Mártires de noviembre

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Oria Iluminada Jiménez González no conoció a su padre. Apenas era un embrión de dos meses que se formaba en el vientre materno cuando Carlos González Garnica jefe de una banda de alzados y dos de sus secuaces, asesinaron al progenitor, un joven de excepcionales cualidades humanas y revolucionarias.

El joven que no llegó a ser padre

Cuando la conocí –hace ya algunos años- las finas líneas del rostro, heredadas de la familia paterna, marcaban la pesadumbre de un dolor inacabable, y aún a pesar del tiempo, le resultó imposible hablar sueltamente del tema. “Es muy duro,” logró decir antes de quedar sumida en sus propias lágrimas.

Sin embargo, Oria reconoce el orgullo que le invade por el historial de combatiente de la clandestinidad, del Ejército Rebelde, de la Limpia del Escambray y de Playa Girón que en tan poco tiempo logró construir su papá, el joven Orestes Iluminado Jiménez Fundora, mártir de la Revolución que nació y creció en el poblado rodense de Congojas.

Ocho días antes de arribar a los 21 años, el 21 de noviembre de 1961, mientras cumplía su misión de agente de la Seguridad del Estado dentro de una banda de alzados, se levantaron sospechas sobre Orestes. Tras salvajes torturas, en la finca Santa Beatriz, Cartagena, el joven fue asesinado. La noticia se conoció 55 días después.

No debía ir, pero fue

Cuentan que el capitán Victoriano Brito Prieto, combatiente de amplia trayectoria y nombrado en 1979 segundo jefe del Destacamento Fronterizo de Cienfuegos, no debió formar parte de los hechos que terminaron con su vida; mas su deseo de participar en el combate directo al enfrentar a los enemigos de la Revolución resultó tan grande, que incluso incumplió la orden dada por su jefe.

Corría el inicio de noviembre de 1980 cuando se conoció que varios integrantes (6 en total) del grupo terrorista Alpha 66 habían logrado infiltrarse en territorio nacional y algunos se hallaban en los alrededores del pueblo de Cruces.

Orestes Iluminado Jiménez Fundora.

Entre otras misiones, pretendían afectar la economía del país en la zona donde operarían: quemar plantaciones de caña, descarrilar trenes y realizar todo tipo de sabotajes, conforme al plan de la llamada operación “Máximo Gómez”, cuyo objetivo era llevar la tea incendiaria de oriente a occidente.

Un grupo de combatientes del Ministerio del Interior en Cienfuegos, bajo el mando del hoy general de brigada pensionado Carlos González Jiménez (Cayiyo), entonces Delegado del MININT en la provincia, partió hacia el lugar a montar la operación de captura, en la que también tomaron parte efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y la Marina de Guerra.

Victoriano impartió a sus subordinados del Destacamento Fronterizo las indicaciones necesarias para impedir que por su jurisdicción se produjera algún desembarco enemigo y con su amplia experiencia de lucha contra los bandidos, también él se dirigió al sitio señalado en Cruces.

En el tiroteo tras el cerco que trazaron los combatientes, resultó víctima de un impacto de bala que le penetró por el brazo izquierdo y le salió por el cuello.

Fue Nicolás Morales Ortiz, luego coronel y ya fallecido, quien sacó del cañaveral el cuerpo casi sin vida del valiente hijo de la tierra de Barajagua. Años después, al evocar los sucesos, lo recordaría “como uno de los peores momentos” de su vida.

Esa noche del 4 de noviembre fueron apresados dos de los terroristas. Pocos días después, con la captura de otros cuatro diseminados en la zona de Aguada, Amarillas y Minas de Motembo, el grupo quedó desarticulado, mientras el capitán Victoriano Brito Prieto dejaba enlutada a toda una familia y ascendía para siempre al altar de los mártires de la Patria.

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Marian Cabrera Ruiz

Periodista graduada en la UCLV Marta Abreu, de Las Villas. Capitana del Ministerio del Interior.

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