Dignidad: Carta de Calixto García al general yanqui William R. Shafter

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Calixto García elevó la dignidad cubana en aquella carta a la ofensa norteamericana de no invitar a los mambises al armisticio de Santiago de Cuba.

La dignidad cubana se irguió el 17 de julio de 1898 en la carta del Mayor General Calixto García Íñiguez dirigida al representante en Cuba del imperialismo norteamericano, General William Rufus Shafter. Resultó como una bofetada de honor en el rostro mofletudo del obeso ofensor. Quedaba reivindicado así el prestigio del mambisado y del pueblo cubanos quienes fueron ignorados en la firma del armisticio en Santiago de Cuba de la llamada guerra hispano-cubano-norteamericana, acto al que solo asistieron los representantes de dos de las tres naciones involucradas: Estados Unidos y España.

No se aceptó por los gobernantes norteamericanos la presencia de los verdaderos héroes triunfadores en la toma de Santiago de Cuba. No se tuvo en cuenta que fue Calixto García quien trazó el plan de ataque y que fueron los mambises quienes abrieron el camino al desembarco de las fuerzas estadounidenses, pues el propio General Shafter, impedido físicamente por su obesidad y por el calor de Santiago, e inepto como estratega, pidió ayuda al General García.

Esa ofensa fue respondida de inmediato por Calixto García, quien en carta de protesta le escribió:

“La ciudad de Santiago de Cuba se rindió al Ejército americano, y la noticia de tan importante acontecimiento solo llegó a mi conocimiento por personas ajenas a su Estado Mayor, no habiendo sido honrado con una sola palabra de parte de usted sobre las negociaciones de paz y los términos de la capitulación española. Los actos de la rendición sólo llegaron a mi conocimiento por rumores públicos. No fui invitado, ni mis oficiales, para representar al Ejército Libertador cubano en tan solemne ocasión. Sé que usted ha dejado constituidas en Santiago a las mismas autoridades españolas contra las cuales he luchado durante años, como enemigos de la independencia de Cuba, y no fueron electas por los habitantes de Santiago sino nombrados por la Reina española.

“Circula el rumor de que la orden de impedir a mi Ejército su entrada en Santiago ha obedecido al temor de venganza y posibles represalias contra los españoles. Permítame usted que proteste contra la más ligera sombra de semejante pensamiento, porque no somos un pueblo salvaje que desconoce los principios de la guerra civilizada; formamos un ejército pobre y harapiento, como lo fue el ejército de vuestros antepasados en la noble guerra de la independencia de los Estados Unidos. Pero a semejanza de los héroes de Saratoga y Yorktown, respetamos demasiado nuestra causa para mancharla con la barbarie y la cobardía (…) Siento profundamente no poder cumplir por más tiempo las órdenes de mi Gobierno (de prestar cooperación al Ejército americano) y he hecho hoy, ante el General en Jefe del Ejército Libertador, Mayor General Máximo Gómez, la formal renuncia de mi cargo, y me retiro con todas mis fuerzas a Jiguaní, en espera de su resolución”. (Firmado) Mayor General Calixto García Íñiguez. Campos de Cuba Libre, 17 de julio de 1898″. (Fragmentos del texto de la carta que aparece íntegramente en Documentos para la Historia de Cuba, Tomo I, de Hortensia Pichardo, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1971.)

Esta fue la digna respuesta cubana a la insolencia del imperialismo norteamericano. Otro ejemplo de la dignidad de nuestros padres fundadores. Esta que heredamos y siempre honraremos los cubanos, recordada por el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, desde el propio día del triunfo cuando a las puertas de Santiago de Cuba, en un importante llamamiento dijo: “Santiagueros (…) Los militares golpistas pretenden que los rebeldes no puedan entrar en Santiago de Cuba. (…) Se quiere prohibir la entrada en Santiago de Cuba a los que han liberado a la patria; la historia del 95 no se repetirá, esta vez los mambises entrarán en Santiago de Cuba”.

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