¿Auténtica y diferente la venta de arte en Cuba?

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La tienda Mayora, del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) en Cienfuegos, no es funcional como galería./ Foto: Aslam

Las postales de Cuba se cotizan más afuera que adentro. Aun cuando existe una estructura formalizada para el comercio de arte, sigue siendo esta una actividad enfocada principalmente hacia el turismo.

No dispone nuestro país de un mercado de arte, así lo considera la crítica Massiel Delgado Cabrera. “Para ese tema deberíamos hablar de una institución, no del estrecho marco de un lugar para vender. Implica un mecanismo legitimado: circuito de expertos, críticos, personal que certifique el valor de las piezas, y no digo precio, digo valor. O sea, consenso entre el mercado y el artista, con sus sistemas de garantías. Y que se trate de arte, no de souvenir”.

Durante 25 años ha sido el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) la entidad más cercana a tales gestiones. Se erigió como figura mediadora entre los creadores y el cliente, con un régimen muy propio de protección, pagos y beneficios.

“Toda obra que sale a través de nosotros lo hace con una propiedad, una factura de exportación donde van los datos referentes a la pieza y su autor: título, técnica, medidas, número del sello; lo cual clasifica, de por sí, como una marca de calidad, explica Miguel Ángel Rodríguez Bauta, especialista del FCBC. Le damos al cliente un certificado ante cualquier inconveniente o reclamación.

“El ‘Fondo’ era líder en la venta de artes plásticas en Cienfuegos, añade. Ahora mismo, no sé. Continuamos posicionados en el mercado, pero sí ha disminuido nuestra presencia: el Corredor de Santa Isabel está lleno de cosas, el Prado igual… Yo llegué a desvelarme, me preocupó muchísimo la situación, lo que pasa es que uno va aclimatándose”.

En el Corredor de Santa Isabel, en la ciudad de Cienfuegos, coextisten los artesanos de la ACAA y los autorizados por la dirección de Trabajo./ Foto: Aslam
En el Corredor de Santa Isabel, en la ciudad de Cienfuegos, coextisten los artesanos de la ACAA y los autorizados por la dirección de Trabajo./ Foto: Aslam

MONOPOLIO… ¿EN EL ARTE?

La gestión privada ofrece una creciente competencia, ya bien al amparo del propio FCBC o fuera de él. Bajo algunas figuras del cuentapropismo emergen espacios donde se expenden piezas “artísticas”: lo mismo cuadros, textiles, artesanías, antigüedades… Sin embargo, falta claridad sobre el alcance de las licencias otorgadas, su control o implicaciones en la política cultural de la nación.

El sistema legal entrega permisos de artesano, grabador cifrador, pintor rotulista y trabajador contratado artista, con ambiguas especificaciones en sus roles. Sin vínculo directo con el entramado cultural, tales brechas posibilitan la “venta de croquetas por aviones”, o viceversa.

Para avalar la condición de artistas y artesanos, existe en Cuba, desde hace mucho tiempo, el Registro del Creador, el cual, mediante patrones internos, legitima a los egresados de escuelas de arte o aquellas personas con demostrada experiencia. Lo incoherente radica en la aparición de entes similares, ajenos a los procedimientos establecidos.

“La actividad de artesano, por ejemplo, consiste en la confección y comercialización de artículos, accesorios, prendas, transformando diferentes materiales a partir del empleo de sus habilidades, argumenta Jakelin Linares Luján, especialista del sector no estatal en la Dirección Provincial de Trabajo. No se inscriben los afiliados al Registro ni los miembros de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA). Entra todo el que confeccione y comercialice. Dentro del reglamento no hay ninguna otra exigencia”.

Y entonces, ¿los espacios donde se vendan obras de las artes plásticas, y no pertenezcan al FCBC, son ilegales?

“Si no está autorizado por el FCBC ni por la ACAA, es ilegal, sentencia Linares Luján. Puede constar la persona que, como trabajador contratado artista, promociona y cuida el lugar, controlado por el ‘Fondo’. No se trata de ‘yo quise pintar, voy, arriendo un espacio y lo pongo’. No obstante, al decir de los propios especialistas de Trabajo, cualquier cuentapropista tiene derecho a alquilar un local para su labor, sin importar las competencias en el ámbito donde ejercerá.

“Es una política del Estado, no la cuestiono, pero a nuestra gente le exigimos conocimientos de arte, historia, y carecen del autorizo para abrir estudios-taller; ni siquiera pueden hacerlo a través del FCBC, alega José Felipe Herrera Hurtado, presidente de la ACAA en Cienfuegos y su vicepresidente nacional. Además, los míos responden a normativas del CITMA y la Empresa Forestal; deben justificar de dónde sacan todo, pagan 4 CUC a diario, mientras el privado solo desembolsa 300 pesos al mes… Se les reclama mucho a unos, y a otros no tanto”.

Regular ese marco de las nuevas formas de gestión  constituye también un punto hueco en el reciente panorama de la comercialización. “No les realizamos inspecciones, solo cuando llega alguna queja, reconoce Linares Luján. Quienes los deben atender son los supervisores de Cultura”.

“En Cienfuegos surgió, en 1990, el Consejo Provincial de las Artes Plásticas. Allí se involucran  todos los actores que permiten el desarrollo orgánico de una manifestación: el Centro de Arte, la Uneac, la Asociación Hermanos Saíz, la ACAA, las Casas de Cultura, enfatiza Delgado Cabrera. Hoy no funciona así, el ejercicio colectivo lo ha perdido”.

De acuerdo con Lidia María Álvarez, especialista del Centro Provincial de Arte, “el Consejo representa a los artistas ante las instituciones. Le llegamos a los profesionales, a los vinculados al ‘Fondo’, y lo hemos hecho”. Entonces, ¿las figuras emergentes quedan en el limbo? ¿No requieren ellos una mayor asesoría?

Aunque la aplicación de la política cultural cubana no resulta privativa a la institucionalidad e implica la participación del sistema social en pleno, las actuales condiciones para el comercio de arte plantean el divorcio entre lo estatal y lo privado.

“Lo controlado, desde el punto de vista cultural y comercial, es lo estatal; la otra parte, el cuentapropia, no tiene regulación, agrega Celia Joya Riverón, especialista comercial del FCBC. ¿Quién determina los valores estéticos o no de su trabajo? ¿Quién le establece pautas? Por eso insisto en lo necesario de un acuerdo, pero tomarlo de la mano ya, porque estamos perdiendo muchas cosas, incluso, el patrimonio”.

La coexistencia entre ambas formas de gestión requiere ordenanzas. Al decir de Delgado Cabrera, “no creo que penalizar o invalidar sea la solución, sino asesorar, ver el terreno donde se mueven y valorar en qué condiciones. Negocian con lo más sensible de la cultura nacional, el sentido de cubanía”.

Estudio-taller del artista de la plástica cienfueguero Vladimir Rodríguez.
Estudio-taller del artista de la plástica cienfueguero Vladimir Rodríguez.

RETORNO A LA ESENCIA

Otra arista, no menos compleja, presentan los estudios-taller suscritos al “Fondo”, pertenecientes a creadores con una obra más consolidada.

“La experiencia ha sido muy buena desde el punto de vista promocional y comercial, comenta Vladimir Rodríguez, cuyo espacio radica en el parque Martí. Mi trabajo en el FCBC era catalogado como poco comercial y lo es, pues tiende a ser conceptual; sin embargo, aquí he demostrado que el concepto vende. El espacio está especializado solo en mi quehacer y esa marcada individualidad promueve a un artista. Con las ventas también aumentaron las ganancias: no es lo mismo pagar un 30 por ciento a la institución que el 10”.

En cambio, los mecanismos de venta institucionales funcionan como hace dos décadas, cuando el “Fondo” poseía el control absoluto. La imposibilidad de vender sin la presencia de un funcionario, los pagos a mediano o largo plazo y la escasa promoción a los creadores, son trabas con las cuales lidiar en medio de un nuevo contexto.

“Quizás, años atrás, el cobro era bastante engorroso, pero ya no: pagamos en 30 días, mes terminado”, explica Miguel Ángel Rodríguez Bauta. Los artistas lo reconocen,  sin embargo “¿qué sentido tiene abrirte un espacio de gestión personal si no cuentas con el dinero de forma inmediata?, afirma Vladimir Rodríguez. Los mismos extranjeros se sorprenden cuando le tienen que entregar el dinero completo a otra persona (el vendedor del ‘Fondo’).

“En otros países que he tenido la oportunidad de visitar, el proceso ocurre dentro de la misma galería: el banco emite un cheque, con tres partes (la del banco, la del registro y otra para el dueño del espacio). Ese talonario confirma la venta, tu ganancia, el pago al contribuyente: se acabó el intermediario”.

El Fondo Cubano de Bienes Culturales agrupa a los artistas y artesanos del territorio, e incluso de otras provincias, con los mismos derechos y prebendas. Lo que en un momento fue su mayor potencial, hoy se traduce en limitante, pues no logra discernir con claridad una estrategia de promoción individual y adecuada.

“Solo de la plástica, contamos con más de 100 artistas, algunos de Santa Clara, Sancti Spíritus y La Habana, sostiene Rodríguez Bauta. Tampoco tenemos una galería como quisiéramos: Maroya es una tienda, una tienda de arte. Igualmente, hacemos promoción al momento de las exposiciones: vamos a la radio, a la televisión, tratamos de que los artistas asistan…”.

Otras gestiones reclama este cambiante escenario: “ahora mismo, con el tema de los cruceros, no existe una ‘itinerancia’ programada a los talleres vinculados al ‘Fondo’, señala Vladimir Rodríguez. Y es parte de su razón de ser: ayudar a comercializar tu trabajo. En los tres años de mi taller, no ha arribado una sola guagua de extranjeros coordinada por la relación cultura-turismo del FCBC”.

Quizás también llegó el momento de replantearse las esencias, incluso desde lo institucional. “Estamos para vender, pero vender arte de lujo, con pensamiento, señala la especialista Celia Joya Riverón. Y aquí llegamos a comercializar hasta toldos para camiones, ¿qué tienen de artísticos los toldos para camiones?… Nada. Aun cuando está implícito un oficio, no guardan relación con nuestro objeto social. Yo creo que no nos podemos alejar de las esencias”.

Para la crítica de arte Massiel Delgado Cabrera, algunas causas son evidentes: “el ‘Fondo’ debe cumplir con el Ministerio de Cultura, lo cual le exige producir dinero, pues de eso depende la enseñanza artística, el trabajo con el patrimonio vivo, la restauración de Casas de Cultura, instituciones… Y en ese producir dinero está el riesgo de su gestión. Al galerista individual, en cambio, solo lo apremia el pago de una contribución según sus ingresos.

“El FCBC, hasta el día de hoy, cumplió cometidos importantes, como visibilizar la trayectoria de muchísimos artistas; pero precisa remontar este momento histórico y replantearse un crecimiento en tanto empresa. Tiene la infraestructura y, con 25 años de presencia, un know how del que no dispone hoy ningún artista en lo individual.  Hay una infraestructura de activos: un inmueble, un edificio reconocido, una marca, un sitio privilegiado en el centro fundacional de la ciudad de Cienfuegos, un grupo de especialistas con amplia experiencia, relación con los artistas… Todos valores a su favor. Necesita movilizarlos y sobre esa base reestructurar, repensar, modernizar, atemperar…

“¿Cuál será solución? He ahí el reto: los tiempos difíciles tienen que ser tiempos creativos”.

El abarrotamiento resulta visible en la tienda Maroya, del FCBC en Cienfuegos./Foto: Aslam
El abarrotamiento resulta visible en la tienda Maroya, del FCBC en Cienfuegos./Foto: Aslam

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