieren su nombre por su capacidad de “interferir” con la replicación viral al proteger a las células de infecciones virales. También tienen otras funciones: activan células del sistema inmune, como las células asesinas naturales y los macrófagos; incrementan las defensas del hospedador al regular el incremento en la presentación de antígeno a través del aumento en la expresión de los antígenos del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC).

Otra función importante de los interferones es incrementar la síntesis de las moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad, MHC I y MHC II, e incrementar la actividad del inmunoproteosoma. A mayor expresión del MHC I crece la presentación de péptidos virales a las células T citotóxicas, mientras que el inmunoproteosoma procesa péptidos virales para unirlos a la molécula de MHC I, así incrementando el reconocimiento y la apoptosis de las células infectadas. La expresión aumentada de MHC II incrementa la presentación de péptidos virales a los linfocitos T colaboradores; estas células liberan citocinas (como otros interferones e interleucinas, entre otras) que señalizan y coordinan la actividad de otras células inmunes.

Algunos de los síntomas de las infecciones, tales como la fiebre, dolor muscular y síntomas similares a los de la gripe también son causados por la producción de IFNs y otras citocinas. Hay tres tipos principales de interferones:  alfa, beta y gamma.

De su historia

Los IFNs fueron descritos por primera vez en 1957 por Alick Isaacs y Jean Lindenmann en el Instituto Nacional para la Investigación Médica en Londres; el descubrimiento fue el resultado de sus estudios sobre interferencia viral, que se refiere a la inhibición del crecimiento viral debido a la previa exposición de las células a un virus activo o un virus inactivo por calor.

Isaacs y Lindenmann trabajaron con un sistema que involucró la inhibición del crecimiento del virus de la influenza aviar en las membranas corioalantoideas de embriones de pollo empleando el virus de influenza inactivado por calor.

Los experimentos de ambos investigadores revelaron que la interferencia está regulada por una proteína liberada por células en las membranas tratadas con el virus de la influenza inactivado por calor. Publicaron sus resultados en 1957 llamando al factor antiviral que descubrieron. Los descubrimientos de Isaacs y Lindenmann han sido ampliamente confirmadas y corroboradas en la literatura.

Otros investigadores pueden haber llevado a cabo observaciones sobre interferones antes de la publicación de 1957 de Isaacs y Lindenmann. Por ejemplo, mientras investigaban para producir una vacuna más eficiente para la viruela, Yasu-ichi Nagano y Yasuhiko Kojima–dos virólogos japoneses trabajando para el Instituto de Enfermedades infecciosas de la Universidad de Tokio– notaron la inhibición de crecimiento viral en un área de piel o testículo de conejo previamente inoculado con un virus inactivado con UV.

Otras investigaciones

Los nipones presentaron como hipótesis que algún «factor de inhibición viral» estaba presente en el tejido infectado por el virus e intentaron aislar y caracterizar este factor a partir de homogéneos de tejido.

Independientemente, Monto Ho, en el laboratorio de John Enders, observó en 1957 que el virus del polio atenuado le confería un efecto antiviral específico para especie a los cultivos de células amnióticas humanas. Describieron estas observaciones en una publicación de 1959, nombrando al factor responsable como factor de inhibición viral (VIF, por sus siglas en inglés).

Tomó otros quince a veinte años, usando genética de células somáticas, para demostrar que el gen de acción de y el gen de residen en diferentes cromosomas humanos. La purificación del interferón β humano no ocurrió sino hasta 1977. Chris Y. H. Tan y colaboradores purificaron y produjeron interferón β humano biológicamente activo marcado con radioactividad al superinducir al gen de en fibroblastos, y mostraron que su sitio activo contiene residuos de tirosina.

El laboratorio de Tan aisló suficiente cantidad de interferón β humano para llevar a cabo las primeras pruebas de aminoácidos, composición de azúcares y de aminoácidos N-terminal. Demostraron que el interferón β humano es una glicoproteína inusualmente hidrofóbica. Esto explicaba la gran pérdida en actividad de cuando las preparaciones eran transferidas entre tubos de ensayo o de contenedor en contenedor durante la purificación. Las pruebas mostraron la realidad de la actividad de por verificación química.

En 1986 Cuba entra en la historia de la fabricación de IFNs en laboratorios con la creación del interferón alfa-2b humano recombinante, comercializado como Heberon® Alfa R, el que dio inicio a la introducción y comercialización de diversos tipos y formulaciones de interferones por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, de La Habana.

El medicamento cubano ha dado prueba de efectividad en la recuperación de los enfermos por el coronavirus/ Foto: Tomada de Internet

El uso terapéutico de este producto fue evaluado en un gran número de investigaciones clínicas realizadas en el Sistema Nacional de Salud de Cuba. Para el análisis del perfil de seguridad del Heberon® Alfa R fueron revisados 28 años de reportes de eventos adversos en 5 mil 806 individuos entre niños y adultos, procedentes de un compendio de 147 investigaciones clínicas o usos asistenciales con el producto.

Este trabajo contiene, además, una comparación de la seguridad entre las formulaciones liofilizada y líquida; Incluye también un análisis de la relación de ocurrencia de eventos adversos y las características demográficas de los pacientes; un análisis de inmunogenicidad y otro sobre la variación en la función tiroidea asociada al uso del Heberon® Alfa R.

Por último, se muestra un análisis general de la eficacia del producto, a partir del número de pacientes tratados y los resultados clínicos obtenidos. Los principales eventos adversos observados fueron aquellos correspondientes con el síndrome pseudogripal, con mayor frecuencia en los pacientes masculinos blancos. El hipotiroidismo y la inmunogenicidad se comportaron inferiores respecto a los productos similares en el mercado farmacéutico internacional.

Aproximadamente el 60 por ciento de los pacientes tratados obtuvo una respuesta terapéutica relevante y la formulación líquida ofreció la mejor relación riesgo beneficio. La amplia información clínica evaluada reconoce al Heberon® Alfa R cubano como un medicamento efectivo y seguro.

Alimentación sana
Una dieta rica en hortalizas verdes, vegetales y frutas fortalece el sistema inmunológico del organismo/ Foto: Tomada de Internet

Los alimentos no son exactamente medicinas, pero muchos de ellos tienen nutrientes básicos para mantener el organismo en buen estado. Entre otras cosas contribuyen a mejorar la respuesta del cuerpo ante diversas dolencias actuando sobre el sistema inmunológico y haciéndolo más eficiente.

Es bien sabido que llevar a cabo una alimentación sana, variada y equilibrada, ayuda a prevenir la aparición de enfermedades. Por ello es importante recordar que son fuente de innumerables sustancias capaces de ayudar al sistema inmune a desarrollar sus funciones.

Vitaminas y minerales

A lo largo de la vida existen épocas en las que por diferentes motivos, las defensas pueden verse mermadas. En estos casos nada mejor que ofrecer al cuerpo una buena cantidad de vitaminas como la A, C y E, y de minerales entre los que destacan el hierro, el zinc, el selenio y el cobre.

La vitamina C posee una importante capacidad para aumentar las funciones del sistema inmunológico ya que favorece la producción de interferón, un factor celular que interfiere en la capacidad de los virus para infectar las células.

También participa en la formación de colágeno, un componente esencial de las membranas celulares, por lo que contribuye al mantenimiento de las barreras naturales contra las infecciones. Además, el déficit de vitamina C hace que las células encargadas de la destrucción de microorganismos no puedan dirigirse hacia ellos para destruirlos.

La vitamina E  posee la capacidad de potenciar las defensas del organismo, de hecho varios estudios afirman que en humanos la repuesta del sistema inmunológico aumenta tras la administración de vitamina E.

En el caso de la vitamina A, esta representa un papel muy importante en la defensa frente a las infecciones y en el buen mantenimiento de las mucosas, deficiencia de esta vitamina provoca alteraciones en el número de células responsables de la respuesta inmunitaria.

Asimismo se han observado alteraciones en las funciones del sistema inmune como consecuencia de una deficiencia de vitaminas del grupo B debido a una disminución en la producción de anticuerpos.

Dentro de los minerales, el hierro juega un papel importante ya que su deficiencia puede afectar a la proliferación celular y por lo tanto disminuir la respuesta inmune. Por otro lado, una falta de selenio hace que disminuya la actividad bactericida y la respuesta de los anticuerpos frente a ciertos tóxicos.

Estas vitaminas y minerales se encuentran en gran variedad de alimentos, si bien los ricos por excelencia en estos micronutrientes son las frutas, las verduras y las hortalizas. Entre las frutas se encuentran algunas tan conocidas y consumidas como la piña, el melón, las fresas o las naranjas, y otras tan exóticas y originales como el mango, el caqui o la guayaba.

Funciones inmunitarias, también desde los alimentos

Dentro del grupo de verduras y hortalizas destacan el pimiento, el tomate y las verduras de hoja verde en general. Las ensaladas y platos de verduras variadas pueden resultar una fuente inigualable de vitaminas y minerales.

Existen además otros alimentos que también pueden contribuir al mantenimiento de las funciones inmunitarias como los cereales de grano entero. Los frutos secos, el aceite de oliva, las legumbres, son buena fuente de algunos minerales como el zinc.

Hay plantas con propiedades muy interesantes de las que nos podemos aprovechar. Dentro de estas plantas están la equinácea, el espino albar y las hojas de grosello.

También podemos apelar al tomillo, el escaramujo, la alfalfa o la genciana, pues ayudan a reforzar la inmunidad. Con ellas se pueden elaborar sabrosas y reconfortantes infusiones.

El té verde está dentro de las infusiones con propiedades muy interesantes para el organismo humano.  Un antioxidante potente que mejora la función inmunológica.

No obstante, existen otros muchos factores que influyen sobre el estado de nuestras defensas y que conviene tener en cuenta, como la falta de descanso o el estrés, uno de los principales enemigos del sistema inmunitario.

Apenas existe tiempo para hacer ejercicios, y el consumo de tabaco o alcohol va en aumento, por cual afecta las defensas de forma negativa.

Armando Sáez Chávez

Armando Sáez Chávez

Periodista de la Editora 5 de Septiembre, Cienfuegos, Licenciado en Español y Literatura y Máster en Ciencias de la Educación

Un Comentario en “Interferón, sistema inmune y alimentación sana

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    el 22 septiembre, 2020 a las 12:01 am
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    Gracias por la informacion me servira para combatir el VPH

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