Alfredo de Oro: un cubano que hizo honor a su apellido

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Sin dejar paso a las dudas, el deporte constituye uno de los elementos más representativos de la idiosincrasia del pueblo cubano. Para los habitantes de la mayor de Las Antillas ver a un deportista defendiendo los colores de nuestra enseña nacional es sinónimo de respeto, admiración y abnegación ante el sacrificio de años de entrenamiento. Una buena parte de la población de la Isla, ante el comienzo de cualquier evento deportivo, paraliza todas sus actividades y se convierte en espectadores inamovibles frente a los televisores. Diversos han sido los deportes que le han otorgado a Cuba un puesto cimero entre las principales citas competitivas, entre los que sobresalen el apasionante beisbol, el histórico boxeo o el siempre atractivo atletismo. Sin embargo, pocos son los conocedores de la concepción de deporte de un juego de entretenimiento en las fiestas y descargas habituales entre amigos: el billar. Pero aún resulta más significativo, que un cubano, Alfredo de Oro, se mantuviera en la primacía del mundo en esta disciplina por más de treinta ocasiones.

Alfredo de Oro nació en Manzanillo, el 28 de abril de 1863. Al cumplir sus quince años, su hermano lo llevó por primera vez a un salón de billar. Según relatan reseñas sobre su figura, después de este primer contacto directo con el taco y las bolas solo jugó unos días para comprender la dinámica de esta práctica. En 1878 volvió a retomar el juego al mismo tiempo que estudiaba en la universidad. A inicios de 1881, regresó al territorio nacional después de un periplo por los Estados Unidos y se insertó en los círculos de jugadores de billar más prestigiosos de Cuba. Su notoriedad fue instantánea y con habilidad inigualable y mucha maña logró derrotar a los renombrados billaristas del territorio nacional, entre los que se hallaban los bautizados “Chuchú” Méndez y Simón “El Catalán”; además, de García Mastagán.

Su primera aparición en los campeonatos mundiales de la disciplina tuvo lugar en 1885, cuando logró incluirse en la final empatado en puntos con tres jugadores. Sin embargo, la inexperiencia propia de su primera participación lo hizo quedar en la tercera posición del torneo al fallar su puntería en la definición. Al año siguiente, fue retado por Henry Claess, a quien derrotó con una anotación de 21 mesas a nueve. Este enfrentamiento sería de gran importancia para Alfredo de Oro porque le valió para retar al campeón mundial y ganar una apuesta que ascendía a 2 mil 270 dólares, equivalente en la actualidad a 60 mil dólares. En 1888, en un juego reñidísimo, considerado uno de los más importantes de la historia de este deporte, Alfredo de Oro logró derrotar a J.L. Malone con un marcador de 16 mesas a 15, hecho que lo convirtió en campeón mundial. La victoria fue dedicada íntegra al Club Habana donde tantas veces perfeccionó sus habilidades con el taco.

Fotografía que muestra, de izquierda a derecha, a Alfredo de Oro, Ramón Fonst Segundo y José Raúl Capablanca, a finales de la década del 20 del pasado siglo.

En 1889, se organizó un nuevo torneo mundial después de haberse establecido el juego de “piña continua” (para la puntuación se cuenta el número de bolas y no el de las mesas), donde quedó en la segunda plaza por detrás de Albert Frey. Al siguiente año, Alfredo de Oro lo retó nuevamente por el campeonato mundial, pero Frey muere cinco días antes de efectuarse el desafío y jugó entonces contra Charles Manning, a quien le ganaría por 36 bolas en un juego de 600. Entre 1890 y 1893, de Oro ganó el Campeonato de los Estados Unidos y el Torneo de Syracuse; además, del histórico juego entre cuatro jugadores donde hizo dupla con Charles Manning contra Albert G. Powers y Werner. Su única derrota en este período se produjo en la defensa de su título mundial con Albert G. Powers a finales de 1890, aunque un año más tarde volvería a recuperar la supremacía del mundo. Ya en octubre de 1893 se celebró el Gran Campeonato del Mundo, jugándose mitad juego inglés y mitad juego norteamericano, y allí derrotó al campeón de Inglaterra, John Roberts, por 73 bolas en mil. Después de estas victorias, la vida de Alfredo de Oro fue un constante desafió y vaivenes en la conservación de su título mundial. Asimismo, se fue adueñando de las nuevas formas del juego, como el de “carambola por tres bandas”.

En 1905, la revista norteamericana Pearson’s Magazine, en su número de mayo, publicó un artículo titulado Como de Oro ganó el campeonato de piña, en el cual hace alusión al desafío con el célebre Jerome Keogh. Al norteño le faltaban nueve bolas para ganar por 63 del cubano y lo desbancó al final con una bola de tiro complejo. Alfredo de Oro tenía la predilección de jugar sus partidos en La Habana pues le recordaba sus inicios en el mundo del billar y las muestras de cariño de la afición cubana. Estas recurrentes visitas a Cuba le permitieron ganarse la admiración de figuras emblemáticas del deporte nacional como Ramón Fonst Segundo y José Raúl Capablanca, pentacampeón olímpico de esgrima y campeón mundial de ajedrez, respectivamente. El genio del taco y las bolas de la mayor de Las Antillas se retiró de forma oficial en 1934 y falleció en los Estados Unidos en 1948, a la edad de 85 años.

Durante su carrera deportiva ganó más de un centenar de premios en los circuitos de billar de los Estados Unidos y obtuvo el campeonato mundial en 31 ocasiones, de ellas 18 de manera consecutiva. Ningún otro billarista se ha acercado a esta histórica marca. Para 1967 fue exaltado al Salón de la Fama de los Billaristas de América. Asimismo, la revista Billard Digest, en su número de 1999, lo reconoció como el cuarto jugador de un top de 50 del siglo XX; además, de ser uno de los mejores en la historia de dichodeporte.Sin demeritar las glorias del deporte cubano, hoy la trayectoria esta figura resulta desconocida, a juicio de este cronista; pero sin dejar de idealizar a algunos, es hora ya de entender, en toda su expresión, el rico legado deportivo en Cuba y conocer de cerca estas interioridades que, sin lugar a dudas, contribuyen a la consolidación de nuestra identidad. En este sentido, Alfredo de Oro fue un cubano que puso el nombre de su país en lo más alto; un cubano que hizo honor a su apellido.

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Dariel Alba Bermúdez

Profesor e investigador de la Universidad de Cienfuegos ¨Carlos Rafael Rodríguez¨. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC)

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