Ya nos comimos un planeta, ¿y ahora qué?

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El pasado dos de agosto los terrícolas “celebramos” el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra o Día de la Deuda Ecológica. Ese día  luctuoso, agotamos la cuota (hablando en cubano) de recursos naturales disponibles en nuestro planeta para todo el año. Lo más lamentable es que en el 2023 la cuota duró menos que el anterior; mientras que el anterior duró menos que el que lo antecedió y así reiteradamente. Significa que la humanidad ya consumió en apenas siete meses, lo que la Tierra tiene la capacidad de regenerar biológicamente en doce meses; por lo que, según el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF, siglas en inglés), como media necesitaríamos 1,75 planetas para satisfacer nuestras demandas de recursos naturales.

Esto no es algo nuevo y viene ocurriendo desde hace muchos años; pero oficialmente se declaró el Día de la Deuda Ecológica, por primera vez, el 19 de diciembre de 1987. Según los cálculos de la ONG Global Footprint Network (en español la Red de Huellas Globales), esta fecha es móvil y cada vez llega antes. Tal es así que, según dichos procesamiento de datos, en 1970, fue el 29 de diciembre; en 1996, fue el 30 de septiembre (adelantándose tres meses) y en 2019 se adelantó otros dos meses más, hasta el 26 de julio. En 2020 (en medio de la pandemia) se atrasó casi un mes hasta el 22 de agosto; pero este año se volvió a adelantar la fecha en veinte días, por lo que su tendencia (lamentablemente) es a reducir cada vez más el tiempo.

Las causas de que cada vez nos duren menos los recursos naturales del planeta están en la voracidad del modelo económico capitalista que ha impuesto el más sapiens (inteligente) de los tripulantes de esta querida, contaminada y única nave espacial (como nos enseñara el maestro Walter Martínez en su programa Dossier). Bueno, ahora recomiendo leer a Carlos Marx. Sí, a ese al que ya muy pocos queremos nombrar; pero que siempre está ahí para acompañarnos y decirnos desde las ciencias que “(…) el capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y los seres humanos (…)”

Por supuesto que no todos nos comemos en igual proporción el pedazo que nos corresponde de planeta, como parte de las desigualdades que también genera el modelo imperante. Mientras que Estados Unidos, Canadá, Australia, los Emiratos Árabes, Dinamarca o Bélgica ya consumieron su cuota de planeta desde abril; a Colombia, Cuba, Nicaragua, Guatemala, Egipto e Irak les alcanza todavía hasta noviembre y a Ecuador, Nicaragua e Indonesia hasta diciembre.

Referente a los recursos, solo me referiré a los energéticos, causa fundamental de las guerras imperialistas que hemos sufrido (y las que nos faltan). En primer lugar, la humanidad es una devoradora de energía insaciable y su consumo no ha dejado de crecer. Sin embargo, mientras en un extremo algunos países sufren pobreza energética extrema, reportando consumos per cápita por debajo de los 3.5 kilowatt hora (KWh) diario de energía primaria (países del África subsahariana o países del Asia como Nepal y Cambodía) y otros que sufren pobreza energética elevada o muy elevada, reportando consumos energéticos per capitas entre los 3.5 a 50 KWh diario (Centroamericanos y caribeños, algunos de Suramérica o de África); en el otro extremo, los países de Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), Europa Occidental, los Estados del Golfo Pérsico, Rusia, Japón y Oceanía, consumen más de100 KWh per cápita diario.

Este indicador es uno de los que mejor cuantifica las desigualdades engendradas por el modelo capitalista imperante. ¿Pudiéramos hablar de escasez o de disminución de las reservas de recursos energéticos con que cuenta nuestro único planeta habitable, como la causa de dicha desproporción?¡Creo que no! El problema energético no es un problema de escasez del recurso (hasta ahora), si no, de despilfarro en su uso y de enorme desigualdad en el reparto global de su consumo, ya que el 20 por ciento más rico de la población mundial consume el 80 por ciento de todos los recursos energéticos dela Tierra. Como resultado, mientras EE. UU necesita 5,1 planetas para satisfacer sus demandas, Yemen solo se satisface con 0,3.

Si tenemos un solo mundo, yo pregunto, ¿de dónde vamos a sacar el otro planeta que necesitamos para satisfacernos hoy? ¿Dónde están los dos, tres, cuatro y hasta más de cinco globos terráqueos que ya necesitan algunos?

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Andrés Martínez Ravelo

Ingeniero civil. Miembro distinguido de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba.

Un Comentario en “Ya nos comimos un planeta, ¿y ahora qué?

  • el 14 agosto, 2023 a las 1:43 pm
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    Amigo Andrés, nunca mejor dicho e ilustrado con esa palabra: la cuota nuestra, la que viene por la canal, cada vez alcanza menos. Y todo porque las opciones de segunda y tercera vía que antes la complementaban, ahora o bien no existen o están en cotas inalcanzables para el bolsillo del cubano de a pie. La razón, la sabemos. Mejor ni mencionarla para que no suene a slogan.

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