Un Sueño Nuevo que desafía el tiempo
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Ariadna Fernández Rodríguez tenía 21 años, una mochila llena de sueños y un camino largo por delante cuando fundó el 10 de abril de 2007, la agrupación coral Sueño Nuevo.
La escuela primaria Armando Mestre fue su primer escenario, ese lugar donde cumplía el servicio social recién graduada de la Escuela de Instructores de Arte Octavio García Hernández, hoy conocida como Escuela Pedagógica. Han pasado 19 años, y aquella muchacha cienfueguera jamás imaginó lo que llegaría a construir.
“No por dudar de mí, pero la Ariadna de aquel tiempo no sabía que un coro pequeño podía llegar tan lejos”, confiesa quien ha hecho de la música y la formación artística de niños, adolescentes y jóvenes la razón de su vida.

Sueño Nuevo mantiene intacta su esencia desde el principio. Su sello ha sido un repertorio que revitaliza la obra de autores cienfuegueros, aunque en los últimos años han abierto el horizonte a géneros de la música internacional.
Por este proyecto, adscrito a la Casa de la Cultura Benjamín Duarte, han pasado varias generaciones. Todos aquellos niños son hoy hombres y mujeres de bien, artistas profesionales y músicos esparcidos por distintos puntos del mundo.

Hoy el grupo se ha convertido en un espacio donde conviven varias generaciones dentro de una misma formación coral. Varios empezaron desde pequeños y, ya jóvenes, no quieren irse.
“Son ellos quienes me ayudan en el montaje de las obras, en la organización de los espectáculos y en todo lo demás. El relevo siempre ha estado asegurado”, afirma Ariadna.
La situación actual de Cuba afecta a todos y en todos los sentidos, y Sueño Nuevo no es la excepción. Han tenido que ajustar los horarios de ensayo para no terminar muy tarde. Con el vestuario, toca ingeniárselas: modificar lo que tienen para que sirva para varias canciones o coreografías y así sacarle el mayor provecho a las condiciones actuales. Las actividades han disminuido por los problemas con la energía eléctrica, pero cuando logran presentarse, lo hacen con el corazón puesto para ese público que nunca les falla.

Ariadna recuerda que la escuela Armando Mestre marcó un espacio importante en su vida. Allí echaron los cimientos de su trabajo, y pasó años inolvidables. Luego, al llegar a la Casa de Cultura y ver cuántos grupos y proyectos confluían allí, supo que debía superarse. La superación era la clave.
“La escuela puede darte conocimientos, pero cuando llegas y te enfrentas a los niños, es otra historia. Ver crecer a tantos que hoy son músicos, médicos o maestros la llena de orgullo “, reflexiona.

Para la directora, hay una palabra que define a Sueño Nuevo y es Resistencia.
“Resistir contra viento y marea los problemas que se presentan. Dar un paso atrás para tomar impulso y seguir. Respirar hondo y decir ‘no puedo más’, pero tener que hacerlo igual. Renovarse, llorar, levantarse otra vez”, agrega.
La propia Ariadna asegura que cada paso de Sueño Nuevo está dado con el amor más grande que existe, con esos deseos de comerse el mundo y con esas ansias de que vean su trabajo y lo valore.

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