Pasado y reflexión en Julio Travieso

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La noticia sobre el fallecimiento del escritor Julio Travieso Serrano, a los 85 años de edad, el 1ro de noviembre de 2025, trajo muchos recuerdos que me trasladaron al cuarto año de la carrera de Letras, cuando asumimos parte de su obra narrativa en una asignatura optativa del plan de estudios. Gracias a ese empeño, conocimos de primera mano textos como Para matar al lobo (1971), Cuando la noche muera (1981), El polvo y el oro (1996), algunos libros de cuentos, además de la suigéneris novela El Enviado (2010).

La asignatura saldaba una deuda con Literatura Cubana III, en la que se habían quedado por estudiar valiosos autores contemporáneos como Jaime Sarusky, María Elena Llana o el propio Travieso, sobre el cual nuestra profesora siempre nos decía que pesaba la injusticia de no haberle otorgado el Premio Nacional de Literatura.

Años después de graduado nuestro grupo de Letras, le otorgaron el ansiado galardón en 2021, y a su vez le dedicaron una edición de la Feria Internacional del Libro; motivo feliz para que las obras que habíamos analizado siete años atrás, volvieran a los estantes de las librerías y al foco de los debates tanto de críticos y lectores.

Debí haber escrito más y no haber perdido mi tiempo en labores tontas y absurdas, sin valores genuinos que me impuso la sociedad (…)”, afirmó el prosista en una entrevista durante aquel exitoso 2021. Aseveración que sus seguidores valoran y estiman bien, pues estamos ante un corpus que se mide por la probada calidad y no por su cantidad.

Elogiada como texto referencial de las letras cubanas contemporáneas por su ambición, temática y elocuencia, El polvo y el oro es uno de los libros que conforman lo que más vale y brilla en la vitrina de Julio Travieso. Con trece ediciones dentro y fuera del país, fue el relato sobre el devenir histórico de una familia cubana en el transcurso de seis generaciones, el que se llevó el Premio Mazatlán de Literatura de México, el Premio Razón de Ser, de la Crítica Nacional en Cuba al año siguiente de su lanzamiento y por si fuera poco, finalista del Premio Rómulo Gallegos de Venezuela.

Al escritor, que gustó siempre de indagar en el pasado desde la historia universal como hizo con El Enviado, con sus claroscuros, misterios y múltiples interrogantes, mezclando buenas dosis de elementos fantásticos; apela asimismo a las viejas religiones orientales, los sueños, las sectas, las creencias y el esoterismo. Al igual que se entretejen los designios de la magia de las religiones afrocubanas en las generaciones de El polvo y el oro, con la presencia de un espíritu malévolo cruzando sus páginas, también así ocurre en otro texto que no hemos mencionado antes, pero que fue el último que vio reeditarse por Letras Cubanas en 2022. Hablamos de Llueve sobre La Habana (2004), otra novela, no tan conocida ni celebrada como El polvo, de corte pesimista donde el contexto reflejado obliga a sus personajes a confrontar miedos, incertidumbres, ante la presencia (otra vez) de los designios y la muerte, que define gran parte del volumen.

El escritor durante la promoción de uno de sus “hijos”, como gustaba llamar Travieso a los libros de su autoría.

Enfrentando temas recurrentes en la literatura cubana ambientada a finales del siglo XX y comienzos del XXI (durante el Período Especial), dígase la prostitución, la profunda crisis económica y el auge del VIH-Sida, en la esencia de Llueve sobre La Habana tiene un peso simbólico lo ya referido arriba sobre el fantástico, entendido aquí desde la propia atmósfera oscura, de misterio o nostálgica donde se mueven sus protagonistas.

“Lo sobrenatural tiene un considerable peso en nuestras sociedades”, asegura el investigador y ensayista cubano Arnaldo L. Toledo en sus Exploraciones en la zona fantástica (2006). En personajes como Mónica, Malú, los chulos y proxenetas Camel y Cartucho, la orate Queta o de manera puntual en la adivinadora Maruja, se manifiesta ese rasgo heterogéneo, híbrido, donde las circunstancias hostiles que presenta la Capital y toda Cuba advertidas por Travieso, acuden a él en momentos claves cuando el narrador lo desea.

“Mar Bruja la llaman algunos vecinos chismosos y envidiosos (…) trigueña, muy alta y delgada, lo cual junto al pelo negrísimo, largo y suelto, le dan un aire de cuervo, de bruja tropical, que va muy bien con su profesión de escudriñadora de la vida”, vidas que como se ha mencionado antes, van signadas por la nostalgia, los deseos, la lejanía de seres queridos, viajes frustrados y el inexorable paso de la muerte que abre y cierra el texto como las alas gigantes del ave de plumaje negro.

Ojalá también los que lean esta y el resto de sus narraciones, valoren de conjunto la otra faceta del autor; su tono reflexivo y fino toque humorístico frente a situaciones límite. Que asuman igualmente estos textos como hijos —así gustaba llamar Travieso a sus libros— en los que invita al público a plantearse interrogantes desde el amor, el desarraigo y la identidad. ¿Podemos ser realmente felices los seres humanos en medio de la desazón? ¿Cuándo de veras nos sentimos frustrados, amargados o maltratados? La locura, ¿viene a ser un obstáculo o será la salvación definitiva para mucha gente?

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Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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