Sostenibilidad digital y cambio climático

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La digitalización se ha convertido en un arma de doble filo en la lucha contra el cambio climático. Por un lado, la huella ambiental del sector tecnológico es cada vez más insostenible: las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) representan actualmente entre un 2 % y un 4 % del total mundial, un porcentaje equivalente al de la aviación comercial.

La inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como el principal factor de este crecimiento. Un estudio de 2025 publicado en la revista académica Patterns, liderado por el fundador de Digiconomist, estima que la huella de carbono de los sistemas de IA podría alcanzar los 80 millones de toneladas de CO en un solo año, una cifra comparable a las emisiones anuales de toda la ciudad de Nueva York y que representa más del 8 % de las emisiones del sector aéreo mundial.

Foto: Creada por el autor con IA
Foto: Creada por el autor con IA

El consumo energético asociado es igualmente alarmante: se prevé que la demanda eléctrica de los centros de datos se duplique para 2030, alcanzando los 945 teravatios-hora anuales, una cifra ligeramente superior al consumo energético de todo Japón.

Pero el impacto ambiental de la revolución digital no se limita al carbono. El consumo de agua para refrigerar los servidores que albergan la nube y entrenan los grandes modelos de lenguaje se ha convertido en una crisis silenciosa.

La investigación de De Vries-Gao calcula que el consumo de agua vinculado a la IA podría superar los 765 mil millones de litros en 2025, sobrepasando ya la demanda mundial de agua embotellada y triplicando estimaciones previas para todos los centros de datos. A esta factura hídrica se suma el problema de los residuos electrónicos (RAEE).

Según datos de la UIT, en 2022 se generaron globalmente 62 millones de toneladas de desechos electrónicos, una cifra que aumenta cinco veces más rápido que su reciclaje documentado. Para 2030, se espera que esta cifra alcance las 82 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 32 %.

A pesar de este sombrío panorama, el sector tecnológico también ofrece herramientas sin precedentes para monitorizar y mitigar el cambio climático. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) ha señalado que, aunque las TIC contribuyen a las emisiones globales, también podrían mitigar hasta un 15 % de las emisiones totales para 2030 si se aplican correctamente en otros sectores.

La IA, el big data, el Internet de las Cosas (IoT) y la teledetección están acelerando la acción climática al permitir un mejor seguimiento de las emisiones, apoyar la protección de la biodiversidad y contribuir a la descarbonización de sectores clave como la energía y la agricultura.

Foto: Creada por el autor con IA
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Herramientas como el Flood Hub de Google proporcionan previsiones de inundaciones con hasta siete días de antelación, y sus rutas con ahorro de combustible ayudaron a reducir emisiones equivalentes a retirar 630 mil coches de gasolina de la circulación durante un año. Por su parte, Microsoft ha integrado la sostenibilidad en el núcleo de su negocio, estableciendo ambiciosos objetivos para 2030: ser carbono negativo (Eliminar más carbono que el que emite), agua positiva y generar cero residuos.

La comunidad internacional ha comenzado a tomar cartas en el asunto. Durante la COP30 celebrada en Belém (Brasil) en noviembre de 2025, se lanzó el Centro de Acción Digital Verde (Green Digital Action Hub), un nuevo centro neurálgico mundial que empleará la tecnología digital para enfrentar los desafíos climáticos y fomentar un desarrollo sostenible.

La UIT, por su parte, viene impulsando estándares internacionales para la infraestructura verde y la eficiencia energética a través de su Comisión de Estudio 5, y ha publicado el informe Greening Digital Companies 2025, que monitorea las emisiones y los compromisos climáticos de 200 de las principales empresas tecnológicas del mundo. Este informe revela que, pese a los esfuerzos declarados, las emisiones de gigantes como Google han aumentado un 48 % desde 2019 debido a la expansión de centros de datos impulsada por la IA, mientras que las de Microsoft han crecido un 29 % en el mismo período.

Sin embargo, los especialistas advierten que los esfuerzos actuales son insuficientes. Un estudio encargado por Greenpeace al Instituto Öko-Institut proyecta que, incluso con la expansión de las energías renovables, las emisiones de GEI de los centros de datos aumentarán de 212 millones de toneladas en 2023 a 355 millones en 2030.

El consumo de agua para refrigeración casi se cuadruplicará, alcanzando los 664 mil millones de litros en el mismo período, y se generarán hasta 5 millones de toneladas adicionales de residuos electrónicos solo por la expansión de las infraestructuras de IA.

Foto: Creada por el autor con IA
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Más preocupante aún resulta la constatación de que la IA también se está utilizando para acelerar prácticas ambientalmente dañinas, como la exploración de nuevas fuentes de combustibles fósiles o la intensificación de monocultivos, lo que constituye un impacto sistémico e indirecto que rara vez se documenta o debate.

La paradoja es evidente: la tecnología que necesitamos para descarbonizar la economía está contribuyendo significativamente al problema. La solución pasa por un cambio de paradigma que combine innovación tecnológica con regulación efectiva y responsabilidad corporativa. Los analistas coinciden en la urgencia de implementar medidas como la transparencia obligatoria en el consumo energético y hídrico de los centros de datos, la etiqueta de eficiencia para estas infraestructuras, y métricas específicas para evaluar la huella ecológica de los servicios de IA. También se requieren inversiones masivas en energías renovables, economía circular en la electrónica y una reorientación de la inteligencia artificial hacia aplicaciones que maximicen su contribución a la mitigación climática. Las empresas tecnológicas, los gobiernos y la sociedad civil deben actuar con la misma celeridad con la que se desarrollan los algoritmos.

La transformación digital sostenible no es una opción, sino una necesidad inaplazable para garantizar que el progreso tecnológico no comprometa la salud del planeta y el bienestar de las generaciones futuras.

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Pablo Morales Concepción

Ingeniero Radioelectrónico. Director Territorial de Control del Ministerio de las Comunicaciones en Cienfuegos.

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