Cr贸nica para que la Guille la corrija

5
582

Un d铆a perdido en el calendario lejano de 1984 ella subi贸 los 33 pelda帽os marm贸reos que conduc铆an a la vieja redacci贸n del 鈥5鈥 en la calle Gacel y firm贸 un contrato de trabajo.

Pens贸 que aquello de correctora ser铆a una estaci贸n de tr谩nsito en su expediente laboral, donde ya habitaban c铆tricos sembrados en Isla de Pinos, ca帽as de los Diez Millones pesadas en el antiguo central Cunagua, y magisterios diseminados en las rojas tierras de Yaguaramas.

Pero pasar铆an tantos a帽os como escalones trepados aquella primera vez, cuando el olor de la tinta fresca debi贸 enamorarla, y all谩 quien se atreva a calcular aunque sea por arribita las miles de cuartillas, mecanografiadas a porrazos de Robotron o a puro Word, que sus pupilas llenas de tanta campi帽a, escrutaron ma帽ana, tarde, noche y madrugada.

La guajirita de Melones, all谩 por donde Ciego Montero intercambiaba viandas y cantur铆as con el central Hormiguero, supo hacerse a s铆 misma, /woman by herself/ dir铆an los pragm谩ticos americanos del Norte, en medio de los golpes y las palmadas al hombro, de las trampas y las rampas que la universidad de la vida reparte a troche y moche antes de colocar su birrete sobre la testa de los elegidos.

Al salir a explorar los misterios de la existencia mundana ya cargaba en el jolongo aquellos valores antiguos que con rigor tributaba la crianza en un boh铆o cubano. En esos rudos cimientos cognoscitivos debi贸 florecer su manera de interesarse perennemente por el pr贸jimo, de alentar, aconsejar, y si fuera necesario criticar con la blandura de un flan de caramelo.

Muchos coment谩bamos que se iba a morir en la Redacci贸n, como soldado al pie de su pieza artillera. Y la profec铆a estuvo pr贸xima a los linderos del cumplimiento.

Cuando el manto de la joven noche del martes amparaba tanto esp铆ritu congregado en la majestuosidad del 鈥淭om谩s Acea鈥, y entre una amalgama de l谩mparas recargables, perfume de p茅talos y humedades oculares, depositamos lo que tras un cuatrienio de cruenta lucha el c谩ncer hab铆a dejado de su cuerpo en el sepulcro. El mismo hasta donde siete diciembres antes ella acompa帽贸 a Enrique.

Unas palabras improvisadas le dieron el adi贸s solicitado en un acto de 煤ltima voluntad, para el cual no necesit贸 de notario ni legajos calzados con sellos del timbre.

Quien las dijo quiz谩 temi贸 que la Guille le cazara su 煤ltimo gazapo.

5 Comentarios

  1. Franciscog茅: olvidaba decirte que pienso que quien pronunci贸 esas paloabras sin correcci贸n en el Tom谩s Acea, fue el mismo Franciscog茅.

  2. Franciscog茅: Espero que, al llamarte as铆, sepas qui茅n te comenta. Cu谩nto tiempo hac铆a que no disfrutaba de una cr贸nica tuya y esta me emocion贸 mucho querido amigo. Solo me queda por decirte: ERES UN POETA.
    隆Feliz Navidad!, desde luego, a sabiendas de cu谩l es el verdadero significado de esta fecha. Fuerte abrazo.

  3. Qu茅 hermosa cr贸nica, la le铆, sufr铆 y deleit茅 al mismo tiempo, gracias Francisco por el excelente texto y por el homenaje a la Guille, ese “palo en ca帽谩” que aprendimos a amar y querer, y que de seguro extra帽aremos mucho, cuando el tiempo de “los buenos” se nos hace m谩s lejano

Dejar respuesta