Batista

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El 10 de marzo de 1952, hace 65 a√Īos, el golpe de estado de Fulgencio Batista instaur√≥ en Cuba la dictadura m√°s sangrienta y corrupta conocida en la naci√≥n a lo largo de su historia, solo con el precedente de la satrap√≠a de Gerardo Machado en lo relativo al prontuario criminal.

Conocido por su anterior labor al frente del pa√≠s y, tanto en raz√≥n de su pasado golpista como de sus fervores pro-Washington ‚Äďdemostrados desde su alianza con el embajador Sumner Welles en 1933‚Äď, la asonada de 1952 cont√≥ con el total respaldo del gobierno de los Estados Unidos, del cual √©l fue un pe√≥n que instrument√≥ las pol√≠ticas para la regi√≥n aconsejadas por sus mentores. Sus amos le brindaron s√≥lido respaldo material y asesor√≠a militar, similar a c√≥mo procedieron con el desgobierno de Pinochet, en Chile, tras el golpe a Allende.

Las inversiones de EE.UU alcanzarían los mil millones de dólares a la sazón.

Las visitas del entonces vicepresidente, Richard Nixon, a inicios de febrero de 1955; y la de Allan Dulles, director de la CIA, dos meses despu√©s, sirvieron para fortalecer los programas econ√≥micos e ideol√≥gicos del imperio en la Isla. El jefe de la tenebrosa agencia le plante√≥ al tirano la inquietud de su gobierno con la actividad comunista en Cuba, ante lo cual el dictador inaugura, en pocas semanas, el Bur√≥ de Represi√≥n de Actividades Comunistas (el temible BRAC). La ‚Äúcriatura‚ÄĚ, de conjunto con el no menos pavoroso Servicio de Inteligencia Militar (SIM), la Polic√≠a Nacional y el Ej√©rcito, hizo del pa√≠s un estado policial, en cuyo v√≥rtice las personas viv√≠an en permanente zozobra y donde las desafecciones pol√≠ticas se castigaban con la muerte.

Batista prohij√≥ a grandes asesinos de la historia de Am√©rica Latina (Conrado Carratal√°, Pilar Garc√≠a, los hermanos Salas Ca√Īizares ‚ÄďRafael, Juan y Jos√© Mar√≠a‚Äď, Esteban Ventura Novo) y a cohortes de criminales subordinados a ellos ‚Äď‚Äúhombres de bajos instintos, criminales natos, bestias portadoras de todos los atavismos ancestrales revestidas de forma humana‚ÄĚ, para decirlo con las palabras de Fidel‚Äď que pusieron en vilo a la naci√≥n y especialmente a su juventud, que muri√≥ con los ojos sacados, sin u√Īas, reventados sus test√≠culos o violadas en cunetas, descampados, r√≠os, mares.

En su reino de “sangre y pillaje”, t√©rminos empleados por el maestro Enrique de la Osa, la corrupci√≥n sobrepas√≥ todos los est√°ndares hist√≥ricos de una naci√≥n experta en el tema. Batista, por s√≠ mismo, se subi√≥ el sueldo presidencial de 26 mil 400 a 144 mil d√≥lares; por arriba incluso que el del presidente de los Estados Unidos, Truman, cuyo monto no sobrepasaba los 100 mil.

Sin embargo, el 35 por ciento de la población cubana estaba desempleado, al tiempo que casi el 60 por ciento de los campesinos vivía en barracones con techo de guano y piso de tierra, desprovistos de sanitarios o de agua corriente; y el 90 por ciento no contaba con servicio eléctrico.

Cual recoge el profesor franc√©s Salim Lamrami en su indispensable texto 50 verdades sobre la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba, el economista ingl√©s Dudley Seers afirma que la situaci√≥n en 1958 es intolerable: “(‚Ķ) en el campo, las condiciones sociales eran mal√≠simas. Cerca de un tercio de la naci√≥n viv√≠a en la suciedad, comiendo arroz, frijoles, pl√°tanos y verdura (casi nunca carne, pescado, huevos o leche), viviendo en barracones, normalmente sin electricidad ni letrinas, v√≠ctima de enfermedades parasitarias y no se beneficiaba de un servicio de salud. Se le negaba la instrucci√≥n (sus hijos iban a la escuela un a√Īo como m√°ximo). La situaci√≥n de los precarios, instalados en barracas provisionales en las tierras colectivas, era particularmente dif√≠cil (‚Ķ). Una importante proporci√≥n de la poblaci√≥n urbana tambi√©n era muy miserable”. El Presidente John F. Kennedy se expres√≥ tambi√©n al respecto: “Pienso que no hay un pa√≠s en el mundo, incluso los pa√≠ses bajo dominio colonial, donde la colonizaci√≥n econ√≥mica, la humillaci√≥n y la explotaci√≥n fueron peores que las que hubo en Cuba, debido a la pol√≠tica de mi pa√≠s durante el r√©gimen de Batista. Nos negamos a ayudar a Cuba en su necesidad desesperada de progreso econ√≥mico. (‚Ķ) pero en vez de extenderle una mano amistosa al pueblo desesperado, casi toda nuestra ayuda tomaba la forma de asistencia militar” ‚Äďasistencia que sencillamente reforz√≥ la dictadura de Batista (‚Ķ). Arthur M. Schlesinger, Jr., asesor personal de Kennedy, escribi√≥: “Me encantaba La Habana y me horroriz√≥ la manera en que esta adorable ciudad se transform√≥ desgraciadamente en un gran casino y prost√≠bulo para los hombres de negocios norteamericanos (‚Ķ). Uno se preguntaba c√≥mo los cubanos ‚Äďviendo esta realidad‚Äď pod√≠an considerar a EE.UU de otro modo que con odio”.

2 Comentarios

  1. Tomi. Bien lo ha dicho: de ese monstruo llamado Batista ni el recuerdo es bueno. Enluteció a Cuba y masacró a nuestros jóvenes. Son historias que deben difundirse más, para esos que todavía suelen confundirse. Gracias por su comentario. Saludos del autor.

  2. ¡Excelente reportaje! Sería bueno que lo leyeran algunos, que hablan y no quieren recordar cómo se vivía en aquel entonces, y digo también la discriminación racial, que los que vivimos eso no fue fácil, para que algunos que han dicho que Batista fue un buen gobierno, parece que tienen la mente con gran nivel de retraso, porque de ese monstruo llamado Batista, ni el recuerdo es bueno.

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