El Colt 32, cuatro disparos a quemarropa

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¿Cuántos cienfuegueros de hoy conocen la razón de existencia del monumento que se alza en medio del Paseo del Prado, justo donde debía cruzar la calle Santa Clara? Frente al teatro Luisa, por más señas. ¿Han escuchado los bomberos de la actualidad acerca de los desfiles que ese cuerpo realizaba todos los años el 11 de abril ante el busto que corona el obelisco?

Justo Ceferino Antonio Méndez Aguirre era el nombre del homenajeado en mármol, pero desde muy pequeño la familia le había acortado el apelativo hasta dejarlo en Nene simplemente y así lo conocieron los cienfuegueros de su época. Luego las crónicas del momento lo identificarían como el Alcalde Obrero, a pesar de que su paso por la jefatura del gobierno municipal apenas sumó 111 días y su cuna no fue precisamente de paja.

El viernes 11 de abril de 1913 estaba por finalizar, ya el reloj de la catedral había marcado las diez y cuarto de la noche, cuando el primer edil salió de la casona familiar, en la esquina noreste de Santa Clara y Bouyón. A esa hora ya debía estar en la cama después de una jornada durante la cual visitó el central Juraguá, al otro lado de la bahía. Pero su hermano mayor, Alfredo, el médico más mentado de la ciudad, tuvo una guardia de última hora en la Casa de Socorros y le dejó el encargo de buscar a su esposa María Amalia al término de la función del teatro Terry.

A cumplir la encomienda familiar se encaminaba Nene Méndez, por la acera derecha de la calle Bouyón rumbo al parque, cuando llegó a la esquina con Argüelles y fue interceptado por Domingo Campos, un expolicía municipal cesanteado por el alcalde. La suerte estaba echada, ante la negativa del político de atender en plena calle y a deshora la súplica del polizonte desempleado, Campos zanjó el asunto con cuatro balazos de Colt 32, disparados muy cerca de la anatomía de la víctima. A Ceferino las últimas fuerzas solo le alcanzaron para cruzar Argüelles y pronunciar su frase postrera en el recibidor de la farmacia de los hermanos Juan y Pepe Mazarredo. “Gallardo, me han matado”, le dijo al policía de ronda que acaba de entrar al local.

En la Casa de Socorros el doctor Alfredo Méndez comprobó que un par de inyecciones de cafeína en vena no fueron capaces de obrar el milagro. Le cerró los ojos al hermano y dispuso los detalles del velatorio en el número 153 de la calle de Santa Clara.

Nene no pudo celebrar su cumpleaños 41, que hubiera tenido lugar el 6 de septiembre. Además del cargo público para el cual había sido elegido el 2 de noviembre anterior, era empresario del tren de lanchas de la firma Patricio Castaño, Méndez y compañía, que explotaba el tráfico marítimo en el interior de la bahía.

Las notas necrológicas en los periódicos reseñaban su condición de fundador del Cuerpo de Bomberos de Cienfuegos y miembro de la Sociedad Liceo, entre otros apuntes de su vida social.

Por la posición de la familia Nene Méndez pudo haber accedido a la educación superior. Su hermano Alfredo sacó el título de doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad de La Habana, en 1895. Pero el futuro alcalde probó suerte fuera de las aulas y casi adolescente entró como aprendiz en la fundición de Carlos Castillo. Luego reemplazó al padre al frente de los negocios navieros de la familia.

El 2 de octubre de 1908, cuando los gringos preparaban condiciones para finalizar el segundo período de intervención militar en la Isla, tuvieron lugar elecciones municipales, en las cuales Ceferino Méndez obtuvo un curul de concejal en el Ayuntamiento, especie de parlamento en miniatura que llegaría a presidir en su momento.

En una carrera de servidor público que no alcanzó siquiera un quinquenio Nene Méndez destacó por sus desvelos a favor del mejoramiento de su ciudad natal. Bajo su mandato el acueducto del Hanabanilla empezó a surtir de agua a Cienfuegos, y el paseo principal comenzaba a tomar la forma del Prado, que sí todos conocemos hoy, sin importar sus sucesivos bautizos.

EL MONUMENTO

A las 11 de la mañana del miércoles 23 de abril de 1919, en medio de las celebraciones del Primer Centenario de la fundación de Fernandina de Jagua, fue el momento ideal para poner la primera piedra del monumento a Ceferino Méndez, en el paseo que los cienfuegueros comenzaron a nombrar con su apellido al poco tiempo de la tragedia.

Especie de Vía Apia criolla que en su génesis de polvo y lodo colonial fue Paseo de Vives, de la Independencia tras el advenimiento de la República, y del Prado para siempre.

Donde la avenida madre corta a la calle de Santa Clara, justo 600 varas al Este del hogar de los Méndez Aguirre, crecerían hasta una altura de 4.80 metros los mármoles esculpidos por el artista Alfonso Losa Garrido. Un busto del primer alcalde asesinado en Cienfuegos, que no sería el único, remata el conjunto, en cuyos flancos el autor esculpió par de bajorrelieves, referentes al joven Nene, obrero en una fragua, y al comerciante don Ceferino, líder del tráfico naval en el seno de la bahía de Jagua.

Aunque en la frontal del monumento puede leerse la inscripción “Cienfuegos agradecido Año MCMXIX (1919)” lo cierto es que la inauguración de la pieza conmemorativa de Nene Méndez tuvo lugar el 8 de diciembre de 1921 en ocasión de las fiestas patronales de la Purísima.

Desde la casa de gobierno partió a las ocho de la mañana el desfile de homenaje, encabezado por los Bomberos, los Boy Scouts, la Banda Municipal de Conciertos y el Ayuntamiento en pleno. Los panegíricos a la memoria del Alcalde Obrero estuvieron a cargo del joven tribuno local Pedro “Fileno” López Dorticós, recién graduado en leyes por la Universidad de La Habana que ya hacía honor al apelativo de “El ruiseñor cienfueguero”, y el doctor Carlos T. Trujillo, teniente coronel de la Sanidad mambisa.

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Francisco G. Navarro

Periodista de Cienfuegos. Corresponsal de la agencia Prensa Latina.

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