El barrio, la patria chica y la cultura comunitaria
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Yo crecí siendo el jinete / de un caballito de palo. Estos dos versos de una décima del poeta camagüeyano, ya desaparecido, Lucas Bichillón, me devuelven a la infancia, al barrio, a la comunidad, a los juegos de bola, de quimbumbia, o al de los agarrados, a los partidos de pelota a la floja, al miedo a la oscuridad y creer por viejas supersticiones, que el graznido de las lechuzas anunciaba desgracias, al entorno familiar, génesis de todo lo que somos.
Del barrio, de la comunidad han surgido los artistas, poetas, músicos, escritores, pintores, locutores de radio y televisión, maestros, profesores universitarios, deportistas, médicos, científicos, héroes y heroínas del trabajo, gente humilde. No importa haber nacido en una ciudad cosmopolita, en un batey o en un apartado villorrio, todos pertenecemos a un barrio, a una comunidad determinada, somos pueblo.
Desde la comunidad / desde la Cuba profunda / donde el trabajo fecunda / cantos para la humildad. / Esa espiritualidad / que por los poros emana, / inagotable fontana, / bandera de creación / en el mismo corazón / de la cultura cubana.
Los proyectos comunitarios se han convertido en un eslabón esencial del trabajo en la base, allí, donde el pueblo, el gran creador de los bienes materiales y espirituales, crea sin cesar, para bien de la comunidad y la sociedad en su conjunto.
No es desde un laboratorio / de donde un artista brota, / es un don que no se agota / como de un mágico emporio / de creación, reservorio / del barrio, sangre vital, / agua que da el manantial, / por donde la vida fluye / Mecenas que distribuye / la riqueza espiritual. /
Para la articulación / de procesos colectivos / deben hacerse atractivos / los modos de creación. / lograr esa dimensión / —hecho sociocultural— / del desarrollo integral / que desde la base emana. / y en la sociedad cubana / es de importancia vital.
Las instituciones culturales encargadas del trabajo comunitario son premisas para la vinculación, su acercamiento permanente a esos emporios creativos, que no pocas veces pasan por alto, olvidando quizás, por la premura o el desconocimiento que esa es la fuente nutricia de la cultura en las diferentes manifestaciones del arte.
Desde la comunidad / raíz, símbolo y esencia / trinchera de resistencia / contra la banalidad. / Espíritu de unidad / entre los seres humanos, / y en los puntos más lejanos / el ansia de proseguir / para que pueda seguir / la cultura en buenas manos./
Patria chica, barrio, hogar, / hogar, barrio, patria chica / donde el arte multiplica / las maneras de crear. / Razón para trabajar, / dedicación permanente / alma de nutricia fuente / y comunitario anhelo / espejo del patrio suelo / donde se mira la gente… /
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