Bannon
mar. Jun 18th, 2019
Satisfecho con sus éxitos en EE.UU. y Brasil, Bannon intenta consolidar el poder blanco mundial a través de una revolución de la ultraderecha./Foto: Tomada de Internet

Satisfecho con sus éxitos en EE.UU. y Brasil, Bannon intenta consolidar el poder blanco mundial a través de una revolución de la ultraderecha./Foto: Tomada de Internet

Desde su institución como entidad nacional emancipada, en 1776, los círculos elevados del poder en los Estados Unidos establecieron conexiones con asesores, consejeros, chantajistas políticos, ideólogos… vinculados de forma directa o indirecta a la Casa Blanca, quienes no solo trabajaron en todo “el terreno sucio no oficial” de las administraciones; sino que también, de cierta manera, delinearon progresiva y maquiavélicamente las plataformas programáticas de un régimen que, a plano futuro, se convertiría en un imperio sobre la base de despojos territoriales, guerras y colonizaciones forzadas.

Ahora bien, nunca como en la actualidad la presencia de estas figuras tras el poder se ha experimentado con tanta magnitud e incidencia en la nación norteña. Tales personas -algunas tanques pensantes o representantes de instituciones que los agrupan-, construyen estrategias, fabrican campañas, crean liderazgo artificial, promueven intereses políticos de todo género, trazan los mapas futuros (función en la cual no siempre les va bien) o mueven los hilos de la tecnología en función de aupar a candidatos presidenciales.

Son notables los casos, tristemente célebres, de nombres en la estela de Karl Rove y del todavía temible a escala internacional Steven Bannon. Este supremacista blanco resultó, primero, el jefe de estrategia de la campaña de Donald Trump, y, luego, el asesor presidencial hasta su dimisión en 2017.

Como los lectores conocen a través de diversos análisis publicados en nuestros medios, Bannon fue la mano que meció la cuna para parir al demonio No. 45 de la Sala Oval, algo que ni el mismo magnate de bienes raíces llegó a creerse en su mejor domingo de borrachera.

El ex banquero, militar, cineasta y editor/director ejecutivo del ultraderechista portal Breitbart News manipuló la elección donde resultó ganador Trump, junto a la Consultora Cambridge Analytics, al trabajar directamente sobre 50 millones de muros de Facebook en los Estados Unidos.

Satisfecho con su labor interna que, más que hacer ganar a un presidente, entronizaba a un sistema ideológico, Bannon se dedicó al internacionalismo, pero no al proletario sino al de la corriente de ultraderecha a través del planeta. Primero fue Brasil, donde el trabajo sucio se hizo a través de Whatsapp (perteneciente a Facebook), cuyo sistema de mensajería contaminó mediantes cadenas ininterrumpidas de noticias falsas en descrédito del candidato petista y a favor del capitán Jair Bolsonaro, con matrices donde era demonizado todo cuanto se relacionara con un proyecto socialista –equivalente a marxismo en las fake news generadas por el equipo suyo. Tras propiciar la victoria del evangélico neofascista en la nación suramericana, Bannon armó de caballero al hijo menor del propio Bolsonaro en calidad de su representante regional para reeditar los “éxitos” electorales en otras naciones de Sur y Centroamérica.

Ahora es en Europa, área en la cual intenta configurar un sistema de gobiernos de ultraderecha populista, en derredor de un programa que él denomina El Movimiento, con base en Bruselas, sede del Parlamento Europeo. Sobre su quehacer en el Viejo Continente, ha expresado: “Hago lo mismo que hicimos para Trump en EE. UU.: escribir artículos de opinión, contratar a personas en los medios de comunicación, buscar medios sustitutos, todo eso. La última parte de todo ello tiene que ver con las redes sociales de base y con organizarse físicamente y alentar el voto”.

“El Movimiento” ha establecido sólidos nexos de labor con estructuras mundiales de sesgo derechista, xenófobo y nacionalista, a la manera de VOX en España, el partido de Viktor Orban en Hungría, el Frente Nacional de Francia, el grupo belga Vlaams Belong, el Partido Democrático de Suecia, el Partido de la Realización de la Felicidad de Japón y el Partido Liga Norte de Matteo Salvini en Italia, cuya estrategia política conduce el norteamericano.

Dos recientes documentales filmados por Errol Morris (American Dharma, 2018) y Alison Klayman (The Brink, 2019) se centran en la capacidad malévola y las extraordinarias habilidades para la manipulación de este hombre, aunque ninguno de ambos -como tampoco muchos de los textos que aluden a su figura- enfatizan el hecho esencial de que Bannon no constituye un eslabón suelto que actúa por impulsos, sino que es abanderado de una base ideológica que preconiza el poder blanco mundial, con EE.UU. a la cabeza.

Él tiene la tarea de liderar esta “revolución” internacional de la ultraderecha, con notables victorias ya en países de tanta gravedad mundial como el suyo o Brasil y cuyo sustrato es eugenésico, malthussianista y neofacista.

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